El enigma de los pétalos rojos Capítulo 7
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Capítulo 7

Las últimas dos semanas me he mantenido ausente en mi propio cuerpo.

Evito cruzarme con Eduardo y cuando no me queda opción apenas y le hablo lo necesario.

Sigo con la rutina de Bruna, ella cada vez se siente más real, a veces escribo en un papel mi nombre y luego lo quemo, es ridículo y reconfortante a la vez.

Aquí en la oficina trato de concentrarme en el trabajo, hoy en particular se me está haciendo imposible.

Es el cumpleaños de mi padre, ya no lloro cuando pienso en él, esta mañana cerré los ojos y tuve un recuerdo de cuando me llevó a conocer el mar, hacía mucho no pensaba en eso, él sonreía mucho ese día y ella también estaba, solo que no logro recordar su rostro.

-Bruna querida, cambia esa cara que hoy es un día para celebrar— el señor Caetano estaba parado en la puerta mirándome con su cálida sonrisa— vamos muchacha, anímate que hoy sería el cumpleaños de mi gran amigo y él odiaría verte así-

— Lo sé, pero es raro pasar su cumpleaños sin él, lo mejor es que me quede tranquila en mi apartamento y me tome un par de copas de su vino favorito— le respondí fingiendo serenidad.

— De eso nada, hoy vas a cenar en mi casa. Mi esposa Barbara te quiere conocer; ella también le tenía mucho cariño a Carlos y a tu madre y quiere darte una cena de bienvenida—

— Les agradezco a los dos, pero…-

— Nada de peros, ponte guapa y a las ocho pasa mi chofer por ti, tienes que celebrar la vida de Carlos y eso se hace con una sonrisa y en familia, no con una triste copa de vino— definitivamente el señor Belmonte no acepta las negativas.

— Tiene razón, le prometo que ahí estaré— me resigno a contestar

A las seis salgo corriendo a mi casa para que me dé tiempo de estar pronta, siempre que voy a salir demoro como dos horas arreglándome, si fuera hombre estaría listo en cinco minutos pero que le voy a hacer soy una mujer exigente con mi imagen, aunque tengo mis días que ni siquiera me peino.

Hoy en honor a mi padre voy a usar su color preferido, verde inglés, elegí un vestido largo con hombros descubiertos y escote en la pierna, los tacones van a juego con el vestido, mis labios los pinté de rojo bordó y el pelo me lo dejé lacio para lucir más sofisticada, quiero dar una buena impresión a Barbara Belmonte, por lo que escuché en la empresa es una mujer muy elegante y severa.

En cuanto se hicieron las ocho el chofer de Caetano me estaba esperando, ese hombre tiene una puntualidad inglesa.

— Buenas noches, señorita Moretti, hoy está deslumbrante—

— Gracias Yaggo, siempre tan amable— Yaggo parece un chofer de película chapado a la antigua.

La noche estaba preciosa y un poco fría, llegamos a la mansión de los Belmontes y quedé con la boca abierta, aquello era un paraíso.

Es enorme, con unos jardines que no tienen nada que envidiarle al palacio Versalles; está toda iluminada, la piscina tiene el agua tan cristalina que sentí ganas de darme un chapuzón, nunca había visto tanta opulencia.

En cuanto la puerta de la mansión se abrió mis ganas de tener una linda y tranquila velada desaparecieron.

— Hola Bruna, estás fantástica esta noche— dijo Eduardo con su pose de galán, no sé porque pensé que no iba a estar en la cena.

— Gracias Eduardo, no sabía que estarías aquí— mis palabras parecen cuchillos mientras lo observo soberbia.

— ¿Te molesta mi presencia? —

— No, solo me sorprende— iba a pasar de largo por su lado, pero me agarró de la cintura y me dio un suave beso en los labios, estaba frustrado por mi falta de reacción, después de cómo me humilló no lo quiero cerca.

— ¿Qué haces? – pregunto confundida mientras sigo en sus brazos.

— Te debía un beso—

— Yo no beso sapos, además esa deuda ya estaba saldada-

— Yo no beso fantasmas, pero contigo la deuda es perpetua— hay un brillo amenazante en sus ojos— ven, mi madre muere por conocerte— coloca su mano en mi espalda y me guía hasta el salón donde están todos, antes de llegar le doy un beso prolongado en el pómulo dejando mis labios marcados, anonadado me acaricia el rostro dibujando mis rasgos... me aparto y continúo caminando sola.

—Bruna querida, cuánto me alegro de conocerte al fin, Caetano me habló maravillas de ti, pero se quedó corto en cuanto a tu belleza— Barbara no es para nada la mujer sobria y mayor que me había imaginado, la verdad es que es hermosa y juvenil, me recuerda a la actriz Meryl Streep en la película “El diablo viste de Prada”.

— Gracias por organizar esta hermosa velada, tiene usted muy buen gusto-

— Nada de usted niña que me haces sentir vieja, me puedes decir Babi, así me llaman mis amigos y tú eres de la familia-

Mientras Barbara hablaba conmigo y me hacía un montón de preguntas sobre Italia, pude notar que Eduardo no dejaba de mirarme, disimuladamente se quitó la marca que le dejé.

