Capítulo 3 #2
Ante nosotros se extendía una pradera atravesada por un manantial burbujeante. La luz del sol centelleaba sobre el agua y se reflejaba en interminables hileras de narcisos.
—¿Cómo es posible?
Era como contemplar un espejismo en mitad del desierto. Un oasis cálido en medio de aquel páramo helado. Sus ojos brillaron.
—Magia, por supuesto.
No esperé ni un segundo más y eché a correr sobre la hierba suave y mullida. Me quité el abrigo de invierno mientras avanzaba. Aquel clima templado era perfecto para darse un chapuzón en el estanque cristalino. Ojalá Drake me hubiera dicho que trajera un bañador.
—¿Y esto ha estado aquí todo este tiempo? ¿En serio he soportado un invierno interminable durante meses cuando esta maravilla estaba a apenas un kilómetro y medio de la academia?
—Así es.
—Eres un auténtico imbécil, ¿lo sabías?
Le di un puñetazo en el hombro y me arrepentí. Drake no era ni de lejos tan corpulento como Ryder, pero bajo aquella figura esbelta se escondían unos músculos definidos.
—Tenías que ganártelo, humana —dijo. Se encogió de hombros, con los labios curvados en una sonrisa irónica—. Lo has hecho bien. Y ahora te has ganado estar aquí.
Puto engreído.
Al llegar a la orilla del estanque, me quité las botas y los calcetines rápido y metí los pies en el agua. El calor me alivió los pies doloridos y entumecidos después de la larga caminata. No pude evitar el gemido de placer que se me escapó al dejarme caer sobre la hierba.
La mandíbula de Drake se tensó y se cruzó de brazos, con la vista fija al frente.
—Gracias.
Levanté la vista hacia él; el sol hacía brillar su cabello platino.
—No me des las gracias todavía. No te he traído aquí solo para pasar el rato. Tenemos trabajo que hacer.
Gruñí.
—¿En serio?
—Este es el lugar perfecto para perfeccionar tus habilidades con la magia del agua.
Había visto de lo que era capaz Drake con el agua, y era realmente impresionante. Podía captar la humedad del aire, congelarla y convertirla en proyectiles letales. No quería ni imaginar lo que podría hacer con todo un estanque para él solo.
—De acuerdo. Y después de practicar, ¿podré darme un baño?
Extendió la mano.
—Trato hecho.
La tarde pasó en un abrir y cerrar de ojos y, para cuando el sol empezó a ponerse, estaba empapada de pies a cabeza y agotada. Pero sin duda había valido la pena. Estaba sentada con Drake a la orilla del estanque y los últimos rayos de sol me acariciaban los hombros.
Al final me había metido en el agua en camiseta de tirantes y ropa interior. Unos meses antes, ni muerta me habría dejado ver en ropa interior ante Drake Wintersbee, pero, al pasar tanto tiempo con los supes, se me había terminado pegando su pasotismo con la desnudez.
Drake se apoyó en los codos y se tumbó sobre la hierba, vestido solo con unos bóxers ajustados.
No pude evitar recrearme en el cuerpo esculpido del príncipe feérico.
Su piel brillaba como el alabastro bajo los tonos cobrizos del sol poniente.
La tensión que marcaba su mandíbula había desaparecido, y ahora una leve sonrisa le suavizaba las facciones.
—¿Vienes mucho por aquí? —le pregunté.
—Este año no he tenido mucho tiempo; cierta humana ha acaparado la mayor parte de mis horas de vigilia, pero antes venía a menudo.
—Lo siento —murmuré. Quizá por eso había estado tan malhumorado desde que lo conocí—. Sabes, podría ayudarte a encontrarla. A la persona que mató a tu padre.
Me miró, y la sonrisa más sincera que le había visto hasta entonces iluminó su rostro.
—Gracias. Te lo agradezco, pero, como ya te he dicho, lo he superado. He decidido que hay cosas que es mejor no saber.
—¿De verdad lo crees?
Yo había pensado lo mismo sobre mis padres biológicos. Me había convencido de que era mejor no saber la verdad, pero ahora no había nada que deseara conocer más.
Drake se encogió de hombros.
—Por ahora, sí —contestó. Su mirada descendió hasta la marca de mi pecho, y un cosquilleo me recorrió la piel—. ¿Y tú? ¿Tu misterioso padre sigue intentando que te la quiten?
—Síp. Cillian dijo que se estaba ocupando del tema.
—¿Alguna vez me vas a decir quién es tu padre? Es lo mínimo después de que te haya contado mis secretos —dijo Drake, con el ceño frunciendo—. Ya sabes a qué me refiero... los humanos tenéis un don. Ni siquiera sé cómo has conseguido sacarme toda esa información.
—Quizá sea mi poder secreto.
Le guiñé un ojo y evité responder a la pregunta.
Drake se incorporó y se inclinó hacia mí.
—Sabes que podría sacártelo si quisiera.
Me eché un poco hacia atrás. Estaba segura de que podía hacerlo. Tenía que existir algún hechizo para arrancar la verdad en alguno de nuestros muchos libros de texto.
—Cillian y Ryder creen que es más seguro para mí —dije—, y para todos los demás, mantenerlo en secreto por ahora.
Drake gruñó y volvió a tumbarse.
—Está bien. No te presionaré... por ahora. Lo último que necesito es que vengan más demonios a por ti. Te has vuelto una responsabilidad a tiempo completo, humana.
Quizá fueran imaginaciones mías, pero habría jurado que el tono de desprecio con el que pronunciaba la palabra «humana» se había suavizado. Ya no sonaba tanto como un insulto.
Me tumbé y respiré hondo, decidida a disfrutar hasta el último minuto de calor y sol antes de que me arrastraran de vuelta por el gélido bosque.
Al girar la cabeza, me encontré con los iris lilas de Drake.
—¿Prometes traerme aquí otra vez?
—Te lo prometo.