El Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales (Academia Darkblood 2) Capítulo 18
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Capítulo 18

—No sé cómo has montado todo esto tan rápido, Cinder —dije mientras miraba la zona común del quinto piso, el nivel de los dragones, con la boca abierta.

Una enorme pancarta con las palabras «Felicidades, Luna» en letras doradas llenas de purpurina cruzaba el arco de la entrada. Del techo colgaban serpentinas de todos los colores y unas luces brillantes recorrían las vigas. La estancia emanaba un resplandor cálido.

Mi compañera de habitación me lanzó una sonrisa casi tan grande como la mía.

—Hace años que nadie que no sea un ser feérico gana el título. Ni loca iba a dejar pasar una ocasión así sin celebrarlo. Además, eres nuestra dragona honoraria.

Cinder me dio un abrazo de lado, apretándome contra ella.

Había estudiantes por todas partes: dragones, brujas, cambiaformas, vampiros... Debía de ser el grupo más variado que se había reunido nunca en una fiesta de la academia. Hasta me sorprendió ver a algunos seres feéricos. Pensaba que seguirían enfadados con su príncipe.

Entonces me acordé de él. Recorrí la sala con la mirada en busca de su resplandeciente cabello platino, pero, por suerte, no estaba allí. Tenía que hablar con él.

—Has estado increíble ahí fuera, Luna.

Una sirena de mi clase de Demonios y Diablos me tendió una bebida e hizo un brindis. Ni sabía cómo se llamaba, pero me dedicó una sonrisa radiante, así que le devolví la sonrisa.

—Gracias.

Olí la bebida de color ámbar antes de dar un sorbo. Malta, la cerveza de los supes hecha en Draeko. En principio no debería tener ningún problema al beberla.

Se acercaron a felicitarme más gente a la que casi no conocía. Era como si saludara a los invitados al final de una boda o algo. Una locura. Ni sabía que me conocían tantos.

—Disfruta de la atención mientras puedas —dijo Raine mientras ella y Aeria se abrían paso entre la multitud. Tenía los labios fruncidos y los ojos verde musgo llenos de enfado.

—Raine, sobre lo que pasó...

Levantó una mano para detenerme.

—No soy idiota, Luna. Sé que Drake sale con otras. Solo que no esperaba algo así de ti.

Negué con la cabeza.

—No estamos saliendo.

—Lo que tú digas.

Ella y Aeria se dieron la vuelta antes de que pudiera pararlas y se esfumaron entre la gente.

—Genial... Justo cuando mi relación con las dos empezaba a mejorar.

—Dale un día para que se calme —dijo Cinder—. Mañana podrás explicárselo todo. Después de hablar con Drake y de averiguar tú misma qué demonios ha pasado.

Cuanto más lo pensaba, más convencida estaba de que me había besado solo para salir del paso. Si había algo que sabía de aquel príncipe granuja, era que odiaba perder. Besarme delante de todo el mundo había sido su forma de dejar claro que yo era suya... o algo así.

Todavía no lo entendía del todo, pero era la única explicación que tenía sentido.

Sí, Drake y yo nos habíamos vuelto más cercanos, pero nunca me había dado señales de que sintiera algo romántico. La mitad del tiempo estaba convencida de que lo sacaba de quicio.

Cinder me dio un codazo y señaló discretamente hacia la entrada. Drake acababa de entrar con Raf, Triston y Zephyr. Todas las chicas de la estancia giraron la cabeza.

—No mires ahora, pero vienen hacia aquí —susurró Cinder.

Esbozó una sonrisa muy grande y elocuente en el momento en que Raf la saludó con la mano. Luego empezó a abrirse paso entre la gente, directamente hacia nosotras.

Agarré a Cinder del brazo y la detuve un momento.

—No me dejes sola con ellos para irte con tu novio.

Puso los ojos en blanco.

—Vale. No me iré hasta que me lo digas, pero de verdad creo que deberías hablar con Drake.

—¡Felicidades, Luna!

Raf me abrazó antes de darle un beso rápido a Cinder en los labios.

—Gracias.

Zephyr y Triston se acercaron justo después y también ellos me felicitaron. Los dos habían quedado tercero y cuarto, respectivamente.

—Ha sido prácticamente una barrida del equipo de supes —dijo Triston, guiñándome el ojo.

—Por eso estamos en el equipo —añadió Drake. Clavó en mí sus ojos helados— y ellos no.

Luego, Drake recorrió el resto de la sala con una expresión de superioridad. Un grupo de chicas feéricas aparecieron alrededor, y todas se reían mientras miraban al príncipe.

Entonces Drake me rodeó la cintura con un brazo y me atrajo hacia él.

—¿Qué haces? —murmuré.

—Mi chica es un poco tímida —les dijo a las chicas feéricas, que lo miraban con la boca abierta—. Nada de muestras de cariño en público.

Me guiñó un ojo y ahora era yo la que se había quedado boquiabierta. ¿Quién demonios era este tipo? Estaba harta de aquella farsa.

—Disculpadnos un momento —dije—. Tengo que hablar con mi chico .

