El Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales (Academia Darkblood 2) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

Todavía no le había contado cuál era mi papel en el equipo de cazadores sobrenaturales, y no estaba segura de si quería hacerlo en aquel momento.

—¿Te acuerdas de que te hablé de mi instructor, Ryder?

—¿Cómo olvidarlo? No parabas de hablar de él cuando me obligaste a ver Hitched .

—Entonces recordarás que es el hijo de Lucifer.

Asintió.

—Sí, ahora que lo dices —dijo—. La verdad es que intento borrar de mi cabeza la mayoría de esas conversaciones.

Le di un golpecito en el hombro y me eché a reír.

—Bueno, Ryder ha estado negociando con su padre para detenerla. Están entrenando a los alumnos más poderosos para proteger a los humanos de los habitantes del Inframundo.

—Eso es de locos, Luna —dijo Jay. Se pasó una mano por sus rizos pelirrojos—. ¿Y tú también te estás entrenando para luchar?

—Más o menos —respondí. No sabía por qué sentía la necesidad de mentir.

—¿Te has enterado de lo que pasó en el Madison Square Garden? —preguntó Jay.

El corazón me dio un vuelco. Intenté obligarlo a seguir latiendo con normalidad. Me crucé de brazos y me froté el pecho en círculos, como si así pudiera calmarlo.

—No —murmuré al cabo de un momento.

—Hubo una manifestación a favor del derecho al voto de los sobrenaturales.

Aparecieron miles de manifestantes por Manhattan y hasta el presidente.

Justo después de que Lazaris pronunciara un discurso de cinco minutos, todas las cámaras se apagaron y la retransmisión en directo se cortó.

Mi padre dice que en la policía de Nueva York circulan rumores de que algunos supes intentaron atacar al presidente, pero que lo han estado encubriendo.

Tragué saliva. Scarlett y los vampiros a los que había logrado controlar con su nigromancia habían hechizado a todo el público para que creyera que no había pasado nada.

—Es increíble —dije por fin.

Recordé a los demonios saliendo a toda prisa del portal: la sustancia negra, la mirada perdida de Ash… Cerré los ojos y aparté aquellos recuerdos espeluznantes.

—¿Quieres comer algo por Union Square?

Por suerte, la voz de Jay me devolvió al presente. Miré a mi alrededor, sorprendida de que hubiéramos recorrido más de veinte manzanas mientras charlábamos.

—Me parece bien.

Una vez nos sentamos a nuestra mesa en Mighty Quinn’s, me lancé sobre mi bocadillo de cerdo a la barbacoa.

Mis papilas gustativas se volvieron locas y gemí de placer.

Hacía tiempo que no me daba un capricho en mi restaurante favorito.

La barbacoa no era habitual en Azar, y vaya si la había echado de menos.

Cuando me había comido la mitad, levanté la vista.

Jay se rio mientras me veía devorar el bocadillo.

—Entonces, ¿no hay barbacoa decente en la academia?

—No —refunfuñé mientras me limpiaba una gota de salsa de la barbilla—. Y cuéntame, ¿qué tal te va en la universidad?

—Es una universidad normal y corriente —murmuró Jay—. Sin unicornios voladores ni burbujas mágicas, pero bueno, supongo que está bien.

Una vez rompimos el hielo, Jay y yo volvimos a conectar como si no hubiera pasado el tiempo. Al cabo de un rato, ya nos habíamos puesto al día y habíamos recorrido media Manhattan. Miré el reloj al cruzar una calle un tanto sospechosa en el Lower East Side.

—Tengo que volver pronto —dije—. Le prometí al director que volvería antes del anochecer.

Jay frunció el ceño.

—¿Tan pronto?

Pasamos junto a un bar de shisha. El olor dulce llenaba la calle y la cara de Jay se iluminó.

—¿Una shisha antes de que te vayas? Como en los viejos tiempos.

Negué con la cabeza entre risas. Hacía muchísimo que no fumaba una shisha. Había sido nuestro plan favorito durante el penúltimo año.

—Yo no, pero te acompaño. Eso sí, date prisa: veinte minutos como máximo.

—Trato hecho.

Nos sentamos en una mesa libre de la terraza. El aire fresco de principios de otoño era maravilloso, y lo que más echaba de menos del mundo humano: el cambio de las estaciones. No sabía cuánto tiempo más podría soportar aquel invierno feérico interminable.

Cuando se acercó el camarero, un chico larguirucho con rastas, estuve a punto de pedir una cerveza antes de recordar que allí aún no tenía edad para beber.

Maldita sea. Jay dio una calada a la shisha de cereza y el aroma dulce se extendió a nuestro alrededor.

Aquel día era justo lo que necesitaba. Aburrido y normal, en el mejor sentido posible.

—¿Crees que algún día podré visitarte en la academia? —preguntó Jay, asomándose entre una nube de humo blanco.

—Claro, no creo que haya ningún problema. Nos dejan recibir visitas un sábado de cada mes, a menos que haya algún evento especial. Pero le preguntaré a Cillian cómo funciona lo de los visitantes humanos. Quizá necesites que alguien te acompañe o algo así.

Jay sonrió.

—Eso estaría genial. Te he echado de menos, Hallows.

—Yo también. Me encanta volver a sentirme normal. Antes lo único que quería era escapar de mi vida, pero es verdad eso de que siempre parece que en casa del vecino se vive mejor.

—Brindo por eso.

Jay chocó su Coca-Cola con la mía y sonreí.

Entonces se me erizó el vello de los brazos y sentí un nudo en el estómago.