Capítulo 4
Después de un largo viaje en silencio llegamos a Aubrac, Francia, una zona rural muy hermosa y aislada.
Nunca me había gustado el campo, la tranquilidad de la naturaleza siempre me pareció aterradora, pero después de lo que había vivido en las últimas horas necesitaba el aislamiento, necesitaba desaparecer.
Tenía tanta belleza a mi alrededor y era incapaz de disfrutarla, estaba ausente de la realidad....
Tigre parecía entenderlo, así que no intentó comunicarse conmigo más de lo necesario.
Cuando llegamos a la pequeña cabaña, que allá le llaman buron, me acosté en mi cama a llorar en silencio.
Ya había estado sola muchas veces, pero no conocía cómo se sentía la soledad, esa sensación de abandono, de no pertenecer, de no saber ni siquiera quién eres.
La incertidumbre del mañana y la ausencia de respuestas me atormentaban constantemente.
El tiempo se ralentizó, cada día parecía un siglo, mi cuerpo seguía en el mismo lugar, apagándose poco a poco y mi mente divagaba, me sentía culpable por no haber estado en el auto con ellos, pensaba que de alguna manera los podía haber salvado o que era mejor si me hubiera muerto, de todas formas, mi vida estaba acabada, ya no existía, había perdido todo.
Hubo momentos en los que odié a mi padre, su doble vida había desencadenado muerte y pérdida, además sentía que nunca lo llegué a conocer, su pasado estaba oculto tras una densa niebla, entre tanto engaño comencé hasta dudar de mi propia historia.
Podía ver los rayos del sol acariciando el pasto a través de mi ventana, las horas se fueron transformando en días, los días en semanas y así pasó un mes.
La atmósfera de mi habitación se había vuelto viciada y sombría, llevaba tanto tiempo en esa cama que mi cuerpo se estaba fundiendo en ella, estaba comenzando a desvanecerme, hasta que Tigre me obligó a despertar.
Lo vi entrar con un balde de agua fría y me lo arrojó dejándome completamente empapada y enojada.
—¿TIGRE, ESTÁS LOCO?— le grité desaforada—, sal de mi habitación y déjame sola.
—¿Cuándo fue la última vez que te miraste en un espejo o que te bañaste?— dijo con cara de asco—. Apestas, Bruna, todo este lugar apesta, tu tiempo de compadecerte en esa cama termina hoy.
—No eres nadie para decirme lo que puedo hacer, Carlos ya se murió, te libero de tu responsabilidad, puedes irte y dejarme sola—
Tigre sacó su arma, me apuntó y disparó, la bala pasó cerca de mi cabeza, quedé paralizada sin poder respirar, miré a Tigre fijamente, iba a gritarle, pero disparó de nuevo, mi corazón latía cada vez más fuerte
—Me queda una última bala, tienes tres segundos para decidir si quieres vivir o morir.
UNO
DOS…
Por un momento me sentí tentada a dejar que disparara, quería acabar con todo y no tener más miedo, mi padre siempre me dijo “si la solución es fácil entonces no la tomes” por primera vez entendí el peso de esas palabras.
TRES
—¡BASTAAA! No quiero morir, solo quiero que se termine, quiero desaparecer— mi voz se escuchaba tan apagada que no la reconocí, Tigre bajó el arma y se sacó el abrigo que traía puesto, por primera vez en la luz pude ver las cicatrices que tenía en su abdomen y en sus brazos.
— Sé lo que es perder, estas cicatrices son mi historia, cuando ya no tenía nada Carlos me dio un propósito, cuidar de ti todos estos años me salvó la vida, si quieres morir te mato y si quieres vivir te salvo, pero esto que estás haciendo de llorar todos los días ya es patético—
—¿Y qué más puedo hacer?, estamos en el medio de la nada, desterrados como parias—
—Para empezar, báñate, estás hedionda, te traje ropa del pueblo y algunas cosas para que cambies tu pelo, con esos rizos negros es muy fácil reconocerte, después vamos a hablar— se marchó haciendo una mueca de asco.
La expresión de Tigre me hizo gracia, tomé todo lo que me había traído y fui al baño, el espejo no mostraba mi reflejo, solo escombros de quien fui.
Me hundí en el agua, el frío helaba mi sangre, sin embargo, la rabia me había poseído y sin explicación ninguna rompí a gritar con las manos engarrotadas y los labios tensos....
Después de un liberador baño le tocó el turno a mi pelo, no quería cambiarlo de color, mi padre siempre decía que lo tenía tan negro como mi madre, apenas la recuerdo, nos abandonó cuando yo era muy chica, pero de alguna forma siempre sentí que había una conexión si tenía el pelo como ella, quizás regresaría y me encontraría, ahora ese sueño era imposible, así que comencé a cortar el pelo.