Lo arrastré del brazo hasta el rincón más apartado. Aunque los estudiantes los ocupaban todos, lancé un hechizo de camuflaje en cuanto lo acorralé contra la pared.

—¿Qué demonios estás haciendo, Drake?

Sonrió mientras me apartaba un mechón de pelo detrás de la oreja.

—¿Qué? ¿No puedo estar interesado en ti?

El calor me subió a las mejillas cuando me miró con intensidad. Apreté la mandíbula.

—No se trata de eso.

—¿Entonces de qué?

—Te conozco, Drake. Hemos pasado mucho tiempo a solas y has tenido todas las oportunidades para besarme si hubieras querido. ¿Por qué ahora? ¿Por qué delante de todos y de la corte feérica? Llevas meses saliendo con Raine y nunca la has besado en público.

Drake se encogió de hombros y se apoyó contra la pared, fingiendo indiferencia.

—Quizá me he dejado llevar por el momento.

—¿Por el momento de perder?

Un destello de ira cruzó sus ojos lilas y las motas de color lavanda se iluminaron de repente.

—¿Qué quieres que diga, Luna?

—¡Quiero que me digas la verdad! ¿Por qué me besaste así? ¿Y por qué finges que estamos juntos delante de todos tus súbditos feéricos?

Apretó la mandíbula.

—Respóndeme, Drake.

—¡Perdí contra una humana! ¿Sabes lo humillante que es eso?

—protestó Drake, cerrando los puños. Unas llamas púrpuras iluminaron sus ojos— Pensé que, si creían que estábamos juntos, asumirían que te había dejado ganar.

Les dije que llevaba tiempo entrenándote y que, si lograba convertir a una mestiza humana en campeona, eso demostraría lo fuerte que soy.

Al oír aquello, me quedé sin aire y sentí que los hombros se me hundían, decepcionada.

—Eres un imbécil, Drake.

Me di la vuelta y dejé que el hechizo de camuflaje desapareciera a nuestro alrededor.

—Luna, espera...

Me abrí paso entre la multitud, alejándome del príncipe de hielo tan rápido como pude. Mientras, la bebida se derramaba por los bordes del vaso. En mi cabeza, le dije de todo mientras caminaba, pero lo peor de todo es que estaba enfadada conmigo misma.

¿Por qué sentía decepción? Sabía que no le gustaba a Drake. ¿Y qué? Era una estupidez.

Al doblar la esquina del pasillo que llevaba a la residencia, choqué contra un torso firme. El aroma a sándalo de Ryder me envolvió y, antes de darme cuenta, mi cuerpo se apoyó en él.

—¿Estás bien?

Sus ojos negros me observaban desde arriba y, por un instante, lo único que quise fue perderme en aquellas profundidades recónditas e insondables.

—Sí, estoy bien. Solo estoy harta de los hombres a los que no consigo entender.

Apoyé las manos en sus pectorales y lo empujé para apartarme. Entonces, Ryder soltó un suspiro de pura frustración y se pasó una mano por el pelo.

—¿Pensabas que Drake era uno de los buenos?

—Cállate, Ryder —gruñí—. De verdad, no tienes nada que decir sobre esto. Y, para tu información, aunque no es asunto tuyo, que sepas que no estoy saliendo con Drake.

—¿No?

Una sonrisilla curvó aquellos labios perfectos que tanto odiaba. Me terminé lo que quedaba de la malta y me apoyé contra la pared. Necesitaba otra.

—¿Quieres hacer algo útil y traerme otra? —dije, alzando la vista hacia mi instructor.

Ryder me observó con un gesto sarcástico.

—Creo que me está gustando esta Luna mandona.

Volvió a sonreírme de forma traviesa y se le hizo aquel hoyuelo que me volvía loca. Pero, al ver que yo no reaccionaba a su provocación, se puso serio.

—¿Estás segura de que otra copa es lo que necesitas ahora mismo?

—Totalmente.

Sin decir nada más, Ryder salió a toda velocidad y yo me dejé caer poco a poco al suelo.

¿Cuándo se había vuelto todo tan caótico? Hundí la cabeza entre las manos y me concentré en el sonido tranquilo de mi respiración.

—¿Qué haces aquí sola?

Levanté la cabeza de golpe y solté una maldición por dentro al ver que una sombra oscura empezaba a coger forma hasta convertirse en Desmond. Mierda .

—Necesitaba un poco de aire, nada más.

¿Habría visto el beso? Tendría que estar ciego para no haberlo visto. Aunque había dejado claro que solo nos estábamos divirtiendo, una sensación de culpa me removió por dentro.

—¿Te vas?

—Sí —dije, cortante—. Necesito otro tipo de bebida, no sé si me entiendes.

—Claro, te entiendo.

—Mándame un mensaje si quieres pasarte luego.

Des me sonrió con coquetería y sentí mariposas en el estómago. Volví a hundir la cara entre las manos. ¿Qué estaba haciendo? Reuní valor y alcé la vista hacia el atractivo vampiro.

—Des, espera. No creo que debamos seguir viéndonos.

—Ah.

De repente, Des pasó de sonreír a fruncir el ceño.

