Capítulo 6.2 #2
Le pagué a la simpática muchacha, salí como una golosa disfrutando el helado y de repente, PLAF, un niño que no sé de dónde salió me chocó y me ensucié todo un vestido blanco de helado de chocolate.
-Perdón señora— dijo el pequeño todo apenado
-Tranquilo, no pasa nada, sigue jugando— con esos ojos tiernos no da ni para enojarse.
La heladería está frente al edificio de la empresa, no tengo otra opción que subir así de sucia. Me muero de la vergüenza, quedé hecha un asco y además ya voy tarde.
Con mi dignidad bajo cero, atravieso las puertas del edificio y siento algunas miradas con reproches, todos están impecables y yo parezco Betty la sucia, porque fea no soy.
— Señorita Moretti, el señor Belmonte la espera en su oficina-
— ¿Cuál de los dos, padre o hijo? – por favor que diga padre, no quiero que él intolerable de Eduardo me vea así.
— Perdón que no fui más clara, el señor Eduardo Belmonte es quién la espera— ya se me cayó el mundo a los pies, aquí va la mala suerte acosadora.
-Gracias por avisar Angélica— aquella se va contoneándose como siempre después de mirarme como si fuera un trapo sucio, a veces me gustaría gritar que también soy dueña de esta empresa.
Sin ganas de hacerlo esperar, porque eso es peor, me dirijo a su oficina en mi actual estado de Cenicienta antes de ir al baile.
-Puedo pasar— digo tímidamente en la puerta, Eduardo está vestido con un traje azul marino que le queda perfecto, aún no me ha visto porque está de espaldas a la entrada mirando la ciudad, la vista en esta oficina es hermosa.
— Otra vez llegas tarde, acaso en su universidad no le enseñaron la importancia de la puntualidad en el mundo de los negocios— ya está versión patán.
-Tienes razón, perdón por la hora, es que un pequeño accidente me retrasó-
Se dio la vuelta y me miró de arriba abajo incrédulo de mi estado. Debo tener las mejillas rojas de tanto bochorno que tengo, ojalá se pudiera abrir un hueco en el piso ahora mismo.
— ¿Chocaste con el camión del helado?, si es tu justificación entonces te perdono el retraso-
— El camión era un niño de seis años que corría a alta velocidad, si no tienes nada importante que decirme quiero ir a mi oficina a limpiarme— mi lengua sin sentido común como siempre habla de más.
Eduardo se acercó, se acercó demasiado y mis nervios me están matando.
— ¿Qué haces? – pregunto con hilo de voz cuando lo siento apartar el pelo de mi cuello, su proximidad incrementa mis latidos.
— Tienes un chupón justo aquí en el cuello— sus dedos acariciaban la marca generando una pequeña puntada de dolor… y de placer— parece que la pasaste bien, debe ser este el verdadero motivo de tu retraso-
Ese tono de voz, áspero y oscuro, combinado con el calor de su tacto me estaba llevando a un estado de excitación incontrolable.
— No te debo explicaciones de mi vida personal y ya te dije porque llegué tarde-
—Te creo— dice mientras sus labios rozan los míos—. Dile a tu amante que no te deje esas marcas, no me gustan—
Como me gustaría decirle que fueron dos y que la pasé divino, es mejor que omita ese pequeño detalle.
— No te preocupes, la próxima le pido que lo haga en lugares más íntimos-
-Siempre tan descarada-
-Y tú siempre tan creído-
En sus ojos hay una promesa, tal parece que dice, vas a ser mía, cuando por fin me suelta respiro profundamente. Si seguíamos así lo iba a terminar besando.
-En la bolsa que hay en el escritorio hay ropa para que te cambies, hoy vamos a salir para hacer trabajo de campo-
— No entiendo, ¿para que necesitas que use otra ropa y a dónde vamos a ir? –
— Si quieres conocer el mercado de Brasil primero tienes que conocer a los brasileños, sé que llevas poco tiempo en la ciudad y seguro no conoces a nadie así que te voy a mostrar un poco de Río de Janeiro-
— Puedo hacerlo sola-
— Lo vas a hacer conmigo, recuerda que es investigación, observa todo y haz las preguntas que necesites-
— ¿Y si no me queda esta ropa? –
— Te va a quedar, cámbiate aquí en el baño de mi oficina, te espero en el estacionamiento-
— Está bien, como ordenes-
— Que bueno que ya entendiste— responde molesto por mi actitud altanera— y Bruna, apresúrate, ya hiciste que perdiéramos mucho tiempo— sin decir más se marcha y yo me quedo con ganas de mandarlo a la mierda. ¿Cómo puede ser que lo desee tanto y a la vez me caiga tan mal?
Me cambio tan rápido como puedo, la bolsa se nota que es de una tienda de lujo y la ropa me lo confirma.
No puedo creer que se tomó el trabajo de comprarme un atuendo para nuestro recorrido y además no se equivocó con la talla.
Georgi siempre decía que cuando un hombre te regala ropa es porque se fijó muy bien en el cuerpo, si eso es verdad Eduardo me ha observado al detalle.
El pantalón que eligió es negro, de cuero, me levanta muy bien el trasero y las piernas me lucen divinas, para arriba eligió una camisa negra con detalles plateados, es hermosa, el único problema es que mis senos lucen enormes con esto, ya me está preocupando a dónde me va a llevar con este conjunto de gatubela.
