Capítulo 8
Llevo varias noches sin dormir, desde mi último encuentro con Eduardo no lo he vuelto a ver, se fue de viaje y sin él mi mente queda sin distracciones, una parte de mi lo necesita para no recordar Italia.
Otra vez marco el número de Tigre, le contaría tantas cosas, los Belmontes en apariencia son buenos y no han hecho nada para que desconfíe, aun así, me mantengo alerta, observo a los extraños con desconfianza e incluso me he sentido vigilada.
Estoy en mi cama con los ojos bien abiertos escuchando cada ruido del edificio, puertas que se cierran y abren, murmullos y el ascensor en su constante sube y baja.
Trato de meditar, hago todos los trucos posibles para poder dormir y nada, mi mente sigue acelerada con un montón de pensamientos que llegado a cierto punto se vuelven incoherentes.
Cierro los ojos y lo busco en mis recuerdos, mi última noche en España en el club, aquí cuando todavía mi vida era normal, mis manos otra vez son guiadas por él y mi cuerpo dominado de deseo responde, gemidos y estremecimientos, silencio...
Todo se eleva, me acelero, cada vez más y más, intensifico como lo pide en mi cálida humedad él manda, posee, toco la muerte hasta que por fin todo se apaga.
“Ripenserai agli angeli Al caffè caldo svegliandoti Mentre passa distratta la notizia di noi due”
La música de Tiziano Ferro me devolvió a la realidad. Una hora más tarde ya estoy inmersa en el ejercicio, por suerte como esperaba estoy sola, me pongo los auriculares y escucho a los Imagine Dragons a todo volumen mientras corro en la caminadora, hacer cardio con música cañera es liberador.
Hacía tiempo no me agotaba tanto, todavía me quedan unas tres horas libres antes de entrar al trabajo, me doy una ducha caliente en los baños del gimnasio que relaja mis músculos, ahora me siento más tranquila y quizás logre dormir.
Cuando salgo de la ducha envuelta en una toalla escucho ruidos, eso me asusta porque no hay señales de que haya entrado nadie.
Hay una ducha abierta en el baño de los hombres, quizás quedó así del día anterior, comienzo a caminar con cautela en dirección al sonido del agua, estoy acongojada, pero tengo que comprobar que no se trate de ningún intruso.
La ducha que está abierta es la del final del pasillo, ya me siento como en una película de terror, quizás esté paranoica, hago una respiración profunda y camino decidida, al llegar quedo paralizada con lo que veo.
— Bruna, ¿qué haces aquí? — mierda, mierda, mierda, es Eduardo totalmente desnudo y mojado, quiero salir corriendo, pero los pies se me quedaron pegados al suelo.
— Yo, yo— comienzo a balbucear— lo siento pensé que no había nadie, no quería… bueno me voy— doy media vuelta para irme, pero Eduardo me atrapa y me mete a la ducha con él.
— Así que ahora me espías, es usted una descarada señorita Moretti— susurra en mi oído mientras me aprisiona contra la pared.
— No te espío, pensé que estaba sola en el gimnasio y me asusté cuando escuché la ducha-
— Estaba entrenando en el segundo piso, también pensé que estaba solo, pero me encanta que estés aquí— quise protestar, pero Eduardo me calló con un apasionado beso, el contraste de la ducha fría y el calor de su cuerpo me hicieron perder la cabeza, nos deseamos, nos tentamos, es una guerra que no termina.
— Dios, eres deliciosa, me vuelves loco-
— Déjame ir, esto no está bien— su mirada lujuriosa me hizo saber que no pensaba soltarme, tomó mi mano y la llevo hasta su erección, con timidez y curiosidad deslicé mis dedos por su falo y vi en su expresión morbo y placer.
— Estoy buscado una rosa roja, ¿crees que la encuentre si te quito esta toalla? – oh no, está hablando mi tatuaje en el pubis, lo había olvidado por completo, si lo ve me va a descubrir, tengo que salir de aquí.
— No hay nada que encontrar, déjame salir, no quiero nada contigo— intenté empujarlo para salir, Eduardo me sujetó por el cuello sin lastimarme pero lo suficientemente fuerte como para que no me pudiera mover, con suavidad me quitó la toalla y esta calló al suelo dejándome expuesta, ya no tengo barreras para ocultarme, mi pecho sube y baja ante la expectativa de lo que pasará ahora, sin decir nada acaricia mi tatuaje, luego se agacha y lo besa, coloca mi pierna derecha sobre su hombro y comienza a devorar mi sexo, al sentir su lengua empiezo a gritar, siento que voy a perder el equilibrio pero él me tiene sujetada con fuerza, hace pequeños círculos en mi clítoris, lo chupa, lo muerde y luego sopla ligeramente en mi vagina, el aire frío hace que se me erice la piel, se detiene para mirarme de forma triunfal.
