El equilibrio de las sombras 7
60%

7

—¡Si insistes en jugar a ser el protector de los humanos, te romperé las piernas y te arrastraré! —siseó.

Mery, tras deshacerse por fin de los últimos soldados de humo, corrió hacia Kaelen. Los dos se colocaron uno al lado del otro frente a la hechicera, las espadas

— una gris y otra violeta — entrecruzadas en una postura defensiva perfecta, listas para el enfrentamiento que decidiría el destino del palacio.

El salón del trono contuvo la respiración cuando las dos energías chocaron.

Morgana disparó una lluvia de agujas de sangre condensada, pero Mery y Kaelen se movieron en perfecta sincronía.

Mery levantó una barrera de niebla gris que frenó los proyectiles mortales, mientras que Kaelen, impulsado por el vigor violeta que despertaba en sus venas, avanzó como un borrón, rompiendo las agujas restantes con golpes precisos de su espada imbuida.

La hechicera pelirroja retrocedió, flotando hacia el techo destrozado del salón. El odio en sus rasgos era casi palpable.

— ¡Sois una herejía! —gritó Morgana, con las venas del cuello hinchadas mientras canalizaba más niebla hacia el ambiente, intentando asfixiarlos.

— ¡La sangre de las sombras no debería servir a los mortales, y el General no debería inclinarse ante una corona de carne!

Kaelen sintió cómo la presión de la magia de ella intentaba invadir sus pensamientos de nuevo.

La cicatriz de su muñeca izquierda palpitó con fuerza, enviándole un pinchazo de dolor directamente al cerebro.

Por un instante, las paredes del palacio blanco parecieron tambalearse, sustituidas por la imagen ilusoria de las torres negras de la Reina.

Se tambaleó, con la hoja de acero común pesando en sus manos.

— —¡Kaelen! —el grito de Mery resonó a su lado. Ella no lo tocó con la espada, pero su mano libre sujetó con firmeza el hombro del capitán. Su energía plateada y gris fluyó hacia él, no como un ataque, sino como un ancla—. Mira las piedras. Mira al suelo. ¡Estás en casa!

El impacto de la magia de Mery actuó como un jarro de agua fría en la mente de Kaelen. Parpadeó, y el púrpura opaco de sus ojos se fijó en la princesa. La ilusión se desvaneció.

Con un rugido que mezclaba la furia del general y la determinación del capitán, Kaelen clavó la espada en el suelo de mármol.

La energía violeta que había absorbido se expandió por el suelo como grietas de luz, chocando directamente contra la base de la niebla de Morgana y disipando los espectros restantes que acorralaban a los guardias reales.

Mery aprovechó el momento de distracción de la hechicera. Saltó sobre el pedestal del trono y, aprovechando el impulso, se lanzó por los aires en dirección a Morgana. Su

espada gris trazó un arco de oscuridad pura que atravesó la barrera de humo rojo de la bruja.

La hoja de Mery desgarró el hombro de Morgana.