Por último, me coloco las botas, también negras y de taco bajo, son cómodas y chic.
Por suerte mi maquillaje está intacto y mi pelo se ensució un poco de helado en las puntas, un desastre total, lo mojo dejando que se vaya el efecto de la planchita, ahora se me van a armar mis rulos naturales que tanto oculto.
Quedo lista en diez minutos y bajo corriendo, ignorando las miradas curiosas de mis compañeros.
Al llegar al estacionamiento comienzo a buscar a Eduardo y nada de nada, su auto estaba, pero él no aparecía por ningún lado.
El ruido de un motor llamó mi atención, sigo el sonido y lo encuentro montado en una Ducati roja con una pinta de chico malo sexy, él también se cambió, trae el pelo un poco despeinado, está usando unos vaqueros y una chaqueta de cuero.
Ahora entiendo porque eligió mi atuendo, va de maravilla con esa súper moto y con él.
-Te vas a quedar ahí parada o vas a subir? –
— ¿Por qué vamos en moto? –
— Es más divertido, no tengas miedo, estás segura conmigo-
— No tengo miedo, me gustan las motos, pasa que es muy extraño salir contigo vestida así— sus pupilas se dilatan mientras me recorre con la mirada, el verde de sus ojos brilla como la esmeralda y me desnuda, pieza por pieza.
Noto que mi respiración está agitada, mi pecho sube y baja más rápido de lo que quisiera, estoy tensa y deseosa de que se baje de la moto y me bese con arrebato y delirio como lo hizo aquella noche.
— Extraño es que sigas vestida, sube antes de que me olvide que soy tu jefe—
No tengo palabras para lo que acaba de decir, en silencio y callando mis más oscuras fantasías me subo a la moto y lo abrazo por debajo de la chaqueta para no quitarle movilidad, con los cascos puestos salimos del estacionamiento y nos aventuramos por las calles de Rio de Janeiro.
Por suerte Eduardo maneja con gran destreza, estoy disfrutando el paisaje y la presión del viento por la gran velocidad de la Ducati.
Lo único malo es el sol, con este traje de cuero cada vez que paramos en un semáforo se me cocinan las piernas, el calor es insoportable y usar casco me molesta.
-Ya me vas a decir a dónde vamos? – pregunto cuando el semáforo está en rojo.
— Falta poco, no seas tan ansiosa-
— Tengo calor con este traje—
— Yo también, pero es lo mejor para protegerse cuando estás en moto-
— Me vas a dejar manejarla? –
— Si te portas bien lo pensaré-
— Linda manera de decirme que no me vas a dejar nunca— se ríe de mí y acelera cuando la luz se pone en verde.
Pasamos por la playa Ipanema, llena de sombrillas de todos los colores, hay mucho movimiento, música y algarabía.
A lo lejos veo la gran estatua del Cristo Redentor, es tan impresionante que te hace sentir minúscula.
Vamos súper rápido y todo lo que observo son pequeños flash del paisaje que nos rodea.
Luego de pasar el cerro de Los Dos Hermanos, Eduardo aminora la marcha y veo que se detiene frente a un grafiti que dice Bienvenido a Rocinha.
Trago en seco cundo me doy cuenta de donde estamos.
Este maldito loco me trajo a la favela más peligrosa de Río.
— Eduardo, no quiero estar aquí, este lugar es peligroso-
— Confía en mí y haz lo que te diga-
Paramos justo en la entrada y un grupo de hombres se nos acerca, por su aspecto me recuerdan a los que me atacaron en el despacho de mi padre.
Estos lucen más fuerte y grandes, de tez oscura, llenos de tatuajes y perforaciones, son intimidantes.
Eduardo está muy tranquilo, se quita el casco y me pide que haga lo mismo, lo hago con un poco de duda, cada vez entiendo menos qué hacemos aquí.
— Miren quien apareció— grita el que parece el jefe— el principito de la favela-
— Si me vuelves a llamar principito te parto la cara—
— Vienes a mi territorio con amenazas nena— veo que tiene un arma en la cintura y la toca para asustarnos— si me regalas a la gata que te acompaña te dejo salir vivo-
— Demasiado fina para una bestia como tú-
Eduardo comienza a reír y los hombres que nos amenazan cambian su lenguaje corporal y se comienzan a reír también. Todos se acercan felices a saludarnos, en dos segundos esto pasó de película de terror a una comedia de Adam Sandler.
-Hermano ya te extrañábamos, tengo que mostrarte a la nueva bebé, nació hace dos semanas-
— También extrañaba venir y tomar un cafecito de Doña Elvira-
— Esa vieja pesada me grita todo el día-
— No hables así de tu madre, miren chicos les presento a Bruna, mi novia—
¿Y a este qué le pasa? Primero me hace creer que nos van a matar y ahora de la nada me presenta como su novia.
Lo miro incrédula y el sigue sonriendo como si nada.
Es la primera vez que lo siento tan relajado y natural como un simple mortal.
Tengo un montón de preguntas en la cabeza, no entiendo como conoce a estas personas si son de mundos tan diferentes.
— ¿Por qué mentiste? – susurro en su oído sin que nos vean