— no pares, por favor, no pares— le suplico, me agarra con más fuerza y vuelve a asaltarme, muevo las caderas para sentir más profundidad, su lengua explora mi sexo dejándome sin aliento, tengo que sujetarme a las paredes de la ducha para no caer, cuando estoy a punto de llegar al orgasmo se detiene y me mira desafiante, luego se levanta me da la vuelta con brusquedad y me pega un fuerte azote en la nalga que me queda picando, quise protestar, pero me sorprendió con otro igual de fuerte.
— Tenemos que hablar preciosa— susurró en mi oído con un tono denso.
Salimos del gimnasio en silencio y estuvimos así todo el recorrido hasta llegar a su casa, me sorprendió lo cerca que está de mi edificio, prácticamente somos vecinos.
En cuanto entramos pude notar que la decoración tenía el sello de Eduardo, todo era sofisticado con toques sensuales, predominaba los grises y dorados, todo está de forma impecable en su lugar o sea lo opuesto a mi desorden.
Eduardo tomo mi mano y me llevó al minibar, me preparó un gin-tonic y él se sirvió whisky doble sin hielo.
Tomé mi trago como si fuera agua, necesitaba algo que me diera el valor para hablar.
— Después de nuestro encuentro en el club— comienzo a contar sin mirarlo a los ojos— fui a Roma a visitar a mi padre, todo estaba bien, él me contó algunas cosas de su trabajo que me preocuparon, pero no pensé que fuera tan peligroso y…-
— Sé lo que pasó con Carlos y lo siento mucho, yo estuve allí también, lo vi todo— la revelación de Eduardo me hizo levantar la mirada, mil cosas se me pasan por la mente y ninguna buena.
-No lo entiendo, ¿tú que tienes que ver en todo esto? –
— Estaba en Madrid por negocios cuando nos conocimos, luego fui a Roma a visitar a Carlos, quería mostrarle algo que encontré en la contabilidad de la empresa que me alarmó-
— ¿Y por qué se lo querías mostrar a mi padre a espaldas de Caetano?
— Temía que de alguna manera mi padre estuviera detrás de todo, cuando le mostré que había señales de lavado de dinero no me quiso escuchar, despidió al contador que me dio la información y no se habló más sobre el tema, no quise quedarme de brazos cruzados y fui a hablar con el socio mayoritario de la empresa, tú padre— di un paso hacia atrás para alejarme, el corazón se me está por salir del pecho.
— Caetano me dijo que mi padre era el dueño de la mitad, no el socio mayoritario-
— Carlos fue quien creó la compañía junto con tu madre, luego mi padre se sumó y juntos la hicieron crecer, tenían el acuerdo de que mi padre se haría cargo de hacerla crecer en Latinoamérica y Carlos en Europa, por lo que sé cuándo tú madre se marchó Carlos dejó de interesarse por la empresa-
— Ya no sé qué creer, cada vez que me entero de algo es solo una pieza más del rompecabezas-
— Puedes confiar en mí, quiero descubrir la verdad tanto como tú.
Cuando hablé con tu padre pude notar que se alteró; al parecer descubrió algo en la contabilidad de la empresa que lo petrificó, pero no me dijo nada, solo quedamos en reunirnos al día siguiente y me advirtió que no hablara con nadie—
— Esa reunión nunca pasó, al otro día lo asesinaron— digo con pesar y las lágrimas recorren mis mejillas, Eduardo me abrazó con fuerza y me acurruqué en su pecho.
— Cuando estaba en la oficina de Carlos, vi tu foto; no te imaginas la sorpresa que me llevé, la chica que me dejó plantado en el club era la hija del socio de mi padre—
— ¿Tú robaste la foto? – le pregunto curiosa recordando la foto que había desaparecido cuando visité a mi padre aquel día.
