Capítulo 13
La mano de Cinder siguió entrelazada con la mía durante todo el funeral.
Tenía los ojos hinchados de tanto llorar.
Aunque Ash no había pasado mucho tiempo en la academia, había dejado huella incluso en estudiantes que no eran dragones.
Ojalá hubiera tenido el valor de subir y hablar de lo mucho que mi amigo había significado para mí, pero ¿cómo podría?
¿Cómo iba a mirar a la cara a sus padres y decirles que había muerto por mi culpa?
Solo unas pocas personas sabían de primera mano lo que había pasado, entre ellos, sus padres. Para los demás, Ash había muerto en un extraño accidente mientras entrenaba.
Pensaba en todo cuando un dragón alto, de pelo oscuro y aspecto familiar subió al estrado. Me quedé paralizada. ¿Fenix? No debería sorprenderme. Era el alfa de todos los dragones de Azar y el primo de Ash. Por supuesto que había ido al funeral de uno de los suyos.
Después de su emotivo discurso, en el que compartió algunos recuerdos felices de su infancia con su primo pequeño, volví a echarme a llorar.
Cuando Fenix bajó del estrado, su mirada cálida y dorada se cruzó con la mía y, aunque apenas sonrió, me hizo un pequeño gesto con la cabeza al pasar, como si quisiera darme ánimos.
Nerviosamente, busqué a Kimmie-Jayne con la mirada, pero la había perdido entre la multitud.
Cinder me apretó la mano y apoyó la cabeza en mi hombro. Hacía tiempo que no me sentaba con los dragones cambiaformas, y me sentía bien. Habían sido mi primer hogar de verdad en Darkhen. Si Cinder no me hubiera acogido en su clan, habría estado completamente perdida.
El resto de Los Siete estaba sentado unas filas más atrás, junto a Ryder.
Nuestras miradas se habían cruzado mientras yo buscaba a mi media hermana.
Lo había estado evitando desde aquel incidente del cambio de cuerpos, pero era bastante difícil teniendo en cuenta nuestras sesiones de entrenamiento.
Le había dicho que necesitaba un descanso y, como sabía por todo lo que estaba pasando, se lo tragó.
La verdad es que tampoco era una mentira del todo.
Cuando terminó el funeral, Cinder y yo nos unimos al resto de los dragones para volver al salón de banquetes. No dejaba de buscar a K.J. y a Fenix. Eran lo más parecido a una familia que tenía y, después de un día como aquel, necesitaba verlos.
Maxi y Alissa caminaban con nosotras mientras íbamos a la cafetería.
Cuando entramos, el lugar parecía distinto.
De las lámparas de madera colgaban flores de colores vivos, adornando la estancia.
Las mesas estaban decoradas con bonitos centros de mesa con velas.
En una esquina, un cuarteto de cuerda tocaba música suave que entretenía el ambiente.
Los cuatro decidimos sentarnos al final de una de las largas mesas. Poco a poco, fueron llegando el resto de los invitados. Cillian se colocó delante y dedicó unas breves palabras de consuelo. Después, empezaron a servir bandejas de comida por todas las mesas.
—En los funerales de Azar siempre hay muchísima comida —dijo Cinder.
Debió de darse cuenta de que me había quedado absorta.
—Ya lo veo.
Tenía el estómago vacío y, aunque todo olía de maravilla, no creía ser capaz de comer nada.
—Ahí estás.
Kimmie-Jayne me apretó el hombro mientras se sentaba en la silla de al lado.
—Hola.
Me abrazó antes de que pudiera decir nada más.
Aunque hacía meses que no veía a mi media hermana, habíamos hablado casi todas las semanas desde que llegué a la academia.
Estaba al tanto de casi todo lo que me había pasado, excepto de mi nuevo poder para cambiar de cuerpo.
Tenía muchas ganas de contárselo; sin embargo, este no parecía el mejor momento.
—¿Cómo estás, cariño?
—Tirando —contesté—. Ha sido duro.
Me pregunté cuánto les habrían contado Cillian y Ryder sobre mi crisis de cinco días. Por la expresión de preocupación que tenía, supuse que ya lo sabía todo.
—Siento mucho no haber podido venir antes, sobre todo después de lo de Ash —dijo Kimmie-Jayne. Se apartó los largos rizos dorados y me dedicó una sonrisa cariñosa.
—No pasa nada. Seguro que estás ocupada en Draeko, haciendo de esposa del alfa y eso.
No quería sonar borde, pero ver a K.J. después de tantos meses me hizo darme cuenta de que estaba enfadada. Había aparecido y luego había desaparecido casi igual de rápido. Sí, hablábamos por teléfono, pero ¿era tan difícil venir a verme una vez en seis meses?
—En serio, lo siento. Sé que no lo arregla, pero quiero explicártelo —dijo K.J., apretándome la mano. Sus ojos azules se iluminaron—. ¿Vamos a un sitio tranquilo y hablamos?
Moví la muñeca y una burbuja azul translúcida nos rodeó al momento, aislándonos del ruido de alrededor. Los ojos expresivos de mi media hermana se abrieron de par en par cuando levantó la mano y se puso a toquetear aquella barrera invisible que había creado.