Los rizos caían a mi alrededor, el chasquido de la tijera era cada vez más violento, cada corte era una ruptura y en lo profundo mi mirada quedaba vacía.
La metamorfosis fue progresiva, hasta que finalmente fue a ella a quien vi esbozando una cínica sonrisa.
Tigre se sorprendió mucho al verme, mi nuevo look me hacía lucir distinta, empoderada, ya no parecía una florecilla marchita que se desvanece en el viento.
Bruna usaba el cabello lacio a la altura de sus hombros, con un vibrante rojo caoba, mirada inexpresiva y su sonrisa era tan falsa como su existencia.
—Bruna, ven aquí— gritó Tigre— tómate un minuto para observar y escuchar—
Era un tipo frío y extraño, no entendía que me quería mostrar hasta que por fin comencé a observar.
Desde que habíamos llegado, ni una sola vez salí a contemplar el paisaje que nos rodeaba, ya estaba atardeciendo, podía sentir ese clima oceánico acariciando mi piel, el pasto verde con vetas amarillentas siendo tocado por los últimos rayos de sol y las montañas que nos rodeaban a lo lejos hacía de ese lugar un espacio mágico, imposible de imaginar.
Llené mis pulmones de aire, escuché mis latidos, unas lágrimas se escaparon y para mi sorpresa esta vez no eran de tristeza.
—Tigre, este lugar es hermoso— respondí abrumada por la belleza.
— Sé que debes tener muchas preguntas y yo tengo pocas respuestas, pero te aseguro que hay esperanza para los dos y yo te voy a cuidar siempre—
—Lamento haberte gritado, tú me salvaste y mereces que te trate mejor— él respondió con un gesto parecido a una sonrisa.
—Al menos me vas a decir tu nombre, es un poco extraño decirte Tigre todo el tiempo—
—Mi nombre es ruso y es muy feo, no vas a poder pronunciarlo, además yo soy como los tigres—
—Yo creo que detrás de toda esa coraza hay un corazón noble… ya sé que no tienes muchas respuestas, pero necesito que me cuentes lo que sabes—
— Bruna ni siquiera sé quiénes integran la organización de tu padre, mi función es solamente velar por tu seguridad— hizo una respiración profunda y continuó— conocí a tu padre hace muchos años, él me salvó, de donde vengo una vida se paga con otra vida y ese pago eras tú.
Cuando te fuiste para España a estudiar el señor Messina me ordenó que te vigilara, debía seguir tus pasos, ser tu sombra, sin interferir en tu vida, él quería que vivieras en una burbuja—
—Para mí esa burbuja era la normalidad—
—Lo sé, no es tu culpa—
—Necesito descubrir por qué mi padre estaba involucrado en todo eso—
— Cuando regresaste a Italia, tu padre me insistió en que me mantuviera cerca de ti, parecía alterado y estaba fuera de control, me dijo que si lo mataban el plan se activaría y que debía seguir todas las instrucciones, él me entregó tus nuevos documentos y la guía de lo que debía hacer para llegar aquí—
Mientras escuchaba a Tigre, imaginaba lo afligido que debía de haber estado mi padre, él sabía que lo podían asesinar en cualquier momento y aun así hizo todo para mantenerme a salvo, eso me hizo sentirlo cerca, su amor siempre me iba a acompañar.
—Hay algo más que puede ser importante, el día antes de la explosión tu padre tuvo una reunión con un extranjero, era un tipo rico, joven, bastante alto y de pelo oscuro, me pareció extraño el trato familiar que le dio y quedó muy alterado después de esa visita, puede que él sepa algo o tenga algo que ver con el asesinato—
—¿Pudiste ver sus ojos?— respondí sobresaltada—. ¿Sabes si eran verdes o me puedes describir mejor su rostro?
—Bruna, no ando mirando los ojos de los hombres, pero… ¿por qué reaccionas así, acaso lo conocías?—
Quedé pensativa, la descripción que él me estaba dando coincidía con la que me dio la secretaria cuando fui a visitar a mi padre a su despacho, además estaba recordando que sentí el mismo perfume que usaba el desconocido del club, todo era tan inaudito que ya no sabía que pensar, empezaron a llover teorías en mi mente, quizás el desconocido se acercó a mí por alguna razón relacionada con todo esto, pero ¿con qué objetivo?
No quería ser paranoica, quizás todo era una coincidencia.