— Sí y aún la tengo junto con la nota que me dejaste, ¿por qué te fuiste esa noche? –
— No lo sé, todo fue perfecto, supongo que no quería atarme a una fantasía, tenía planeado un cambio de vida, iba a trabajar en Alemania y un romance no entraba en mis planes-
— Fui a buscarte en cuanto supe donde vivías, pero cuando llegué ya estaba la policía, los bomberos y ambulancia, tú casa se estaba incendiando, dijeron que la mafia los había asesinado, creí que habías muerto, vi como sacaban el cuerpo y después apareces aquí con un nombre falso y totalmente diferente-
— Para mí también fue una sorpresa que fueras el hijo de Caetano, tuve miedo de que me descubrieras, pero después me trataste con indiferencia y pensé que no me recordabas-
— Nunca te olvidé, cuando regresé a Brasil culpé a mi padre de lo que había pasado, lo acusé de estar involucrado, pero él negó todo, me contó que ya se había solucionado lo del lavado de dinero y el responsable estaba preso, al parecer fue un empleado-
— Crees que sea la verdad, quizás solo manipuló la situación-
— No sé qué pensar, hace muchos años que no confío en él, dime una cosa, ¿cómo fue que sobreviviste y llegaste aquí? –
— Gracias a Tigre— Eduardo puso cara de no entender nada en cuanto lo dije— Tigre fue mi ángel guardián, mi padre dejó todo un plan preparado en caso de que algo le pasara, Tigre fue quien me sacó de él país, me cuidó y me salvó incluso de mí misma-
— Parece que se hicieron íntimos-
Camino pensativa, estoy al borde de un ataque de pánico, si lo que Eduardo dice es verdad entonces nunca he estado a salvo, a Caetano más que a nadie le convenía la muerte de mi padre, necesito a Tigre más que nunca...
— ¿Pasó algo entre ustedes? – había cierto tono de celos en su voz.
— No, solo éramos dos personas rotas, dos parias-
— Siento que hayas sufrido tanto, de saber que estabas viva te hubiera protegido, pero ahora estás aquí y quiero ayudarte a encontrar la verdad-
— Ya no sé si quiero saber la verdad, todo esto destruyó mi vida – me sirvo otro trago que quema mi garganta.
— Entiendo que es difícil pero no te puedes pasar la vida ocultando quién eres— en cuanto lo dice me aparto de él furiosa, no le estoy contando mi vida para que me juzgue.
— Tú no entiendes nada, acaso sabes lo que es estar despidiendo a dos personas que amas, que hacía unos minutos estaban riendo contigo en la mesa y se suben a un auto que explota frente a tus ojos sin poder hacer nada— Eduardo intenta acercarse pero no lo dejo y sigo gritando de forma desenfrenada— no sabes lo que es que te obliguen a desaparecer, que te borren como si nunca hubieras existido, no sabes lo que es que la persona que más amas te haya mentido toda la maldita vida, así que no me digas que me entiendes y no te atrevas a juzgarme -
—¡ Mírame!— me grita furioso— si no haces algo nunca vas a recuperar tu vida.
No sabes quiénes son tus verdaderos enemigos; ni siquiera vas a saber, cuando estés en peligro, cómo defenderte.
No pienso permitir que te quedes detrás de una máscara; dime cuándo fue la última vez que usaste tu nombre sin miedo a que te pudieran descubrir; dime, Bruna, contesta— sé que él tiene razón, pero no tengo fuerzas para seguir con esto, solo quiero descansar y que todo desaparezca.
Siento que me voy a caer, pero Eduardo me sostiene y me limpia las lágrimas.
—Di tu nombre— insiste haciéndome quedar de pie— di tu nombre— se hace un silencio entre los dos y en mi cabeza se empiezan a cruzar montones de recuerdos, algunos felices y otros desgarradores; dentro de mí creció una fuerza que hace mucho había desaparecido: mi verdadera identidad.
— Me llamo Alexa— consigo pronunciar al fin— me llamo Alexa Messina— en cuanto lo digo siento que me libero de un gran peso, por un momento otra vez vuelvo a ser yo y la impostora desaparece.
Me tiemblan los labios al mencionar mi nombre, no recuerdo la última vez que alguien lo escuchó, soy Alexa, la chica de rizos negros que amaba visitar Roma, que besaba a Renato y reía con Georgina, esa soy yo, una Messina.
— No puedes dejar que nadie te borre, juntos vamos a encontrar una forma de solucionarlo, no estás sola, nunca más vas a estar sola— comenzamos a besarnos, esta vez de una forma tranquila, sin prisas, sin enfrentamiento, solo disfrutábamos de la intimidad y de lo bien que se sentía estar juntos.
Eduardo me llevó a su recamara y me fue desnudando poco a poco, luego me volvió a abrazar, acariciaba mi espalda y me daba tiernos besos en el cuello, se siente tan bien entre sus brazos, parece que al fin encontré mi refugio, nos comenzamos a tocar, queriendo hacer un mapa en el cuerpo del otro, era como descubrirse y ser una nueva persona, esta vez en su mirada había adoración, se sentía aliviado de que estuviera con él.
— Eres mi obsesión Alexa, mi enigma, no pienso dejarte ir-
Su boca era una declaración de guerra en mi piel, cada caricia me traía de vuelta a la vida. Mientras él susurraba mi nombre yo sonreía y lloraba. Llegamos juntos a nuestro paraíso y ahí en sus brazos me rendí, dejé de estar alerta, entendí que por ahora estaba a salvo.