El enigma de los pétalos rojos Capítulo 10
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Capítulo 10

Hoy es uno de esos días en los que la tristeza me invade, no me gusta que me vean débil así que decido arreglarme para levantar mi ánimo.

Trato de despejar mi cabeza concentrándome en mí, al verme en el espejo recuerdo lo que me dijo Eduardo la primera vez que estuve en su auto, que era sensual, oscura y algo triste como la canción que estábamos escuchando, ese día me perturbó su confesión, antes no era ninguna de esas tres cosas, era una muchacha simple con aspiraciones mediocres y muy inocente, ahora siento que estoy mutando constantemente como si todo el tiempo necesitara reconocer a la desconocida que veo en el reflejo.

Me pregunto cuál de mis dos versiones prefiere Eduardo, la dulce Alexa o la atormentada Bruna.

Ya estoy lista para salir y me gusta el resultado, elegí un vestido blanco entallado que describe muy bien mi figura, casi me lo quito por lo grande que me hace lucir los pechos, pero estoy algo retrasada así que mejor me lo quedo, los tacones de aguja también son blancos con detalles dorados y textura de piel de serpiente y los accesorios son delicados y sofisticados como el vestido, ahora sí puedo salir con actitud de comerme al mundo.

El tráfico de Río es horrible, voy llegando como media hora tarde, la puntualidad y el orden no son mi fuerte definitivamente.

Al subir al ascensor de la empresa percibo su perfume, es increíble como va dejando su aroma por donde pasa, se me eriza la piel, ahora que sabe quién soy, todo es diferente.

Al llegar a las oficinas camino con paso firme de mujer empoderada, puede que sea tarde pero no hay que perder la postura, saludo a todos de forma amable y me llama la atención no ver a Eduardo, mejor así, quiero tener tiempo de prepararme mentalmente para poder reaccionar con naturalidad cuando nos encontremos.

Entro en mi oficina revisando en el móvil la agenda del día y de repente me quedo de piedra...

—Llegas tarde— me dice Eduardo, ignorando el susto que me ha dado su presencia. Está sentado en mi silla con pose de gran señor y actitud de perdonavidas, lo de empoderada se lo acaba de llevar el viento, cuando está así hasta da un poquito de miedo.

—¿Qué haces en mi oficina?— le pregunto totalmente intrigada y molesta.

—Te estaba esperando, ¿se puede saber por qué has tardado tanto?— responde taladrándome con la mirada.

—Ha sido una mañana complicada— mi voz casi que parece condescendiente.

—En media hora tenemos la reunión con los alemanes, prepara los documentos y ten lista la presentación—

Mis ganas de matarlo crecen cada segundo, me podía haber escrito para avisarme que iba a ser hoy, lleva tiempo corriendo esta reunión y ahora de la nada llego y tengo media hora para tener todo pronto.

Por suerte conozco bien el producto y tengo todo lo que necesito organizado, pero no me gusta que juegue así con mis tiempos y con mi trabajo.

Hago una respiración profunda para comportarme como la profesional que soy y no mandarlo a la mierda.

—Muy bien, en media hora tendré todo listo— estoy quieta esperando a que se retire, pero sigue sentado en mi silla observándome, puedo ver cómo el brillo de sus ojos cambia, ya conozco su mirada lujuriosa, siento como si se formara un campo magnético entre los dos, no hablamos, solo nos miramos, sus hermosos ojos verdes recorren mi cuerpo con deleite, me desnuda, nunca un hombre me había provocado tanto sin tocarme, necesito romper esta burbuja y que se marche YA.

—¿Necesitas algo más?— pregunto ansiosa.

—Tienes que cambiar el vestido

—¿Qué? No entiendo a qué te refieres— me esperaba que dijera cualquier cosa menos eso, mi vestido no tiene nada de malo.

—Me has escuchado muy bien, Bruna, así no vas a ir vestida a la reunión— estoy contando para no arrojarle el móvil por la cabeza, su prepotencia está acabando con mi paciencia.

—¿Se puede saber cuál es la justificación para que hagas esa exigencia tan fuera de lugar?—

Se levanta con su habitual elegancia y se acerca dejándome a cada paso más cardiaca, quiero alejarme, pero mis pies no se mueven, los dedos de su mano derecha recorren mi espalda hasta llegar a la curva de mi trasero, me tiene atrapada y sus ojos cargados de deseo me reclaman.

—Este vestido lo vas a usar solo para mí— responde descaradamente, dejándome con la boca abierta—. Te espero en la sala de reuniones, recuerda que tienes media hora— quise responder, pero cuando pude reaccionar ya se había marchado, será creído de ordenarme que use un vestido solo para él.

Me quedé parada frente al escritorio fantaseando que Eduardo me arranca el vestido y me hace el amor aquí mismo sin importar que nos puedan ver, mis contradicciones ya están rayando en la locura.

Pasada la media hora me dirijo a la sala de reuniones, antes de salir miro con dudas el traje que tengo guardado para emergencias, tras meditarlo brevemente lo dejo donde estaba.

