El Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales (Academia Darkblood 2) Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

Su pregunta era de esperar. Todos los hombres de Azar se quedaban embobados con ella.

—Es la señora Mikalson, la profesora de Demonios y Diablos.

—Mmm. Ya veo —asintió.

Ella nos miró un momento antes de volver a prestar atención a Des.

—Bueno, tengo que irme —dijo Garrix—. Volveré en cuanto pueda, pero la semana que viene estaré bastante ocupado y no creo que pueda escaparme.

Sentí una leve decepción, pero lo entendía. Ya había pasado mucho tiempo conmigo.

—Está bien —sonreí—. Gracias por lo de hoy.

—Has avanzado mucho en poco tiempo, Luna. Estoy orgulloso de cuánto has progresado.

Abrí la boca para agradecérselo otra vez, pero desapareció en una nube de humo violeta.

Entré sacudiendo la cabeza, con la piel helada, y el calor del edificio me reconfortó. La señora Mikalson bajó la voz en cuanto me vio y Des me lanzó una mirada. De repente, se me erizó el vello y, sin darme cuenta, aceleré el paso para pasar de largo a toda prisa.

Des ni siquiera estaba en su clase. ¿Qué podían estar cuchicheando?

Subí rápidamente la escalera de caracol hasta el séptimo piso. Cuando llegué arriba, me ardían las piernas. ¡Madre mía, sí que había gastado energía entre cambiar de cuerpo y transformarme! Con el entrenamiento que hacía, subir escaleras no me solía costar nada.

Al doblar la esquina hacia el pasillo principal, vi a un grupo de chicas feéricas. Estaban apiñadas alrededor de una inconfundible cabellera platino.

Aquello me mosqueó. Llevaba evitando a Drake desde la fiesta de celebración después de la gran carrera.

Me había saltado todas nuestras sesiones de entrenamiento a solas y lo había ignorado en clase.

Hasta el momento, no me había ido mal. Bajé la cabeza al pasar junto al harén de admiradoras del príncipe, agradecida de no haberme topado con él en el pasillo.

Avancé unos metros mientras oía al grupo de chicas riéndose entre susurros, y suspiré.

—¡Luna, espera!

Los pasos apresurados de Drake resonaron detrás de mí. Mierda .

No me detuve. Fui directa a mi habitación. Por favor, que Scarlett esté dentro . Giré el pomo, pero no hubo suerte. ¡ Argh ! Busqué las llaves a tientas y, al encontrarlas por fin, las moví dentro de la cerradura, maldiciendo cada segundo que le permitía a Drake acercarse.

Abrí la puerta y me metí dentro, pero, cuando intenté cerrarla, una mano me lo impidió.

—Luna, por favor.

¡Malditas hadas!

—¿Qué? —asomé la cabeza por la rendija, con cara de pocos amigos— ¿Quieres que finja que soy tu novia para que tu pequeño séquito devoto siga arrastrándose a su realeza?

—Lo siento, ¿vale? —murmuró Drake entre dientes.

Se me abrieron mucho los ojos.

—¿Acaba el gran príncipe de disculparse ante una humilde humana?

—Sí, y lo decía en serio. O, mejor dicho, lo digo en serio —dijo Drake, despeinándose el pelo puntiagudo—. Fue una estupidez y no debí hacerlo. Creo que no pensé en las consecuencias. A la mayoría de las chicas les encanta que las bese —añadió, sonriendo con su boca perfecta.

Puse los ojos en blanco.

—Quizá a las chicas les encante de verdad cuando hay sentimientos.

—Para mí casi nunca significa nada.

Drake se encogió de hombros y se apoyó en el marco de la puerta.

—¡En serio, eres increíble!

En un visto y no visto, la puerta se abrió de golpe y apareció la imponente figura de Ryder. Su camiseta negra ajustada y los vaqueros azul marino marcaban cada uno de sus músculos, y tuve que apartar la mirada antes de empezar a desnudarlo con la imaginación.

Su mirada pasó de mí a Drake y luego volvió a mí. Después lo agarró del brazo, lo empujó dentro de mi habitación y cerró la puerta de un portazo.

—Pasad, por favor —dije, como si nada.

Ryder nos señaló primero a Drake y luego a mí.

—Sea lo que sea que esté pasando entre vosotros, tiene que acabar ya. Da igual si tenéis que besaros y hacer las paces o mandarlo todo a la mierda. Pero tenéis que solucionarlo.

—No estamos...

Ryder levantó una mano para hacerme callar.

—No quiero saber nada —replicó—. Somos un equipo, y uno muy poderoso.

No podemos dejar que los problemas personales se interpongan en nuestro trabajo.

Sé que no habéis estado entrenando y se nota, Luna —acto seguido, Ryder miró a Drake—.

Y tú... Raine ni te mira, así que imagino que las cosas entre vosotros no van bien —levantó las manos con frustración y levantó la voz—.

¿Tengo que prohibir las relaciones dentro del escuadrón?

No quiero hacerlo, pero tened por seguro que no me temblará la mano si no solucionáis esto.

—Ya lo arreglaremos —murmuró Drake.

Ryder me miró con sus ojos renegridos, fijamente.

—¿Luna?

—Sí, sí, lo que tú digas.

—Bien. Mañana quiero veros entrenar a vuestra hora acostumbrada —ordenó. Después hizo una pausa, como dudando, y volvió a mirarme—. Y eso también va por nosotros, Luna. Quiero verte esta tarde en la sala de entrenamiento.

—Vale —murmuré entre dientes.

Salió de la habitación a grandes zancadas, llevándose a Drake a rastras con él. Yo directamente me dejé caer sobre la cama. Como si la magia descontrolada y el cambio de cuerpos no fueran suficientes, tenía que lidiar con una vida amorosa de mierda.