El Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales (Academia Darkblood 2) Capítulo 4
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Capítulo 4

Raine me lanzaba una mirada fulminante desde el otro lado del granero mientras yo cepillaba la melena negra de Zeus.

No estaba segura de quién tenía más ganas de fulminarme: si ella o mi unipeg malhumorado.

Tenía la cabellera hecha un auténtico desastre y, desde que me había puesto manos a la obra con la tarea tediosa de desenredársela, había intentado ensartarme con el cuerno unas cuantas veces.

Pero no tenía ni idea de por qué Raine estaba tan enfadada. Desde que me había unido oficialmente al Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales y me había mudado con Scarlett, se había portado bastante bien.

—Vaya, ¿quién le ha amargado el día a Raine? —preguntó Cinder, acercándose tranquilamente.

No pude evitar soltar una risita.

—No lo sé, pero yo no he sido. Ni siquiera la vi ayer en todo el día, y antes parecía estar bien.

—Oye, por cierto, ¿dónde te metiste ayer? Ryder fue a buscarte a mi habitación por la tarde y parecía a punto de perder los nervios. Tenía esos ojos amarillos desquiciados que se le ponen cuando está a punto de transformarse en demonio.

Una punzada de felicidad revoloteó en mi pecho, pero la aplasté de inmediato. Ryder y sus preocupaciones por mí me importaban un bledo.

—Estaba entrenando con Drake. ¿Sabías que hay una pradera primaveral escondida en el bosque?

Negó con la cabeza.

—No…

Le conté todo mientras seguía luchando con los nudos de la preciosa melena de Zeus.

—Tiene un estilo a nuestro invernadero en Skye Lair, en Draeko —dijo cuando terminé—.

Tenemos un enorme jardín cerrado con cientos de flores, plantas, árboles e incluso un pequeño arroyo.

Es mi lugar favorito de casa. Mi hermana pequeña Ashlin y yo pasábamos allí cada minuto libre.

Creo que también es el lugar favorito de Kimmie-Jayne.

Aunque no lo diga, sé que echa de menos el clima cálido de California.

—¿Y quién no?

—Si pudiera elegir, me quedaría con Los Ángeles antes que con Nueva York y, desde luego, antes que con la Corte de Invierno.

Cinder frunció las cejas.

—Quizá por eso Raine está tan enfadada. Si te pasaste todo el día con Drake en algún rincón precioso y apartado, lo más probable es que esté celosa.

Solté una carcajada.

—Bueno, pues no tiene por qué estarlo. Puede quedarse con su príncipe feérico si le apetece. El único interés que tengo en Drake Wintersbee es estrictamente mágico. La verdad es que es un gran profesor, y mis poderes responden muy bien cuando entreno con él.

—Bueno, me alegro por ti —dijo con una sonrisa—. Será mejor que prepare a Bella para la clase.

—Bien, nos vemos ahí fuera.

Eché un vistazo por encima del hombro cuando Cinder se alejó. Los brillantes ojos verdes de Raine seguían clavados en mí. Genial. Tendría que aclarar aquello pronto, porque lo último que necesitábamos era un drama romántico que hiciera saltar por los aires al equipo.

Ensillé a Zeus y lo llevé hasta el bloque de montar. Aunque es verdad que nuestra relación había mejorado, seguía sin fiarme ni un pelo del animal. Por suerte, aquel día pude meter el pie en el estribo y pasar la pierna por encima sin que ocurriera ninguna catástrofe.

Seguí al resto de mis compañeros hasta la pista climatizada junto al establo y empecé a calentar, trotando en círculos con Zeus.

Al otro lado de la pista, una mirada oscura se cruzó con la mía.

El desconocido esbozó una sonrisa encantadora que dejó al descubierto dos colmillos afilados.

Aquel vampiro seductor era sin duda nuevo en la clase; estaba segura de que no se me habría pasado por alto.

Además de aquellos penetrantes ojos carmesí, estaba para comérselo, y yo no era la única que se había dado cuenta.

Apolo se acercó trotando a nuestro lado, con el pelaje gris moteado brillante por el sudor. Drake siguió mi mirada antes de volver la vista hacia mí y torcer el gesto.

—Uf, otro Vampiro Real.

—¿Quién es?

—Uno de los rescatados de Carmen Rosa.

La Reina de los Vampiros Reales era la creadora de Scarlett y la vampiresa más poderosa de Azar. Aunque nunca la había conocido, por lo que había oído parecía una buena mujer.

—¿Así que acaba de convertirse?

Mi mirada fue del chico nuevo a Drake y de vuelta otra vez.

—Eso es lo que he oído. Otro hermano para Scarlett —dijo Drake. Soltó una risita, pero había algo sombrío en ella—. No son solo los demonios los que están causando problemas en el reino humano.

—¿Lo atacó un vampiro en el mundo humano?

Los ojos se me debían estar saliendo de las órbitas, porque noté que Zeus se tensaba debajo de mí. El unipeg estaba muy en sintonía con mis emociones.

—Así es.

