Capítulo 9 #2
Pero nunca llegó. En vez de eso, Ryder me mostró la pantalla del móvil.
—Tenemos que irnos. Cillian ha convocado una reunión de emergencia con el equipo.
—Ah, ¿te refieres al Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales?
Seguía intentando que el nombre pegara, pero nadie nos llamaba así aparte de mí. Aun así, no pensaba rendirme. Ryder se rio entre dientes, dejando al descubierto ese hoyuelo tan mono que me encantaba y que me sacaba de quicio a partes iguales.
—Sí. Tenemos que irnos ya.
Me cogió de la mano y me guio entre las estanterías serpenteantes.
Ninguno de los dos dijo una palabra hasta que llegamos al pequeño edificio de piedra, situado en un extremo del campus. Ryder me soltó la mano antes de entrar y, aunque ya me lo esperaba, el gesto me dolió un poco.
Cillian estaba dentro con los demás. Miró a Ryder con un gesto suspicaz cuando entramos, pero no dijo nada. Empezaba a preocuparme que el ángel nos hubiera descubierto.
—¿Qué pasa? —preguntó Ryder.
—Tenemos visita.
Cillian señaló hacia un rincón y una figura se materializó entre las sombras. No sabía cómo no lo había visto al entrar. La intensa mirada de Cillian me había distraído. Aquel pelo plateado era imposible de pasar por alto, incluso recogido con cuidado en un moño bajo.
Los ojos de Ryder se iluminaron y se acercó rápidamente al famoso exalumno.
—Logan, me alegro de verte, tío.
Le estrechó la mano y los dos empezaron a charlar animadamente. Yo me acerqué a Scarlett.
—Madre mía, no sé cómo Kimmie-Jayne pudo elegir entre tantos tíos buenos —le susurré mientras observaba al guaperas que hablaba con Ryder.
Por lo que había visto en Hitched , las gárgolas tenían cuerpos tan duros como la piedra, y Logan no era una excepción. Era enorme, con hombros anchos y una complexión tan imponente que mi instructor demonio parecía bajito. Y Ryder no era precisamente bajito.
Scarlett me miró como si fuera una adolescente colada por una estrella de cine.
—Yo me habría quedado cerca de ese bombón durante mucho tiempo, desde luego —intervino Aeria. Visto lo visto, tenía que mejorar mis habilidades para susurrar delante de los supes—. Me pregunto qué hace aquí.
—Es el representante del Consejo de Guardianes Gárgola —dijo Raine, inclinándose hacia mí—. Últimamente viene bastante a menudo para hablar con Cillian.
El nombre me sonaba de Hitched . Las gárgolas formaban parte de los Hijos del Cielo. Eran los protectores de los humanos en la Tierra, así que si Logan estaba allí para hablar con Cillian había malas noticias, seguro. Cillian dio una palmada y todos guardamos silencio.
—Muy bien, equipo. Sé que todos habéis visto ya a Logan por aquí, pero ha llegado el momento de hacer las presentaciones oficiales.
Logan esbozó una leve sonrisa. Sus ojos plateados eran del color más gélido que había visto.
—Ojalá estuviera aquí por otro motivo, pero, por desgracia, esta no es una visita de cortesía —empezó—.
Cillian me ha mantenido al tanto de todo lo que habéis conseguido aquí, en la academia, y estoy impresionado.
La situación en el mundo humano ha empeorado deprisa y mis hermanos gárgolas ya no dan abasto para contener a los habitantes del Inframundo.
Ryder y Cillian creen que estáis preparados para una misión real y yo os la voy a explicar.
El grupo estalló en susurros emocionados. Había llegado el momento; llevaban un año entero entrenando para esto. Yo, en cambio, no estaba tan emocionada. Me ponía muy nerviosa pensar en mis poderes aún asalvajados y probablemente demasiado oscuros.
—Vamos allá —dijo Drake, con un intenso fulgor lavanda en los ojos.
—¿Conocéis a los seis señores de la guerra del Inframundo?
Todos asintieron menos yo. Mierda, necesitaba ponerme al día con la historia de los supes. Me vino a la cabeza una conversación con Cillian: había mencionado que uno de los señores de la guerra podía haber sido quien envió al demonio relix para marcarme.
—Luxora es la más poderosa. Según los rumores que nos llegan del Inframundo, lleva tiempo animando a sus seguidores a colarse en el mundo humano para fastidiar a su padre.
—¿Su padre?
La pregunta se me escapó antes de poder evitarlo. Todos los demás parecían saber de qué hablaba, pero yo estaba completamente perdida.
—Lucifer —murmuró Ryder—. Desde que tengo memoria, la misión de mi hermanastra ha sido tocarle las narices a nuestro padre. No le sentó bien que rechazara a su madre, Eva.
—Espera, ¿Eva? ¿La de Adán y Eva?
Ryder asintió.
—La única y verdadera fuente del pecado original.
Madre mía. ¿Una de los señores de la guerra del Inframundo era hija de Lucifer y Eva? ¿Y además hermanastra de Ryder? No me extrañaba que hubieran hecho todo un reality.
—En fin, mañana se celebra una gran convención por los derechos de los seres sobrenaturales en el Madison Square Garden. Según he averiguado, Luxora trama algo gordo. Tengo a mis hombres desplegados por la zona y listos para intervenir, pero nos vendría muy bien algo de refuerzo.
Cillian le dio una palmada en el hombro a Logan. El golpe resonó por toda la sala de entrenamiento. Sonó como si hubiera golpeado una pared.
—Estarán listos —dijo, con un destello de orgullo en sus ojos azules.
Ryder asintió.
—Nos pasaremos el día repasando tácticas. ¿Puedes dedicarnos algo de tiempo, Logan?
—Por supuesto. Para eso estoy aquí.
—¿Y las clases? —preguntó Scarlett, levantando la mano.
—Hoy y mañana quedáis libres de las clases habituales —respondió Cillian—. Hoy entrenaréis y mañana partiréis hacia el mundo humano a primera hora.
Una mezcla de emoción y pánico me recorrió el cuerpo. Me apoyé contra la pared mientras el resto del equipo charlaba animadamente.
—¿Estás bien?
Ryder apareció a mi lado, con los ojos oscuros penetrando los míos.
—Claro —dije con ironía—. Nuestra primera gran misión en el mundo humano para enfrentarnos a la hija de Lucifer y a sus secuaces... nada fuera de lo normal.
Alargó una mano hacia mí, pero la retiró en el último momento.
—Te juro que no voy a dejar que te pase nada —dijo Ryder. La intensidad en sus infinitos ojos negros hizo que le creyera—. Y, si te sirve de consuelo, dudo que Luxora aparezca allí en persona. Prefiere disfrutar del espectáculo mientras sus seguidores hacen el trabajo sucio.
—Eso no ayuda —dije, cruzándome de brazos—. ¿Os lleváis bien tú y tu hermanastra?
Se encogió ligeramente de hombros y evitó mi mirada.
—No diría que somos uña y carne, pero me he cruzado con ella unas cuantas veces. Como te dije, tengo decenas de hermanastros. Con la mayoría ni siquiera he llegado a hablar.
Era curioso que tuviéramos eso en común.
—Y ya que estamos, ¿cómo es un señor de la guerra?
—Más bien señora de la guerra —aclaró Ryder. Se volvió con una sonrisa de pillo y se dirigió al equipo—. Muy bien, chicos, para esto hemos estado entrenando. ¿Estáis listos?
A mi alrededor se alzó un coro de «síes». Yo no compartía precisamente ese entusiasmo...