El Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales (Academia Darkblood 2) Capítulo 8
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Capítulo 8

Una ráfaga de energía púrpura oscura salió disparada de mis palmas y lanzó a Desmond al otro lado de la habitación.

Solté un jadeo y me quedé mirando mis manos como si pertenecieran a otra persona.

Vi al chico aterrizar hecho un ovillo frente a mis manos abiertas, justo después de haberse estrellado contra la pared del fondo de la habitación.

—¡J-joder!

Me levanté de un salto y corrí hacia él, con el corazón encogido.

Desmond estaba inconsciente.

—Mierda, mierda, mierda.

Seguía respirando, así que no lo había matado, pero lo que fuera que había salido disparado de mis manos acababa de dejar inconsciente a un vampiro.

Me agaché a su lado y volví a mirarme las manos.

—¿Y ahora qué? —murmuré para mis adentros.

Me sentía fatal por dejarlo allí tirado, pero tampoco quería quedarme esperando a que despertara. Además, el toque de queda estaba a punto de empezar.

Esperé unos minutos más, eternos, mientras la ansiedad me iba consumiendo por dentro. ¿No debería haberse despertado ya?

—¡Des! ¡Desmond, despierta!

Le di unas cuantas palmadas en la cara. Tenía la piel helada. Mala señal .

Saqué el móvil del bolsillo y le envié un mensaje a Scarlett. Quizá supiera cómo despertarlo. Sus habilidades de nigromancia podían ser útiles, ya que tenía control sobre los muertos.

Pero no me respondía. Esperé unos minutos y la llamé, pero nada. Vaya mierda.

Eché un vistazo a la lista de contactos, pensando seriamente a quién pedir ayuda y evitando contactar con la única persona a la que sí que quería llamar. Estaba dispuesta a pasarme allí sentada toda la noche antes que interrumpir la cita con aquella súcubo tan guapa.

Apostaba a que cierto feérico sabelotodo sabría qué hacer. Antes de pensármelo demasiado, dejé que los dedos recorrieran la pantalla y me detuve justo en su nombre.

Drake contestó al segundo tono y apareció en la habitación de Desmond cinco minutos después. Había llegado tan rápido que supuse que seguía despierto cuando lo llamé. La teoría se me cayó en cuanto cruzó la puerta con el pelo revuelto y un gesto adormilado.

—Siento mucho haberte despertado.

Drake se pasó una mano por el pelo y observó fijamente el cuerpo tendido en el suelo.

—¿Qué narices has hecho, humana?

—No lo sé.

Pasó por encima del cuerpo de Desmond y me miró con sus ojos lila, fríos como el hielo.

—Cuéntame exactamente qué ha pasado.

Hice lo que me pidió. Consideré omitir la parte de los besos y los mordiscos, pero su mirada inquisitiva ya se había posado en mi labio hinchado. Una sonrisa burlona le cambió la expresión, aunque no hizo comentarios mientras yo le contaba esa parte a toda velocidad.

—Y entonces, ¡pum!, salió volando al otro lado de la habitación y se quedó inconsciente.

Drake se agachó junto a Desmond y frunció el ceño.

—Bueno, sigue vivo, que ya es algo. Creo que tu poder le ha dado fuerte.

—Pero es un vampiro... ¿no debería curarse rápido?

Se encogió de hombros.

—Ryder dijo que serías poderosa una vez se manifestaran tus habilidades. Y tenía razón.

Empecé a pasearme de un lado a otro, con la ansiedad royéndome por dentro.

—No me estás ayudando nada.

Drake se puso de pie y me rodeó los hombros con un brazo.

—Vuelve a tu habitación, Luna. En el peor de los casos, mañana se despertará con un dolor de cabeza monumental.

Y con un poco de suerte, ni se acordará de lo que ha pasado.

Sé que no quieres que la gente sepa quién es tu padre brujo, pero, si ese es el tipo de magia que vas a ir soltando por ahí, tendrás que aprender a controlarla.

—Dijo que el hechizo que usó para quitarme la marca podría liberar parte del poder —solté impulsivamente, sin contar dos veces antes de hablar.

—¿Tu padre te ha dicho eso?

Asentí. Por poco se me escapó también lo de la habilidad para cambiar de cuerpo, pero todavía no estaba preparada para revelar mis nuevas y extrañas capacidades.

—Sabes que la magia de los brujos es distinta de la que utilizan los demás practicantes de la magia wiccana, ¿verdad?

—Sí. Mi padre biológico comentó algo de eso ayer.

—Sería útil saber de qué linaje procede, para localizar el origen de tu magia.

La magia de las brujas nace de la tierra y de los elementos, y se parece a la magia feérica.

Pero la de los brujos procede de un lugar mucho más oscuro.

Varía muchísimo según la cantidad de sangre demoníaca que haya en su linaje.

El término «brujo» empezó siendo un insulto despectivo hacia los hombres con poderes mágicos, pero, con el paso de los siglos, «brujo» y «brujo varón» se han acabado usando como sinónimos. Aunque no son exactamente lo mismo.

Recordé que Cillian me había dado una explicación parecida cuando llegué a Darkhen. En aquel momento, todo aquello me había parecido un auténtico galimatías.

Drake volvió a mirar a Desmond y frunció el ceño.

—Raine es poderosa. Procede de un linaje larguísimo de brujas elementales, pero nunca la he visto utilizar energía pura para dejar fuera de combate a un vampiro de esta forma.

