El Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales (Academia Darkblood 2) Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

La espada corta se movía como una extensión de mi brazo, impulsada por la magia.

La sentía fluir a través de mí, guiando cada estocada y bloqueo.

Los monstruos que surgían del vórtice no podían confundirse con humanos; la mayoría se parecían más a bestias que a hombres con piel reptiliana, cuerpos cubiertos de pelo y cuernos que sobresalían de sus cabezas.

Los cuatro luchábamos codo con codo mientras resonaba por todo el estadio el choque del metal contra colmillos, huesos y carne. También llegaban sonidos de combate desde la zona de las gradas, al otro lado del escenario.

—¡Scarlett! —retumbó la voz de Ryder desde la distancia— ¡Te necesito aquí ahora!

Scarlett hundió la daga en el demonio con aspecto de gorila que se le echaba encima y la criatura explotó en un charco de sustancia negra y viscosa. El líquido espeso nos salpicó a todos. Scarlett consiguió esquivarlo y salió disparada hacia el escenario.

Yo no tuve tanta suerte. La asquerosa masa pegajosa me cubrió la cara y el pelo; se me metió en los ojos y me nubló la vista. Me pasé la mano por los párpados para limpiarme, pero no hice más que empeorar las cosas. Entonces, una sombra oscura atravesó la escena borrosa.

Un dolor abrasador me atravesó el vientre y se me escapó de los labios un grito. Me llevé las manos a la herida mientras me desgarraba la agonía por dentro. Me desplomé en el suelo.

—¡Luna!

El rostro borroso de Ash apareció ante mí, con las manos apretadas sobre las mías. No distinguía bien sus facciones, pero tenía los ojos muy abiertos y la expresión desencajada.

Aquello no podía significar nada bueno.

—Aprieta la herida. No la sueltes.

Intenté asentir mientras un escalofrío recorría mi cuerpo y el dolor cegador empezaba a desvanecerse.

Fui dejando de notar la presión que me aplastaba los pulmones y respiré hondo.

La sensación de entumecimiento que me recorría el cuerpo era casi como si viniera del paraíso, de alguna forma, pero una parte de mí sabía que aquello no era buena señal.

—Quédate con nosotros, Luna —susurró Ash, con las manos cubiertas de sangre.

La oscuridad empezó a invadir mi visión. Y no era solo por aquella sustancia negra. Sentía el cuerpo extrañamente ligero y la cabeza me daba vueltas.

Drake apareció por encima del hombro de Ash. Su brillante pelo platino era lo único que conseguía distinguir a través de la oscuridad cada vez más densa. Le gritaba algo al móvil, pero sus palabras me llegaban apagadas y sus labios parecían moverse a cámara lenta.

Vi otra sombra detrás de Ash, aunque no sabía si era real o si mis ojos, cubiertos de un velo, me estaban jugando una mala pasada. Abrí la boca, pero no me salió ningún sonido.

Una garra afilada como una navaja rasgó el aire. Ash cayó a mi lado. ¡No! La cabeza se volteó mientras un chorro de sangre brotaba de su garganta.

La espada de Drake iluminó el aire, y el resplandor lila disipó por un instante la neblina que se iba apoderando de mis sentidos. Gritó y descargó un golpe devastador. El suelo bajo nosotros tembló ante el impacto sordo de un cuerpo enorme que se estrellaba de bruces.

Giré la cabeza y me encontré con unos ojos verdes que me eran dolorosamente familiares. Parpadeé varias veces. Me empezaron a caer lágrimas por las mejillas, tan rápido que se terminaron llevando buena parte de aquella sustancia viscosa que me cubría los ojos.

—Ash... —susurré.

Intenté llegar a él, pero mi brazo se negaba a obedecerme.

—Lo... lo siento —dijo, con la voz rota. Los ojos se le cerraron y el cuerpo quedó inmóvil.

Un grito desgarrador se alzó por encima del estruendo de la batalla y rompió el frío entumecimiento que me recorría las venas. Únicamente cuando la mandíbula se me cerró comprendí que aquel grito había salido de mí.

Entonces resonaron pasos fuertes a mi espalda.

Las vibraciones me atravesaban la cabeza.

Apreté los ojos con fuerza para bloquear el sonido, pero no servía de nada.

No dejaba de caerme una lágrima tras otra y, cuando volví a abrir los ojos, ya no noté ninguna neblina oscura.

Vi a Drake enfrentarse a dos demonios y sortear un cuerpo inmóvil en el suelo.

Ash seguía tendido a mi lado, con los ojos cerrados y una expresión tranquila en el rostro.

A mi alrededor seguían resonando los choques de metal, los gritos y el estruendo de la batalla. Un destello de luz blanca atravesó el aire e iluminó la oscuridad detrás del escenario. Los demonios que iban avanzando se tambaleaban y empezaban a retroceder.

De repente, una figura se arrodilló a mi lado. Tenía el pánico reflejado en los ojos negros e insondables.

—Luna, aguanta. Raf está de camino —dijo Ryder. Me atrajo contra su pecho y esperé que el dolor me atravesara el cuerpo, pero no llegó. No sentía nada de cintura para abajo. Me acunó entre sus brazos e intenté agarrarme a su camisa, pero no podía mover la mano—. Aguanta, cariño. Por favor, aguanta.

Quería hacerlo, solo por él, pero los ojos se me cerraban solos. Alcancé a ver por última vez el rostro pálido de Ash y ya no pude seguir luchando. Los párpados se me cerraron y todo mi cuerpo se relajó. La oscuridad me envolvía y me arrastraba suavemente hacia el olvido.