La Sra. Thornberry dio una palmada y, por un momento, aparté mi atención del vampiro.

—Muy bien, vamos a hacerlos subir. Unas cuantas vueltas al circuito para empezar.

—¡ Ad litem ! —gritó Drake a mi lado. Las alas de Apolo se desplegaron, dejando al descubierto un arcoíris de colores bajo ellas.

Seguí su ejemplo y le susurré la misma orden a Zeus.

Para mi sorpresa, el unipeg me hizo caso.

Sentí un gusanillo en el estómago mientras ascendíamos tras Drake, pero no tardamos en alcanzarlo.

Sonreí satisfecha y le di una palmada al animal.

Si no supiera nada, pensaría que él y Apolo eran rivales.

No era descabellado. Ambos procedían de la Corte de Invierno.

Me acerqué a Drake mientras Zeus batía con calma sus enormes alas de ónix.

—¿Así que ahora los vampiros están atacando a los humanos?

Asintió.

—Y no son solo vampiros y demonios. He oído que incluso han pillado a unos cuantos cambiaformas renegados con sangre humana en las manos.

—Vaya.

—Ryder ha dicho que va a intensificar nuestro entrenamiento para que podamos salir pronto al mundo real.

Al parecer, el presidente de los Estados Unidos lleva ya un tiempo reuniéndose con la Asamblea de Etrian y está amenazando con aislar el reino humano del sobrenatural si nadie pone fin a los ataques.

Una sonrisa traviesa iluminó el rostro del príncipe.

—Estoy deseando salir ahí fuera —dijo Drake—. No he estado mucho en el mundo humano y tengo ganas. Al parecer, las grandes ciudades son las que están sufriendo la mayoría de los problemas: Nueva York, Los Ángeles, Miami... grandes núcleos urbanos de ese estilo.

Fruncí el ceño. No me extrañaba nada no haber sabido nada de Garrix. Las cosas debían de estar poniéndose muy feas si de verdad se estaba planteando cerrar los portales para siempre. Al fin y al cabo, él había sido uno de los principales impulsores de la unificación.

Raine y su unipeg, Othello, pasaron junto a nosotros. Ella me lanzó otra mirada cargada de reproche, lo que apartó mi atención de la batalla sobrenatural que se avecinaba.

—¿Y eso a qué viene? —le susurré a Drake.

Su expresión se volvió inescrutable.

—¿A qué te refieres?

—Raine lleva todo el día mirándome mal y no tengo ni idea por qué.

Se encogió de hombros.

—¿Y yo qué sé?

—¿No estáis saliendo?

Un ligero rubor tiñó sus pómulos marcados. Estaba todavía más guapo así.

—No estamos juntos ni nada por el estilo. Yo no salgo con nadie.

—Pues deberías decírselo. Lo último que necesito es verme envuelta en tu vida amorosa.

Drake apretó las riendas entre los dedos.

—Ya te he dicho que no hay nada en lo que pudieras verte envuelta. Raine y yo tenemos un acuerdo, y lo tenemos desde hace mucho tiempo.

—Pues por su mirada no parece que lo tenga precisamente claro.

—Luna, ¿es que no has aprendido nada de Hitched ? La realeza feérica no puede salir con quien le plazca. Yo, al igual que pasó en su día con mi hermano Elrian, no tengo más remedio que casarme por alianzas estratégicas y nada más. De hecho, ya estoy prometido.

Eché la cabeza hacia atrás de golpe y, una vez más, Zeus se tensó bajo mis muslos.

—¿Ya estás comprometido?

—Así es. Con la encantadora Miranda, de la Corte de Primavera —contestó Drake, haciendo una pausa sin sonreír, ni siquiera levemente. Supuse que no estaba muy satisfecho con el compromiso—. Raine lo sabe. De todas formas, nunca podríamos estar juntos de verdad.

—Pero Elrian también estaba comprometido antes de entrar en Hitched , y mira cómo acabó.

Apretó los labios en una fina línea y se le marcó el músculo de la mandíbula.

—Sí, con mi padre muerto y Elrian convertido en rey.

Los ojos de Drake se volvieron gélidos. Clavó la vista al frente y apretó los talones contra los costados de Apolo. Entonces el unipeg salió disparado hacia delante y, aunque Zeus sintió el impulso de seguirlo, yo lo retuve con fuerza. Un escalofrío me recorrió las venas.

¿Acababa de insinuar que su propio hermano había matado a su padre?

Me lo quité de la cabeza. No, no podía ser.

Siempre había oído que la realeza era despiadada, pero ¿matar a tu propio padre?

Tomé nota mental de preguntárselo algún día a Kimmie-Jayne.

Si alguien sabía exactamente lo que había ocurrido en realidad, esa era mi hermanastra.

Hacía más de una semana que no sabía nada de ella, lo cual era raro. Normalmente era muy constante con sus mensajes semanales para ver qué tal iba todo.

Mientras Zeus surcaba el cielo siguiendo el circuito de vuelo, me pregunté hasta qué punto conocía realmente al príncipe feérico. ¿Y hasta qué punto lo conocía nadie?