—¡Vaya, Luna! Tu magia ha mejorado muchísimo.
Me encogí de hombros.
—Esto no es nada. Tendrías que verme con una espada.
K.J. soltó una risita y los hombros le temblaron.
—Ryder también me mantiene al tanto de tu entrenamiento. Está muy impresionado contigo. Últimamente no deja de hablar de ti.
Le brillaban los ojos y noté que me ponía roja. Carraspeé para que no se notara en mi voz.
—Es un buen instructor.
—Seguro que sí —K.J. me lanzó una sonrisa cómplice. Estaba segura de que tenía la cara tan roja como su pintalabios—. En fin, hace tiempo que quería decírtelo: estoy embarazada.
Abrí mucho los ojos y bajé la mirada hacia su vientre, que apenas empezaba a notarse.
—Solo estoy de cuatro meses; por eso no pude venir antes —añadió—. Los primeros meses han sido complicados y los médicos no querían que viajara. Siento mucho no habértelo dicho antes, pero quería asegurarme de que todo iba bien con el bebé antes de dar la noticia.
El corazón se me llenó de alegría. No parecía posible sentir tanta felicidad después de haber pasado la última hora llorando.
—¡Felicidades, Kimmie-Jayne! —exclamé. Rodeé a mi hermana con los brazos y la abracé con fuerza— Uy, perdona. ¿Te he apretado demasiado?
Una enorme sonrisa le iluminó el rostro.
—No, estoy bien, Luna. Este pequeñín es muy fuerte.
—Me alegro muchísimo por vosotros. Fenix debe de estar encantado, ¿no?
Asintió.
—Sí. Hoy se lo va a contar a Cinder. Sus padres y su hermano gemelo, Flare, eran los únicos que lo sabían. Ni siquiera se lo han dicho todavía a su hermana pequeña, Ashlin.
—Esta es justo la buena noticia que Cinder necesita en un día como hoy.
Su sonrisa se apagó y dio paso a una expresión más triste.
—Y también es justo lo que tú necesitas. Sé lo que Ash hizo por ti, Luna. Era un chico realmente valiente y sabía muy bien a qué riesgos se exponía al formar parte de vuestro equipo. Por eso ya no puedes seguir culpándote por lo que pasó, ¿de acuerdo?
Asentí.
—Lo estoy intentando.
—Estoy muy orgullosa de ti. Y Garrix también.
De hecho, me llamó para contarme lo del Madison Square Garden.
Si no hubierais estado allí, las cosas podrían haber salido mucho peor.
Si se hubiera visto obligado a usar sus poderes delante de semejante multitud, todo aquello por lo que ha luchado en favor de la unificación se habría perdido.
—Es que no sé si soy lo bastante fuerte, Kimmie-Jayne. Los poderes de Garrix son intensos.
Esbozó una sonrisa débil.
—Lo sé. Créeme, a veces desearía no tener visiones.
Un pensamiento me cruzó la cabeza.
—Tuviste visiones sobre mí, ¿verdad? Por eso viniste a buscarme...
Apretó los labios hasta formar una línea tensa.
—Luna, mis poderes son inestables. Las visiones cambian cada dos por tres. Hasta la cosa más pequeña puede cambiar el rumbo de una persona. No hablo de mis visiones con nadie más que con Garrix, ni siquiera con Fenix. Me da miedo lo que podría pasar si lo hiciera.
Un escalofrío me recorrió la espalda y se me puso la piel de gallina. Sin duda había visto algo y, por la expresión de su cara, no era bueno.
—En fin, no quiero que te pierdas la ceremonia por mi culpa. Solo quería que supieras por qué he estado tan desaparecida. Siempre pienso en ti, Luna, y no he olvidado mi promesa de llevarte a ver a tu amigo Jay. En cuanto el médico me dé el visto bueno, te llevaré.
—No te preocupes, K.J. Pensaba pedirle a Cillian un permiso para un fin de semana. Puedo ir por mi cuenta. Ya tienes bastante con lo tuyo.
La mirada se me fue a su vientre y ella sonrió.
—Puedes tocarlo si quieres, aunque todavía no se nota mucho.
Le acerqué la mano inmediatamente. Al rozarle el vientre, apenas abultado, lo sentí: magia. Era tenue, pero estaba allí. Mi pequeño sobrino o sobrina sería mestizo, igual que nosotras.
Una sonrisa inesperada se dibujó en mis labios.
—Me alegro mucho por ti, Kimmie.
Me apretó la mano y la burbuja que nos rodeaba se desvaneció. Una oleada de murmullos y sollozos nos envolvió, rompiendo aquel momento de felicidad y la calma que lo había acompañado. La realidad volvió a golpearnos: Ash estaba muerto y seguíamos en su funeral.
Había estado tan metida en la conversación que ni siquiera me había dado cuenta de que Fenix se había llevado a Cinder aparte.
Por la enorme sonrisa que iluminaba su rostro, todavía marcado por las lágrimas, supuse que ya le había contado la gran noticia.
