Capítulo 6 #2
Ahora estoy en mi oficina preparándome para la reunión de los jueves, al intolerable y fatuo de mi jefe, Eduardo Belmonte, le gusta controlar absolutamente todo, así que los jueves hay reunión para ver los avances en la campaña de lanzamiento de los nuevos productos.
Según él, debo seguir todas sus indicaciones por mi falta de experiencia y mi desconocimiento del mercado brasileño, hoy lo quiero sorprender con una idea que he estado elaborando para que este medicamento sea el más recomendado para personas que sufren de diabetes, quiero tener el placer de que me tenga que felicitar frente a todos.
-Bruna, la reunión comienza en cinco minutos, ya deberías estar en la sala de junta— en cuanto lo escucho doy un brinco por el susto, odio que aparezca así de la nada.
-Ya estoy terminando Eduardo, enseguida estoy con ustedes— digo mientras termino de ordenar todos los papeles sin levantar la vista
— ¿Estás bien? –
— Si –
— ¿Segura?, luces un poco pálida-
— No he tenido tiempo de comer nada en todo el día, debe ser eso, pero te aseguro que estoy bien— esta vez sí lo miro a los ojos y veo que le molesta mi confesión, quizás tiene miedo de que me desmaye y arruine la reunión.
— ¡Angélica! – grita llamando a su secretaria y aquella aparece contoneándose en menos de dos segundos.
— ¿En qué le puedo servir señor Belmonte? –
— Trae un helado de chocolate con almendras para la señorita Moretti…-
— No es necesario— lo interrumpo aceleradamente— puedo ir a la reunión y comer después-
— Apresúrate por favor — continúa Eduardo ignorando mis palabras, como siempre él ordena y el mundo obedece.
— Si señor— Angélica casi que sale corriendo a cumplir las peticiones del señorito y él entra a mi oficina, toma mi mano y me mide el pulso.
— Suéltame, ya te dije que estoy bien, no era necesario que mandaras a pedir nada-
— Quédate quieta Bruna, quiero verificar que tu pulso esté bien—
— ¿Cómo sabes que el chocolate con almendras es mi preferido? – pregunto con curiosidad para distraerme del placer que me provoca el calor de su piel.
— Todas las mañanas antes de llegar a la oficina pasas por la heladería, pides el mismo sabor y pones cara de niña feliz cuando pruebas la primera cucharada-
— Ahora creo que me estás acosando— respondo riéndome por su confesión.
— Llegamos a la misma hora y te he visto desde mi auto, eso es todo— contesta cortante— estás un poco débil, aplazaré la reunión para dentro de una hora-
— No hagas eso, sé que odias los retrasos-
— No puedes ir a una reunión sin alimentarte, la próxima vez sé más responsable con tu salud—
— Actúas como si te importara-
— Y tú actúas como una inconsciente-
— De verdad que eres un imbé…-
— Aquí está lo que pidió señor Belmonte— interrumpe Angélica justo antes de que comenzara otra contienda entre nosotros. Eduardo por fin me suelta y toma la bolsa.
— Gracias Angélica, ya te puedes retirar—
Me quedo mirándolo, espero que me entregue el helado y se marche, en lugar de eso veo que saca dos helados y las cucharas, me da el de chocolate con almendras y abre el suyo que es de pistache.
— No sabía que me ibas a acompañar-
— ¿Te incomoda? –
— No creo que tenga opción-
— Te llevaría a cenar, pero temo que envenenes mi comida, un helado en la oficina es más seguro— ambos comenzamos a reír, la verdad es que tuvo razón en pedir el helado, me cayó de maravilla y ahora tengo más energía.
La reunión salió muy bien y Eduardo aprobó mi idea de que nos uniéramos a la farmacéutica más importante de Alemania para el lanzamiento del medicamento, así vamos a penetrar el mercado europeo más rápido.
Estoy feliz por haber logrado mi objetivo, pero hay algo que me tiene inquieta desde esta tarde, me desconcierta la confesión de Eduardo de que me ve todas las mañanas, no tenía idea de que se fijaba en mí.
¿Será que lo hace porque en el fondo si me recuerda?
La verdad no sé qué pensar, si me recordara ya hubiera insinuado algo o quizás no, él es muy desconcertante, de repente puede ser tan cálido como tan frío, no voy a especular más con eso, él es solo mi jefe y el hijo del mejor amigo de mi padre, sacudo mi cabeza para soltar malos pensamientos y mejorar mi vibra, últimamente el mal karma me acompaña.
Se me ocurre un súper plan para distraerme: una rica pizza italiana, vino tinto y maratón en Netflix; voy a pasar una noche tranquila sin pensar en nada más….
“Estoy en el club con Eduardo, me quiere quitar la máscara, pero no lo dejo, ahora hay fuego, mucho fuego, todo se consume con las llamas y nosotros estamos en el medio, tranquilos como si no nos importara, él me da la vuelta y veo la mano de mi padre girando la llave del auto, comienzo a gritar, pero no me escucha, no me puedo mover, me estoy ahogando, no me puedo mover, no puedo…”
— ¡Papaaaa! — despierto gritando, estoy sudando y me cuesta respirar, solo ha sido una pesadilla, a cada rato regresan para atormentarme, miro a mi alrededor y verifico que no hay ningún peligro, por fin empiezo a razonar que estoy a salvo.
Al mirar la hora veo que estoy un poco retrasada, corro a darme una ducha y desayuno lo que quedó de pizza de la noche anterior.
Decidí caminar un poco antes de ir al trabajo, no he tenido tiempo de pasear por la ciudad y eso me da pena, Rio de Janeiro es hermoso y tengo mucho por descubrir, además me gusta ver a los hombres corriendo por la playa, los brasileños tienen unos cuerpos divinos.
Por ahora me conformo con este sol divino que me tiene toda bronceada, el aroma del mar y la brisa que me despeina.
— ¡Bruna! – dios, esa voz solo puede ser el innombrable, cuando me doy la vuelta efectivamente lo veo llamándome desde su Mercedes, luce guapísimo manejando— sube que te llevo a la empresa-
— Gracias, pero no es necesario, puedo tomar un taxi— respondo con desgano
— No puede ser que discutas hasta para algo tan simple, sube que al paso que vas no llegas ni mañana y conseguir un taxi se te va a hacer muy difícil-