Seguro no entiende porque sus padres me tratan con tanta familiaridad, junto a él estaba una chica unos años más joven que yo, quizás tiene veinte, parece recién sacada del cirujano, un poco más y las tetas le explotan en la cara, debe ser la misma que lo acompañó a la oficina aquel día y dijo que mi perfume era barato.

No puedo creer que el muy cerdo me besara y su novia estaba aquí con sus padres.

— Bruna que bueno que te convencí de que vinieras, Barbara y yo estamos felices de tenerte aquí— Caetano es tan protector y amable que cada vez lo siento más como un padre.

— Mi marido tiene toda la razón, es un placer que estés en casa, la cena va a estar lista en unos minutos, pero antes quiero mostrarte algo, acompáñame-

Seguí a Barbara hasta otra habitación que está llena de cuadros, seguro que cuestan una fortuna, el buen gusto en la decoración no deja de sorprenderme, todo es absolutamente deslumbrante.

—Ahora que estamos solas, te puedo decir que verte es confortante; eres igual a tu madre. Desde que tus padres se marcharon quedó un gran vacío para Caetano y para mí; fue como perder parte de nuestra familia—

— Me alegra saber que mi padre fue tan querido y es bueno tenerlos en mi vida, al menos con ustedes no tengo que usar máscaras—

— Lo sé, mi niña, la muerte de Carlos es un vacío que no se puede llenar, pero quiero que sepas que nosotros somos tu familia—

— Babi, hay algo que quiero preguntarte, es sobre mi madre-

— Seguro quieres saber porque se marchó, ¿verdad? –

— Si, hay muchas cosas en la historia de mis padres que no tienen sentido-

— Cuando se fueron de Brasil, mantuve el contacto con Aurora; ella al principio estaba feliz, pero las últimas veces que hablamos estaba diferente, sentí que me ocultaba algo.

Luego Carlos nos dijo que los abandonó y nunca más supe de ella; todo fue muy extraño.

Ella te amaba con locura, no entiendo por qué te abandonó—

Las palabras de Barbara me dejaron desconsolada, creo que la clave para entender todo es mi madre, pero no sé ni como empezar a buscarla.

— Gracias Barbara por ser tan sincera, supongo que algunas cosas nunca tendrán respuestas— respondió a mis palabras con un cálido abrazo y fuimos al comedor, al parecer la cena está servida.

Por desgracia me tocó estar sentada frente a Eduardo y su noviecita de reality show, ella solo habla de estupideces y él no deja de mirarme, cosa que ya me tiene alterada, en cuanto termine la cena voy a buscar una excusa para irme, no aguanto ver a estos dos.

— Eduardo hijo, dile a tu novia que no se ría tan fuerte, no estamos en un cabaré— dijo Barbara algo molesta por la mala educación de la tal Caro.

— Madre ya sabes que Carolina no es mi novia, tranquila, te prometo que se va a comportar-

Casi se me va una carcajada en cuanto escuche a Eduardo, tal parece que trajo a la pobre descerebrada para molestar a sus padres y si era así lo estaba consiguiendo, Caetano miraba a la joven con desprecio y Barbara estaba conteniendo las formas para no ahorcarla.

— Bruna querida, te gustaron los platillos italianos que te prepararon-dijo Barbara cambiando de tema.

— Si están deliciosos, gracias-

— Bueno Bruna ya que eres la invitada de honor puedes contarnos más sobre ti— me estaba desafiando y yo no debo caer en ese juego.

— No hay mucho que contar, mi vida es bastante aburrida—

— Si que te gusta ser un enigma-

— Y a ti jugar al detective-

— Bueno basta ya los dos— dijo Caetano para cortar la discusión— parecen perro y gato, y Eduardo deja de incomodar a Bruna con tus preguntas-

— No la estoy incomodando, solo quiero conocerla mejor, por ejemplo, podemos saber si tiene algún pretendiente o amante— me contuve y respiré antes de contestar, siento que las manos me sudan, ya no soporto estar aquí.

— No tengo ningún amante, ni novio, en estos momentos no tengo espacio para hombres en mi vida-

— ¿Y para mujeres? — preguntó de la nada Carolina

— Pero esta niña como se le ocurre decir algo así— dijo Barbara escandalizada.

— Tranquila Barbara no pasa nada y respondiendo a tu pregunta Carolina, hasta el momento no me atraen las mujeres— Carolina hizo una sonrisa pícara en cuanto me escuchó y Eduardo continuaba impasible.

El resto de la velada fue más tranquila, al menos en apariencia, solo se hablaron de temas superficiales y Babi colonizó mi atención para evitar otro momento incómodo.

— Gracias por una noche tan maravillosa pero ya me tengo que marchar— aproveché que todo acabó para despedirme, ya no aguanto ni un minuto más y los tacones me están matando.

— ¿Te marchas tan pronto hija?, aún es temprano y si quieres puedes pasar la noche aquí— intervino Barbara tratando de persuadirme

— Mamá seguro Bruna tiene cosas que hacer mañana y además debe estar exhausta, Caro y yo también nos marchamos-

— Gracias una vez más por la cena— digo tratando de ser amable— todo estuvo maravilloso, pero como dice su hijo mañana tengo muchas cosas que hacer y preciso descansar-

— Tranquila que lo entendemos— dijo Caetano apoyando mi partida— Eduardo lleva a Bruna a su casa, Yaggo tuvo que marcharse y a esta hora no se puede ir sola-