Capítulo 6.2
Viernes en la noche y estoy aquí encerrada en este apartamento de lujo.
Cada fin de semana me atormenta la sensación de estar presa, presa de la situación, del pasado, de los fantasmas.
Esta ciudad es hermosa y llena de vida, sin embargo, yo estoy sola y abandonada, no conozco a nadie además de los Belmontes, y nadie me conoce a mí porque la realidad es que no existo.
Al mirarme en el espejo siempre hay dos reflejos, por un lado, esta ella, oculta en las sombras como una paria y por el otro esta Bruna, siendo rebelde, deseando vivir y existir sin límites, Bruna quiere explorar, quiere gritar y a veces quiere llorar sin motivos, sin razón.
No puedo seguir aquí atrapada en esta mentira, en dos mitades que luchan por borrarse una a la otra, sé que vivo en un caos y no tengo a nadie que lo escuche.
Tener una doble identidad debe servir para algo, ya que nadie me conoce puedo hacer lo que quiera, sin miedo a que me juzguen, sin miedo a que me vean.
Ahora soy Bruna, un punto aislado perdido en el enorme universo.
Todavía no conozco muy bien Rio, pero el señor Google resuelve todos los problemas.
Me puse la tarea de buscar lugares para salir a divertirme y liberar tensión sin pensar en nada más, aquí la mafia no me persigue y si lo hace esta noche no me van a encontrar.
Hay un club muy parecido al Fusión Vip, el lugar donde Eduardo y yo nos conocimos, cerrar los ojos y pensar en ese encuentro me estremece, fue el día en el que experimenté más libertad en mi vida anterior, recuerdo al principio cuando Georgi me pidió ir sentí miedo y rechazo, luego llegó él y todo cambió.
Quiero sentir esa libertad, quiero la adrenalina de aquella noche, mejor el sexo que el alcohol y las drogas para desahogarme.
Me puse un minivestido de cuero negro con escote asimétrico y los labios me los pinté de rojo carmesí, parezco una vampiresa con el pelo rojo lacio. Ahora si otra vez soy solo Bruna en busca de peligro y pecado.
Al llegar al club veo que todo es muy refinado, los autos que están estacionados son todos de alta gama y algunas personas están vestidas de manera extravagante, me gusta este ambiente.
-Disculpe señorita, su invitación para entrar por favor-
-No tengo invitación, pero puedo pagar la entrada-
— Niña esto no es un baile vulgar, sin invitación no entras gatita— la Drag Queen tenía un estilazo para negar la entrada increíble.
— Escucha soy nueva en la ciudad, por eso no sabía que necesitaba entrada, segura que no hay otra forma de que pueda entrar-
— Bueno niña, al Club Paraíso solo puedes entrar de dos maneras o con entrada o si eres la invitada de alguien, con esa belleza exótica que tienes no creo que sea difícil que alguien te invite-
-Tienes razón Jlo, es muy hermosa para dejarla aquí afuera— a mis espaldas tenía un fibroso y alto moreno con porte de estrella de deportes, si él era mi pase para entrar lo aceptaba con gusto.
— ANTHONY! Mi rey, al fin regresaste, una semana sin verte es demasiado para este pobre corazón— Jlo le dio un pico en los labios y casi provoca un huracán con sus largas pestañas.
— Soy Anthony— me saluda con un beso casi rosando mis labios, su perfume es cautivador— ¿cuál es tu nombre hermosa? -
— Soy Bruna y amaría ser tu invitada— respondo coqueta.
— Imposible negarse ante una reina, vamos a divertirnos -
— Qué gata con suerte— suspira Jlo y la verdad tiene razón, Anthony es un galán.
El club Paraíso tiene una temática tropical y mundana, hay dos zonas de baile, una con ropa y la otra como vinimos al mundo.
Está el bar que es neutral para charlar y conocer y en la planta de arriba están las habitaciones, según las fantasías que quieras hay una habitación especial.
Este lugar es increíble, a diferencia de la otra vez no me siento incómoda, al contrario, estoy experimentando euforia, creo que es la única palabra que describe la energía que siento.
Anthony me invitó a bailar, en la zona con ropa, y me encantó lo bien que se movía, era atrevido, me pegaba a su cintura y me tocaba con total descaro, hacía tiempo no me divertía tanto, un amigo de él se nos unió, al contrario de Anthony este era rubio, menos musculoso y más alto, parecía un inglés, pero con la alegría de los brasileños.
Después de un par de horas en la pista de baile decidimos subir a las habitaciones, Anthony y su amigo Thiago me propusieron hacer un trío y no dudé en aceptar, solo lo había hecho una vez en la universidad y no eran tan guapos como estos dos.
La habitación olía a lavanda y caoba, una mezcla exquisita, la cama era muy grande y había espejos por todos lados, lo que más me gustó era el jacuzzi, las burbujas me llamaban, tenía los pies cansados de tanto bailar.
Sin pensarlo, me desnudé frente a esos dos titanes y me metí en el agua caliente.
-Chicos, ¿a qué están esperando? –
— Te observamos, esos pechos mojados son tentadores— respondió Thiago mientras se acercaba como un felino acechando a su presa.