—¿Por Drake?

Solté un bufido y levanté las manos.

—Que no, no es por Drake. No tengo nada con él —me quejé. Respiré hondo y suavicé el tono. Al final y al cabo, aquello no era culpa suya—. Es que necesito poner en orden algunos asuntos personales, y la verdad es que esto no me lo está poniendo fácil. Lo siento mucho.

—Tranquila, lo entiendo —asintió Des—. Ahora eres bastante popular por aquí y me imaginaba que tarde o temprano tendría competencia.

—De verdad que no es eso —le aclaré—, te lo juro.

¿Cómo iba a decirle que me asustaba lo mucho que me estaba atrayendo su oscuridad? ¿Cómo iba a admitir que me gustaba que me mordieran?

Me preguntaba todas estas cosas cuando apareció Ryder por el final del pasillo con su talante imponente.

Un segundo después, ya estaba junto a Desmond con un vaso en cada mano.

El vampiro se sobresaltó. A veces Ryder se movía tan rápido que incluso a mí me pillaba desprevenida.

Des me lanzó una mirada cómplice y se terminó la bebida.

—Nos vemos por ahí, Luna.

Le dediqué la mejor sonrisa que pude y bajé la vista. La intensidad de la mirada de Ryder ya me estaba poniendo los pelos de punta. Me tendió un vaso y dio un buen trago al suyo.

—Madre mía, ¿con cuántos tipos estás jugando, fierecilla júnior?

Percibí la rabia en su tono sarcástico, y eso lo único que hizo fue revolverme aún más el estómago. Dejé la bebida en el suelo, junto a mí, y lo miré con mal genio.

—Esto es culpa tuya, Ryder. ¡Todo!

—¿Mía?

Ryder se agachó a mi lado y tuve que contener las ganas de darle un puñetazo en aquella cara perfecta cuando se inclinó hacia mí. Me crucé de brazos y resoplé.

—Si el chico que de verdad quiero no fuera un imbécil que me saca de los nervios, seguramente no tendría ninguno de estos problemas.

Él frunció el ceño y bajó la mirada hasta mis labios.

—A mí me parece que ese tipo es un imbécil que no te merece —dijo. Su aliento se mezcló con el mío y el aroma a menta me dejó la boca seca.

—Tienes razón —repliqué—. No me merece.

Giré un poco la cabeza para poner algo de distancia entre nuestros labios.

—Pero quiere merecerte —dijo. Susurró tan bajo que no sabía si lo había oído bien.

La boca de Ryder siguió el movimiento de la mía y volví a perderme en aquella forma de mirar tan ardiente. El corazón me latía con fuerza y la sangre me hervía en las venas.

Era tan fácil ceder, inclinar la cabeza un solo centímetro y dejarme llevar por aquellas sensaciones que me embriagaban. ¿Y después qué? Volveríamos al mismo punto.

—¡Luna! —gritó Cinder desde el fondo del pasillo— ¿Estás ahí?

Raf y ella se acercaron y, en cuanto vieron a Ryder, se les dibujó una sonrisilla.

—Ups, perdón. No queríamos interrumpir.

Cinder se echó a reír. Sin duda, mi mejor amiga iba completamente borracha. Raf hacía lo que podía, sujetándola con firmeza por la cintura.

—La llevaba a su habitación, pero me ha dicho que no podía irse sin encontrarte antes.

Me puse en pie y Ryder se levantó conmigo.

—Gracias por cuidar de ella, Raf.

—Eres tan guapa, Luna —balbuceó Cinder, acariciándome el pelo con una sonrisa eufórica—. Me alegro tanto de que seas mi amiga. Sabes que te quiero, ¿verdad?

—Lo sé, Cin. Yo también te quiero.

La abracé y estuvo a punto de tirarnos al suelo. Por suerte, Raf nos mantuvo sujetas.

—Descansa un poco.

—Lo intentaré —dijo Cinder, alzando las cejas hacia Raf y pasándole un dedo por el torso.

Madre mía. Lo último que necesitaba aquella noche era imaginarme a mi amiga en la cama con el nefilín encantador rondándome la cabeza.

—Cuídala bien, Raf.

—Lo haré.

Se llevó a mi antigua compañera de habitación por el pasillo con cuidado, y el corazón me dio un vuelco al ver lo atento que era con ella. Hacían tan buena pareja que dolía.

Ryder carraspeó y se metió las manos en los bolsillos de los vaqueros.

—¿Vas a volver a la fiesta?

Removí la malta en el vaso mientras lo pensaba. No quería volver a enfrentarme a Drake ni a ninguna de sus fans, pero irme con Ryder me traería otros problemas. Así que me terminé la bebida de un trago y dejé que las burbujas me subieran a la cabeza antes de responder.

—Síp, me vuelvo a la fiesta. Es un día para celebrar, ¿no?

Ryder asintió. Noté que su atención me quemaba mientras me dirigía a la zona común.

—No llegues tarde al entrenamiento mañana —me dijo a lo lejos.

Le devolví el gesto con la mano y me perdí entre la multitud, aunque cada fibra de mi ser me suplicaba que mirara atrás.