Capítulo 17 #2
Los dos unipegs recorrieron los últimos metros casi codo con codo mientras el rugido de la multitud me retumbaba en los oídos.
—¡Vamos! ¡Vamos! —supliqué.
A última hora, Zeus se lanzó hacia delante, pero Apolo seguía pegado. Cruzamos la línea de meta a toda velocidad y el pitido final resonó en el aire, casi tapando los gritos del público.
¿Quién había ganado? Había estado tan igualado que no podía saberlo.
Zeus redujo la velocidad y el batir de sus alas se fue calmando mientras jadeaba con las fosas nasales muy abiertas. El campo flotante apareció al final de la pista y lo guié al trote hasta allí. Drake ya estaba esperandonos, paseando a Apolo en un amplio círculo.
—¡Luna, por todos los dioses, acabas de ganar!
Cinder se acercó corriendo con Bella. Sonreía con muchísima felicidad.
—¿En serio?
—¡Mira!
Señaló al cielo, donde había una pantalla gigantesca. El hocico negro de Zeus ocupaba el centro de la imagen, cruzando la línea de meta unos centímetros por delante de Apolo.
—¡Por todos los unipegs, lo he conseguido!
Me bajé de Zeus a la vez que Cinder desmontaba de Bella, y me dio un abrazo enorme. Un segundo después, parte del público bajó de las gradas y se dirigió directamente hacia mí.
Decenas de compañeros nos rodearon para felicitarme. Me chocaban los cinco, me daban palmadas en la espalda y celebraban la victoria de maneras que jamás habría imaginado.
Algunos señores y damas feéricos de alto rango me observaban con recelo mientras pasaban. Sin duda, estaban buscando a su príncipe, a Drake.
Una parte de mí se sintió mal por él. Mantener la racha de victorias de los feéricos debía de ser mucha presión, sobre todo si casi toda la Corte de Invierno había acudido al evento.
Como si mis pensamientos lo hubieran llamado, una ráfaga de aire helado me rozó la nuca. Me giré y me encontré a solo unos centímetros de sus ojos purpúreos chispeantes.
—Drake, yo...
Me calló con un beso.
Las palabras, y todo pensamiento coherente, murieron en mis labios. Por un segundo me quedé paralizada por la sorpresa. Cuando mi cerebro volvió en sí, él ya se había apartado.
Parpadeé, medio convencida de que me lo había imaginado, pero el cosquilleo en los labios me confirmó que aquello de verdad acababa de pasar.
—Enhorabuena, Luna —dijo, rodeándome los hombros con un brazo y sonriendo al grupo de seres feéricos que se había agolpado —. Estoy muy orgulloso de ti, cariño.
¿Cariño?
—¿Qué demonios estás haciendo? —murmuré entre dientes.
Los señores y damas de alto rango empezaron a cuchichear, sonriendo satisfechos bajo capas y más capas de maquillaje. Intenté apartarme, pero Drake me atrajo más hacia sí.
—Suéltame.
—Quédate quieta, ¿vale? —me susurró al oído.
—No hasta que me digas qué demonios estás haciendo.
Fenix y Kimmie-Jayne aparecieron entre la multitud. El abrazo espontáneo de mi media hermana obligó a Drake a soltarme. Menos mal. Ella no dejaba de felicitarme una y otra vez, pero yo, en cambio, aproveché para lanzarle una mirada amenazante al príncipe de hielo.
¿A qué estaba jugando? Cinder apareció a mi lado con los ojos como platos, mirando primero a Drake y luego a mí. Arqueó una ceja y yo me encogí de hombros.
Estaba tan confundida como ella. O incluso más.
De repente, una sombra oscura se abrió paso entre la multitud. No necesité levantar la vista para saber quién se acercaba. Me puse en alerta en cuanto lo sentí cerca. Antes siquiera de mirarme, Ryder clavó en Drake una mirada tan letal que sentí un escalofrío por toda la piel.
Drake ni se inmutó. Él seguía centrado en el grupo de fans feéricos que lo rodeaba. Les contaba que llevaba semanas siendo mi mentor y que estaba muy orgulloso de mí.
¿Qué demonios estaba haciendo?
—Ryder, ¿no vas a felicitar a Luna?
K.J. le dio un codazo a mi instructor, y él por fin apartó la mirada asesina del príncipe. Un destello amarillo brilló en sus pupilas cuando se dio la vuelta y susurró:
—Felicidades, fierecilla júnior. Sabía que podrías hacerlo.
Sin embargo, la sonrisa de Ryder era tensa y sus palabras estaban envenenadas, lo cual me alteró. ¿De verdad estaba tan molesto conmigo solo porque Drake me había besado?
Kimmie-Jayne me cogió de la mano y me apartó de aquella situación incómoda.
—¿Qué ha sido eso? —susurró en cuanto nos alejamos de las miradas curiosas.
—¡Ni idea!
Arqueó una ceja con evidente escepticismo, aunque los ojos le brillaban con picardía.
—Entonces ¿tú y el príncipe no tenéis nada?
—¡No!
—Pues a mí desde luego no me lo ha parecido —confesó K.J., y señaló las gradas repletas de gente—. Ni a mí ni a los miles de espectadores que están aquí.
Protesté. Aquello no tenía buena pinta.
Apoyé las manos en las caderas y miré a la multitud que rodeaba a Drake.
—No tenemos nada —dije—. Lleva un tiempo dándome clases particulares de magia, pero ya está. No sé qué se le ha pasado por la cabeza para besarme delante de todo el mundo.
En cuanto terminé de hablar, una enorme pantalla flotante apareció sobre nuestras cabezas. ¿Y qué apareció? Nuestro maldito beso. No paraban de repetir la escena una y otra vez.
Y luego a cámara lenta. Mátame. Ya.
Gruñí por lo bajo mientras una sonrisa enorme se extendía por los labios rosados de K.J.
—Pues a mí no me parece que no haya nada entre vosotros.
La puntilla final llegó cuando Raine y Aeria pasaron por delante de mí con aire despreocupado y me dedicaron unas miradas cargadas de odio. Estaba bastante segura de que, si mi media hermana no hubiera estado allí, ya me habrían asesinado.