Los dos dragones volvieron a la mesa con la misma expresión de felicidad.
—¡Vamos a ser tías!
Cinder me levantó de la silla de un tirón y me abrazó.
—Lo sé. Estoy muy emocionada.
Y era verdad. Nunca había tenido una familia de verdad y todo aquello casi parecía demasiado bueno para ser cierto.
—¿Y a mí no me toca una felicitación? —dijo Fenix, con aquellos ojos dulces y dorados observándonos desde arriba— Yo hice la mitad del trabajo.
Le abracé y él me redeó por completo con sus brazos fuertes y musculosos.
—Felicidades, Fenix. Y no seas asqueroso. No necesito imaginarme a mi media hermana y a ti en acción. Ya vi más que suficiente en Hitched .
Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su cara al soltarme y rodear la cintura de K.J..
Al poco tiempo, Ryder se acercó a Fenix a zancadas y le dio una palmada amistosa en el hombro. El sonido se parecía al de un golpe, al punto que algunos dragones cambiaformas de la mesa se volvieran hacia nosotros. Esperó a que retomaran la conversación y dijo:
—Me he enterado de que hay algo que celebrar.
Los ojos azules de Kimmie-Jayne se abrieron de par en par, resplandecientes.
—¿Cómo te has enterado? Solo se lo hemos contado a las chicas.
Fenix hizo un gesto escéptico.
—Estabas escuchando a escondidas mi conversación con Cinder, ¿verdad?
Ryder se encogió de hombros con indiferencia.
—Creí que había pasado algo malo y quería enterarme —le guiñó un ojo y Kimmie-Jayne sonrió con alegría. Era obvio que seguía sintiendo cariño por el demonio, aunque solo fuera como amigo—. Felicidades a los dos. Da gusto escuchar alguna buena noticia, para variar.
Ryder me miró con una sonrisa tensa. Seguramente había notado que lo estaba evitando. Solo esperaba que siguiera pensando que era por la culpa de lo de Ash.
Al momento siguiente, volvió a mirar a Fenix.
—Si tienes un momento, Cillian y yo tenemos que comentarte un par de cosas.
El gran dragón asintió y echó un vistazo a la multitud.
—Supongo que ahora es un buen momento.
Seguí con la mirada a Ryder y a Fenix mientras se reunían con Cillian en un rincón apartado. ¿De qué iría aquello? Al otro lado de la sala, Drake me hizo señas para que me acercara. Estaba apoyado contra la pared, junto a nuestra mesa. El resto del grupo rondaba por allí.
Me volví hacia Kimmie-Jayne y Cinder.
—Ahora vuelvo. Me reclama el príncipe.
—Recuerdo aquellos tiempos —bromeó K.J.
Todavía no podía creer que hubiera salido con el hermano de Drake. A veces, nuestro pequeño grupo era demasiado incestuoso para mi gusto.
Raine y Aeria me observaron mientras cruzaba el amplio salón; las dos mejores amigas estaban sentadas a la mesa enviando mensajes.
—¿Estás bien? —preguntó la sirena de pelo azul.
Me quedé paralizada. Casi tuve que despegar la mandíbula del suelo para responder.
—Sí, como puedo. ¿Y tú?
Se encogió de hombros.
—El funeral hace que parezca más real, ¿sabes? Como si Ash se hubiera ido de verdad.
—Sé a qué te refieres.
Además, decir aquello hacía que todo volviera a aflorar. Todos los sentimientos que tanto me había costado enterrar durante los últimos días.
Raine asintió, y me sorprendió ver dolor sincero en sus ojos.
Pasé por delante de ellas y seguí hasta donde estaba Drake. Me apoyé en la pared junto a él.
—¿Qué pasa?
Tenía los ojos lila menos fríos de lo habitual, y habría jurado ver una emoción oculta bajo la superficie. Ladeó la cabeza hacia el grupo formado por Cillian, Ryder y Fenix en el rincón.
—¿Sabes de qué hablan?
Negué con la cabeza.
—No. ¿Y tú?
Asintió y se inclinó hacia mí.
—Están hablando sobre quién reemplazará a Ash en el equipo. Fenix y Cillian han estado preguntando a dragones durante todo el funeral.
—¿En serio?
Me parecía de muy mal gusto hacerlo tan rápido.
—Quieren que volvamos al campo de batalla —explicó Drake, a media voz—, y cuanto antes encontremos al octavo, mejor.
No sabía muy bien qué pensar de aquello.
No había pasado prácticamente ni una semana desde la muerte de Ash.
Me quedé mirando a los tres chicos al otro lado de la sala y sentí un ramalazo de ira.
Me daba rabia que casi no habíamos tenido tiempo de llorarlo y ya querían enviarnos ahí fuera otra vez.
¿Y para qué? ¿Para que mataran a otro de los nuestros?
Miré a nuestro líder no oficial del equipo de supes.
—¿De verdad crees que estamos preparados?
—Creo que hay que parar a Luxora y, si somos la mejor opción para conseguirlo, tenemos que estar listos —la mandíbula del príncipe se tensó—. ¿Estás lista para volver a clase?
—No me queda otra opción, supongo.