Capítulo 10 #2
Nos quedamos atrás mientras el Servicio Secreto hacía pasar al presidente por una puerta trasera. Por un instante creí que nuestras miradas se habían cruzado, pero pasó tan rápido que no estaba segura. ¿Sabía que estábamos allí? ¿Es que no sabía que se estaba metiendo de cabeza en una trampa?
—Tranquila, estará bien.
El susurro de Ryder me rozó la oreja.
—Sé que Garrix sabría salir del paso, pero estamos hablando del presidente. No puede ponerse a hacer de brujo delante de miles de personas y de las cámaras de televisión.
Si los estadounidenses descubrieran que su presidente era un supe, el país entero se volvería loco. A todo esto, el móvil de Ryder sonó y frunció el ceño.
—Mierda —murmuró. Luego se volvió hacia Drake, Ash y Scarlett—. Uno de los equipos de Logan ha visto demonios entre el público. Luxora ha enviado a los que tienen un aspecto más humano y se están mezclando con la gente. Debemos estar en alerta máxima, chicos.
Ryder nos condujo hasta la zona de asientos y atravesó una puerta con un cartel que decía «Acceso exclusivo para el personal».
—Drake, Luna, ¿podéis crear un manto entre los dos y hacernos a todos invisibles? —preguntó Ryder al detenerse en un pasillo con poca luz.
Drake esbozó una sonrisa sagaz.
—Luna es toda una experta en eso.
Le clavé el codo en el estómago y él sonrió con dulzura.
—Sí, déjamelo a mí —asentí.
La mano de Drake se cerró sobre la mía y me pareció que Ryder soltaba un bufido.
—¿Listos? —preguntó Drake.
Asentí y susurramos el conjuro: Nascondem, ascondem oblivis tutti . El calor se extendió entre nuestras manos y, un segundo después, el dulce aroma ahumado de la magia nos envolvió.
—Bien hecho —dijo Ryder—. Sacad las armas y dejad aquí las mochilas.
Me metí una daga bajo cada pernera del pantalón, imitando a Scarlett, y me quedé con una espada corta en la mano. No quería cargar con el peso de una espada larga; además, si conseguía hacer funcionar mi magia, era mucho más poderosa que cualquier arma física.
Una vez preparados, Ryder señaló hacia el fondo del escenario.
—Vamos.
Avanzamos a hurtadillas por el pasillo. El potente hechizo de camuflaje amortiguaba nuestros pasos rápidos, y también la respiración entrecortada…
o al menos la mía. El corazón me latía como un martillo neumático.
Noté que me caía sudor por la espalda y que tenía la frente húmeda.
Apreté con fuerza la daga para evitar que me temblara la mano.
Nada de esto era muy diferente a las otras veces que nos habíamos enfrentado a demonios. Me repetí aquello una y otra vez, pero por dentro sabía que me estaba mintiendo y los nervios no cedían. A medida que nos acercábamos al escenario fui sintiendo más pánico.
Una docena de hombres vestidos de negro dobló una esquina y apareció ante nosotros. En el centro caminaba el presidente de los Estados Unidos, o lo que es lo mismo, mi padre. Giró la cabeza hacia nuestra dirección durante un instante, antes de volver a mirar al frente.
¿Podría sentir nuestra presencia a través del manto?
Ryder hizo un gesto con la mano y todos nos quedamos inmóviles.
Un hombre con un auricular colgado del cuello le estaba dando instrucciones al presidente. Por lo visto, iba a ser el primero en intervenir; una sorpresa de última hora para el público.
Entonces, una animada pieza de jazz inundó el pasillo y se escuchó una voz atronadora que venía del escenario. Por cómo sonaba, la manifestación estaba a punto de empezar.
Resonó un redoble de tambores por todas partes y, un segundo después, el presidente subió al escenario, con el Servicio Secreto pisándole los talones. Solté un jadeo y uno de los hombres de negro se giró hacia nosotros. Un destello carmesí cruzó sus ojos color avellana.
—¡Ryder! —chillé, tirándole de la mano— Hay un demonio en el Servicio Secreto.
—¿Estás segura?
Asentí con la cabeza.
—Lo acabo de ver —dije—. Sus ojos han hecho algo muy raro.
Ryder mandó un mensaje rápido y nos acercamos al escenario.
Una cortina negra y gruesa nos impedía ver al presidente.
También nos tapaba la vista el enorme equipo de seguridad, compuesto por al menos media docena de hombres fornidos.
El presidente empezó a hablar y una oleada de aplausos ahogó cualquier otro sonido. Se me erizó el vello de la nuca.
Al poco tiempo, dos hombres vestidos de negro se abrieron paso a empujones entre los agentes del Servicio Secreto, apartando a la gente mientras corrían hacia el escenario.
Y se desató el caos. Un portal se abrió metros detrás de nosotros y el olor a azufre impregnó el aire.
La calma que reinaba entre bastidores saltó por los aires cuando varias criaturas surgieron del vórtice oscuro.
A Ryder no le hizo falta ni un segundo para reaccionar.
—Yo voy a por el presidente; vosotros cuatro quedaos aquí y ocupaos de esto. ¡No podemos dejar que lleguen al escenario!
Sus ojos buscaron los míos. Mil emociones se arremolinaban en aquella oscuridad insondable. Asintió y me dedicó una sonrisa tranquilizadora antes de salir corriendo.
Me quité de la cabeza la oleada de sensaciones que aquella mirada había provocado en mí y me lancé contra los demonios que se nos echaban encima.
Los dedos de Drake se entrelazaron con los míos y, tras unas pocas palabras apresuradas, el manto se desvaneció.
Desenvainó la espada y se la clavó en el pecho a la criatura más cercana.
Yo seguí su ejemplo, dejando que los meses de entrenamiento hicieran el resto.