El enigma de los pétalos rojos Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

Esta situación es un clásico “trágame tierra”, no puedo tener tan mala suerte de tener que compartir el viaje con Eduardo y miss universo, tengo que encontrar la manera de librarme de semejante tortura.

— No se preocupen, puedo pedirme un Uber o tomar un taxi, seguro Eduardo y Carolina tendrán cosas que hacer, no se tienen que desviar por mi-

— A esta hora no vas a tomar un taxi, es peligroso, voy a dejarte en tu casa y luego dejo a Carolina— su tono autoritario colma mi paciencia.

— Se cuidarme sola, Rio no es más peligrosa que otras ciudades en las que he estado así que no debes preocuparte por mí-

— Imposible no preocuparse, tu terquedad no tiene límites— que ganas de lanzarle un tacón por la cabeza, ahora resulta que soy una terca insoportable y además roba maridos, que le habré hecho para que me desprecie tanto.

— Bruna hija acepta que mi Eduardo te lleve así Caetano y yo nos quedamos tranquilos, estás muy llamativa para andar sola a estas horas— con este pedido por parte de Barbara no me queda otra que claudicar, de todas formas, ya me han pasado cosas peores.

— Está bien, acepto para que se queden tranquilos-

Minutos después ya estaba en el asiento trasero del auto de Eduardo, otra vez puso esa música oscura, entiendo que le guste, es seductora como él.

El viaje hasta mi edificio es un poco largo y como me temía la Caro empezó a parlotear.

— Edu, no sabes lo que me dijo hoy Lucía-

— ¿Qué pasó ahora? –

— Nada, que quiere regresar conmigo, dice que me ama, que me extraña y que nunca más va a ser infiel— en cuanto la escucho mi cerebro explota, parece que Carolina es lesbiana, ahora entiendo menos su relación con Eduardo.

— Escucha Caro, ya sabes que no me gusta lo mal que se porta Lucia contigo, la última vez que se separaron la pasaste muy mal y tú te mereces algo mejor-

— Lo sé Edu, pero yo la amo y eso es para siempre-

— Nada es para siempre— me quiero morder la lengua en cuanto abrí la boca— no te puedes aferrar a las personas porque se van, si quieres ser feliz aprende a estar sola-

— Brunis si hasta parece que le lees la mente a este grandulón, Edu me dice lo mismo, pero yo soy bien boba y siempre caigo— ahora no sé si me da pena o ternura, esta niña todavía no conoce el amor propio.

— No me lee la mente, pero si es un poco bruja— como siempre este fastidiando el momento.

— Bueno Caro, mi consejo de bruja es que te tomes un tiempo para sanar y pienses si de verdad amas a Lucia o solo estás atada a la situación por miedo a soltar y a comenzar de nuevo-

— No lo había pensado así, tienes razón mejor no regreso con Lu ahora— respondió Caro convencida.

— Increíble que te convenció con dos palabras y yo llevo un año diciéndote lo mismo-

— Edu no seas celoso, ahora Brunis también es mi amiga y entre chicas nos entendemos— la cara de Eduardo es un poema, pero no está molesto, al contrario, parece agradecido de que haya ayudado a su amiga.

El resto del viaje fue tranquilo, por suerte no estuvo tan incómodo como lo imaginé, fui mala juzgando a Carolina, quizás me puse un poco celosa, aunque no me guste reconocerlo.

En cuanto llegamos a mi edificio Eduardo se bajó para abrirme la puerta e insistió en darme su saco porque hace frío a esta hora, me despedí de Caro y quedamos en que nos íbamos a juntar, una nueva amiga va a ser refrescante.

— Te acompaño hasta a tu apartamento— insistía Eduardo

— No es necesario, ya hiciste mucho con traerme-

-Insisto, dije que te iba a dejar en la puerta de tu casa y es lo que pienso hacer— parece que al gran señor no le gusta fallar en su palabra, como es inevitable decirle que no, acepté que me acompañara.

Me perturbó que me tomara la mano, nuestros dedos se entrelazaron creando cierta electricidad.

No me soltó en ningún momento hasta llegar a la puerta de mi apartamento, el calor de su piel y su compañía sacude mi universo, no me permito ser romántica, sin embargo, su protección hace mella en lo más profundo de mi ser.

Cuando se iba a ir lo detuve, es el momento para aclarar que no tengo nada con su padre.

— Eduardo espera, hay algo que quiero decirte-

— ¿Pasa algo? –

— No, bueno sí, es que te escuché hace unos días en tu oficina hablando con Caro, sé que piensas que tengo algo con tu padre, pero eso…

— No tienes que darme explicaciones-

— ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil contigo? — digo exasperada— estoy tratando de explicarte que no tengo nada con tu padre y ni siquiera me escuchas-

— Da igual si tienes algo con mi padre o no, sé que algo ocultas y eso hace imposible que confíe en ti-

— Muy bien, si insistes en ese delirio de que oculto algo entonces haz que me despidan, así no tienes que tolerarme más-

— Eso no es lo que quiero-

— ¿Y entonces qué quieres de mí? –

Se acercó, quedé atrapada entre su cuerpo y la puerta de mi apartamento, su respiración está agitada, en su mirada hay una mezcla de furia y deseo, a cada segundo que pasa mí respiración también se acelera, tenerlo tan cerca aviva todos mis sentidos.

— Quiero la verdad, quiero saber si eres tú— sus palabras me alteran y su boca también, está deslizando sus labios por mi mejilla y luego por mi cuello.

— No sé de qué estás hablando-respondo con hilo de voz— por favor vete— pero no me escucha, ahora siento su lengua recorriendo la curva de mi cuello, con una mano aprieta mis senos y con la otra desliza el vestido hasta mi cintura, estoy atrapada entre sus manos y lo peor es que no quiero que se detenga nunca.

-Sabes como ella, hueles como ella, me estás enloqueciendo Bruna, me estás enloqueciendo— quiero responder, pero no tengo fuerzas para ser sincera, cada segundo que pasa lo deseo más, sin darme cuenta le doy un suave mordisco a su labio inferior, a Eduardo le gustó mi provocación y me invadió con un ardiente beso al que no me puedo resistir, está acariciando mi humedad de una manera tortuosa, siento sus dedos deslizándose en la suave tela de mis bragas provocando olas de placer que me hacen gemir en su boca, quiero más, pero él sabe jugar conmigo y me mantiene al límite, quiero que me tome aquí mismo, sus dedos mojados con mi esencia acarician mi pubis, justo donde está mi tatuaje, entiendo la amenaza y lo que quiere descubrir.

— Confiesa que eres tú, la misma que reclamaba más aquella noche-

-Vete Eduardo, no hay nada que descubrir, solo vete-

Lo empujo y me mira con fiereza. La verdad queda dicha en el silencio, él entiende que no va a tener más de mí, me da un beso en la mejilla dejando una promesa y se marcha sin decir más.

Al cerrar la puerta me deslizo hasta caer en el piso, me quito los tacones y libero un gran suspiro. Si es tan arriesgado, ¿por qué estoy sonriendo?