Anthony se metió al jacuzzi y me devoró la boca; tenía la urgencia de un lobo hambriento, me empaló sin dudar, sus movimientos eran lentos y precisos, sabía tocar en el lugar justo que te desconecta.
Thiago nos observaba, disfrutaba desde su postura y me alentaba a gemir para él.
Cuando Anthony y yo llegamos al clímax, minutos después salimos del agua y fuimos a la cama, donde Thiago esperaba deseoso de continuar aquel juego.
— Me has dado un espectáculo muy sexy Bruna y ahora te voy a compensar como te mereces— y sí que lo hizo, se dedicó a besar mis labios, chupar mis pechos y cuando llegó a mi sexo hizo que gritara su nombre.
-Me encanta tu tatuaje, besaría esta rosa toda la noche-
-Sigue con lo que hacías y deja de hablar— mi orden los hizo reír a los dos y Thiago obedeció, Anthony me besó y luego se ofreció a mí, con destreza chupe su falo y disfruté que él se estremeciera con el calor de mi boca y el juego de mi lengua.
Mi cuerpo se fusionó con el de aquellos dos e hicimos magia, fue muy liberador, pura lujuria sin reproches ni explicaciones.
Unas horas después, con la mente embriagada de placer y una amplia sonrisa en mi rostro, di la noche por terminada. Los chicos se ofrecieron a llevarme a casa, pero los rechacé, no me interesa que sepan nada de mí, dudo que los vuelva a ver, esta fue una locura de una noche.
Al caminar por el pasillo de las habitaciones, vi una que tenía la puerta semi abierta y la voz del hombre se me hizo familiar.
Me acerqué con cautela para no ser vista, ya sé que es incorrecto pero la curiosidad es más fuerte.
Tardó unos instantes para que mis ojos se adaptaran a la luz tenue y mi boca se abrió en cuanto lo reconocí.
Allí estaba en todo su esplendor de dios griego el torturador de mis días, Eduardo Belmonte.
De tantos lugares por qué tenemos que coincidir aquí, también es verdad que en un club similar nos conocimos, es más extraño que yo esté aquí que él.
Debería irme, pero no puedo dejar de mirarlo.
— Muy bien Laila, abre más las piernas y ofrécete para mí— ella lo obedece gustosa, está en cuatro mientras él la observa y le pide lo que quiere, hay dominación, él pide y manda, ella obedece y suplica.
Jamás había visto esa mirada en Eduardo, estaba cargada de lujuria y morbo y también de frialdad.
Todo lo que hace a ella la excita, la deja en el límite implorando por más, no tortura, pero deja con hambre.
Comienzo a sentir el ansia de ella como si fuera mía, deseo el tacto y la dureza, quisiera estar en el lugar de aquella mujer, tengo que irme y mis pies siguen pegados al piso, mi respiración es agitada y tengo una tensión voraz entre las piernas.
Cuando por fin la penetra, siento cada embestida que da en mi cuerpo, los latidos de mi sexo reclaman satisfacción.
Eduardo acelera el ritmo y aquella grita embelesada, veo como se tensan los músculos de él y las gotas de sudor que recorren la vena que se la marca en el cuello y sus brazos, su pelo despeinado y su expresión triunfal hace que se me seque la garganta.
Ella llegó primero al clímax y luego él, observé que no hubo besos ni fue atento como lo había sido conmigo, parecía desconectado de aquella mujer.
-Si quieres puedes entrar y dejar de espiarnos, sea quien seas eres bienvenida— me congelé en cuanto habló con esa sonrisa cínica, por suerte no me había visto, quizás me escuchó haciendo ruido, salí tan rápido como pude antes de que se acercara a la puerta.
Seguro se dio cuenta que estaba ahí desde el inicio y no dijo nada solo para provocar.
Al fin llego a casa, casi amanece y estoy exhausta, demasiadas emociones para una noche.
No me arrepiento de nada, necesitaba desinhibirme y sí que lo hice, no tengo de que preocuparme, como siempre usé protección y no voy a volver a ese club nunca.
Prefiero evitar cruzarme con Eduardo, él puede ser peligroso para mí, no debo tener sentimientos por nadie, eso me dijo Tigre y lo debo cumplir, mi futuro es incierto, mi pasado no existe y mi presente es un espejismo para la supervivencia.
Eduardo es solo una distracción, una distracción que amaría tener en mi cama.
El fin de semana pasó rápido, la mayor parte del tiempo solo dormí, descansar me hizo bien, espero no ponerme nerviosa cuando vea a Eduardo, después de todo, él no sabe que era yo quién lo espiaba en el club.
Es mejor no recordar nada de lo que vi, él es mi jefe y yo solo debo ser una buena empleada y evitar nuestras frustrantes discusiones.
Como casi todos los días voy justa de tiempo, de igual forma decido pasar por un helado, si fuera por mí viviría tomando helado, lástima que los de aquí no sean tan ricos como los de Italia.
-Disfrute su helado-
— Muchas gracias, que tengas buen día-