Al llegar Eduardo me está esperando en la puerta y me mira con una sonrisa maliciosa, quisiera leer sus pensamientos para saber que está planeando, él no pasa nada por alto, mucho menos una provocación mía.

—¿Trajo todo lo que le ordené, señorita Moretti?

—Sí, señor Belmonte, incluso el vestido que insistió tanto que usara— una parte de mí disfruta molestarlo, eso no lo puedo negar.

—Tu desobediencia será castigada, no lo olvides— me susurró al oído con un tono tan sombrío y sensual que me provocó una fuerte ola de calor por todo el cuerpo. Hoy esperaba cualquier actitud de él menos esta.

La llegada de los alemanes interrumpió el momento y eso me dio cierto alivio, aunque no dejo de pensar a qué castigo se refiere, sé que Eduardo no es un hombre convencional, mucho menos en el sexo, él sabe jugar con mi cuerpo y con mi mente, ya casi me estoy arrepintiendo de no haberme cambiado de vestido.

La negociación con los alemanes está siendo complicada y tensa. Lo bueno es que Eduardo es un excelente negociador y los está llevando a donde quiere. Yo ya hice mi parte, la presentación quedó excelente, pero todo siempre se complica cuando intervienen los números.

—Nos volveremos a reunir la próxima semana para evaluar su propuesta, les informo que quien tiene la palabra final para cerrar el trato es la señorita Moretti, es a ella a quien deben convencer— dice de repente Eduardo, dejándome totalmente desconcertada, yo no tengo la autoridad para tomar ese tipo de decisiones, no entiendo por qué hace esto.

—Señor Belmonte, una decisión como esta no la debe tomar una ejecutiva de rango inferior, ¿no le parece?— responde uno de los alemanes, irritado por las palabras de Eduardo.

—Le aseguro, señor Bauer, que la señorita Moretti no es una ejecutiva de rango inferior y está altamente capacitada para tomar este tipo de decisiones.

El señor Bauer que parece un hombre muy tradicional, de la época en que las mujeres no hablaban, salió indignado junto con su equipo de la sala de juntas.

Ante la sorpresa me mantuve en un segundo plano esperando quedar a solas con Eduardo para entender su decisión, si me gusta que me de esa clase de poder y que me defienda como lo hizo, pero me importa más el bienestar de la empresa y no me siento lista para tomar las riendas de algo tan importante.

—¿Se puede saber por qué hiciste eso?— digo preocupada—. Sabes que no tengo la experiencia para tomar una negociación tan importante.

—Bruna, eres la verdadera dueña de esta empresa, tienes que dejar de actuar como si fueras solo una empleada, voy a prepararte para cuando llegue el momento y tomes el lugar que te corresponde como CEO.

—No creo que eso llegue a ser posible, tus padres nunca lo permitirán.

—¿Mis padres? No entiendo por qué incluyes a mi madre en este asunto.

Le prometí a Caro no contarle nada a Eduardo, en el momento pensé que lo mejor es que no supiera y ahora pienso que quizás es injusto que no sepa la verdad del pasado de nuestros padres.

—Hay algo que supe recientemente que explica muchas cosas del pasado de nuestros padres.

—¿De qué hablas? ¿Hay algo peor de lo que ya sabíamos?— el cuerpo de Eduardo comenzó a tensarse, se nota que está molesto y estará peor cuando le cuente todo, yo también estoy alterada y no consigo comenzar a hablar.

—Bruna, habla ya, ¿qué fue lo que descubriste?

—Tu padre y mi madre fueron amantes, querían huir juntos, pero ella quedó embarazada de mí en un viaje de vacaciones que hizo con mi padre, Bárbara descubrió el romance que tenían por una carta que le envió mi madre a Caetano y lo chantajeó para que hiciera que mis padres se marcharan de Brasil— hablé muy rápido por los nervios, la expresión de Eduardo es de incrédulo, yo pasé por el mismo trance cuando supe todo.

—¿Estás segura de todo esto?, ¿cómo te enteraste?— puedo percibir su ira cuando habla, me acerqué y tomé sus manos para que se calmara.

—No te puedo decir, pero sí estoy segura, todo esto es muy difícil para los dos, probablemente nos queden cosas peores por descubrir, ¿ahora entiendes por qué estoy segura de que tus padres no permitirían que algún día yo dirija esta empresa?

—Sí, pero mi madre... ella no puede ser una mentirosa, no lo entiendo, lo siento mucho, Bruna— hace una pausa y por un momento mira hacia el techo como si se sintiera perdido— entendería que me odiaras, igual que los odias a ellos— es extraño ver a Eduardo avergonzado, está sumamente triste y decepcionado.

—Jamás te odiaría, nosotros no tenemos la culpa de sus acciones, además mi madre también es culpable, quizás la peor de todas.

—Sé que tienes miedo de ponerme en peligro, pero entiende que te necesito, déjame protegerte, Bruna, déjame ayudarte.

—Me confundes cuando hablas así.

—¿Por qué crees que siempre te busco?— me acaricia extasiado—. Ocupas todos los espacios de mi vida, no es solo deseo, eres mucho más, tú eres lo más real que he conocido.

—¿Dónde va a terminar todo esto?