—¿Y qué quieres decir con eso?

—Que tenemos que averiguar más cosas sobre tu linaje. Con el entrenamiento adecuado, podrías llegar a ser más poderosa que cualquiera de nosotros.

Me mordí nerviosamente el interior de la mejilla porque el labio ya lo tenía bastante castigado. ¿Por qué demonios había aceptado ir a una cita tan estúpida?

—Ahí estás, Drake.

Una chica de cabello castaño y revoltoso se asomó por la puerta. Era Raine echando chispas.

—Me di la vuelta y ya te habías ido. ¿Por qué no has contestado a mis mensajes?

¡Sabía que se estaban liando! Las mejillas pálidas y frías de Drake se pusieron ligeramente rosadas. Bajó la vista mientras sacaba el móvil.

—Lo tenía en silencio.

—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Raine, escudriñando mi labio hinchado y luego observando a Desmond, que seguía tirado en el suelo.

—Los poderes de Luna se están manifestando más rápido de lo previsto —explicó Drake—. He venido para asegurarme de que estaba bien.

—¿Este vampiro cualquiera?

Raine le dio un golpecito al cuerpo inmóvil con su zapatilla de estar por casa.

—¡Raine! —susurré— Lo he dejado inconsciente y estaba preocupada, eso es todo.

—Es un vampiro. Estará bien —replicó Raine, pasándose una mano por el pelo. Resopló—. Me vuelvo a la cama. ¿Vienes o qué, Drake?

—Voy en un minuto. Tengo que hablar de una cosa con Luna.

A Raine los ojos se le abrieron como platos y pensé que iba a fulminarme con la mirada.

—¿En serio?

—Raine —se quejó él.

Ella se plantó con las manos en las caderas antes de darse la vuelta y marcharse. Me tapé la boca para que no se me escapara una risita. Puede que Raine se estuviera portando mejor últimamente, pero eso no significaba que no disfrutara un poco cuando la ponían en su sitio.

En cuanto sus pasos se perdieron por el pasillo, me volví hacia Drake y arqueé las cejas.

—Así que tú y Raine...

—Ya vale. Te he dicho que no es nada —dijo Drake, apuntándome con el dedo mientras una sonrisa picarona se dibujaba en sus labios—. Además, yo no te he preguntado por tu encuentro nocturno con el vampiro nuevo.

— Touché .

—Seguro que a Ryder esto le va a encantar.

Le lancé una mirada fulminante.

Drake me rodeó los hombros con un brazo y me atrajo hacia él. Me quedé casi paralizada por aquella muestra de afecto tan impropia de él.

—Vamos. Te acompaño a tu habitación.

Tras dedicarle una última mirada a Desmond, seguí a Drake hacia la puerta. Confiaba en que Drake tuviera razón y que, cuando despertara por la mañana, no recordara nada de lo ocurrido. Qué vergüenza .

Mientras caminábamos por los pasillos, miles de pensamientos se me agolparon en la mente.

¿Y si Drake tenía razón y mis poderes procedían de magia oscura?

Raine y Aeria habían dicho casi lo mismo cuando los presenciaron.

Pero Garrix no parecía malo; más bien parecía una buena persona.

Debía averiguar más sobre los brujos cuanto antes.

Drake se detuvo junto a la puerta cuando llegamos a mi habitación. Los chicos tenían sus habitaciones en el otro extremo del pasillo. Aunque los pisos eran mixtos, una parte estaba destinada a las chicas y la otra a los chicos, con los baños y la zona común en el centro.

—Tienes que contárselo a Ryder mañana —dijo, apoyándose en el marco de la puerta.

Debieron de torcérseme los labios en un gesto de disgusto, porque soltó una risita.

—Lo digo en serio, Luna. Lo que pase entre vosotros no importa. Esto sí.

Me puse roja como un tomate.

—No pasa nada entre Ryder y yo —dije. La voz se me quebró y me maldije por dentro.

—Da igual —dijo Drake, sacudiiendo la cabeza—. Como solo Ryder y Cillian conocen la verdadera identidad de tu padre, quizá puedan echarte una mano. Yo seguiré entrenándote, pero sería mucho más útil que todos estuviéramos al tanto de lo mismo.

—Vale, me lo pensaré.

—Es tu secreto, Luna. Si decides guardártelo, lo respetaré. Pero, cuando salgamos ahí fuera a enfrentarnos a demonios de verdad, necesitaremos toda la ayuda posible.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

—¿Crees que tendremos que luchar contra ellos pronto?

Asintió, con los labios tensos.

—Mi hermano Elrian me ha contado que las cosas se están poniendo peor en el mundo humano.

Cada vez más habitantes del Inframundo encuentran la forma de colarse a través de las grietas de los escudos, y no son solo demonios.

También ha tenido que reforzar la seguridad de todos los portales del reino feérico.

Algunos feéricos menores, pero que son más conflictivos, han empezado a dar problemas por su cuenta.

Se me erizó la piel al recordar aquella noche de luna llena y los troles con los que me había cruzado. No todos los seres feéricos eran tan hermosos ni tan civilizados como el príncipe.

—Gracias por contármelo, Drake. Como si no fuera a tener ya suficientes pesadillas hoy.

Drake se rio entre dientes antes de darse la vuelta hacia su dormitorio.

—Buenas noches, Luna.