—Tigre, ¿cuánto tiempo vamos a estar aquí y qué vamos a hacer después?—
—El que sea necesario, debo esperar nuevas instrucciones—
—Pero no entiendo quién te va a avisar si mi papá ya no está—
—Él no, pero la organización sí. Hasta ahora todo salió bien, en las noticias informaron que estás muerta, tu casa se incendió así que no hay rastro de nada y…
—¿Quemaron mi casa?— me espantó escuchar eso, toda una historia hecha cenizas.
— Sí, era necesario para despistar a la mafia y a las autoridades, debes entender que eso ya no importa, solo piensa en sobrevivir un día a la vez—
—Pobre Georgina, debe pensar que tuve un final espantoso, nunca más voy a ver a mi hermanita de corazón—
— La belleza de renunciar es que puedes comenzar de nuevo— Tigre estaba hablando con un tono teatral que lo hacía lucir hasta simpático, su cambio de actitud me tenía asombrada— tu amiga va a estar bien, es mucho mejor que esté lejos de ti, y si quieres un consejo, lo mejor que se puede hacer en tu situación es no amar a nadie, el amor te ata y no te puedes dar ese lujo—
—Tienes razón, si de verdad quiero comenzar de nuevo debo dejar el pasado atrás— ambos sonreímos, el gran tigre parecía un cachorro—. Quiero que me enseñes a defenderme y a disparar, si vamos a pasar un tiempo aquí hay que aprovecharlo—
—OK, si te voy a ayudar y vas a tener que aguantar, si te veo llorando una sola vez se acabó el entrenamiento—
Ese fue el principio de nuestra necesaria y rara amistad, Tigre era frío, se aislaba, pero tenía sus momentos dulces y cálidos, aprendimos a hacernos compañía en silencio.
Nunca conseguí que me contara nada de su pasado, pero al menos sabía que su nombre era ruso. Los meses pasaron muy rápido y ya me había acostumbrado a la rutina, en las mañanas salíamos a correr, en las tardes me daba clase de tiro y me enseñaba defensa personal.
El lugar donde estábamos era hermoso en todas las estaciones, había un pueblo cerca, pero Tigre no me dejaba ir, decía que era mejor que estuviera oculta hasta que tuviéramos nuevas instrucciones, había días que eso me enloquecía, seguía sin saber cuánto tiempo tendría que estar allí y con la única persona que interactuaba era con él, que además la mayor parte del tiempo casi no hablaba.
El tiempo pasaba y pasaba, a veces lento y a veces rápido, la rutina se tornó aburrida y ahora era yo la que le daba palizas a Tigre en el entrenamiento, mi puntería también mejoró muchísimo, eso me hizo sentir que otra vez tenía el control, ya estaba lista para salir al mundo, pero las malditas instrucciones no llegaban.
Pasó un año y todo seguía igual, ya estaba a punto de escaparme y salir yo sola a buscar mi suerte, hasta que por fin terminó la larga espera.
—Bruna, llegó el día, me contactaron y vamos a salir de aquí, ya tanta paz me estaba enloqueciendo— suspiró Tigre con alivio.
—No tienes ni idea de lo feliz que estoy, por fin voy a ver otra cara que no sea la tuya— grité como una loca.
—Tampoco soy tan feo— gruñó.
—No, no lo eres— se hizo una pausa incómoda, yo y mi bocota.
—Prepara tus cosas, nos vamos esta tarde—
—No me has dicho a dónde—
— Vamos a París y después te toca seguir sola—
—¿Qué quieres decir con eso?, me prometiste que no me ibas a abandonar nunca—
— Escucha, Bruna, que nos separemos no significa que vas a estar sola, siempre voy a estar para cuidarte.
Ahora vamos a ir al aeropuerto en París; ahí debo entregarte el sobre para que veas cuál es tu destino.
Yo no debo saber a dónde vas, esas son las reglas, pero te voy a dejar un número para que me puedas llamar si alguna vez me necesitas; prometí cuidarte y lo voy a cumplir—
Horas más tarde estábamos en el Aeropuerto Charles de Gaulle, de París.
No solté la mano de Tigre; movía mi pie derecho de forma acelerada, él hizo un gesto para que me tranquilizara, recosté mi cabeza sobre su hombro desde que salimos de nuestro idílico refugio, poco a poco el ritmo de mi corazón volvió a la normalidad.
Llegó el momento de despedirse y ninguno de los dos lo queríamos aceptar.
—¿De verdad no puedes venir conmigo?—
—Te acuerdas que un día te dije que no debes atarte a nadie, bueno, llegó el momento de que lo apliques, ten este sobre, aquí está el dinero y el pasaje, ahora nos vamos a despedir como si fuéramos una pareja y…
No lo dejé terminar, me abalancé sobre él y le di un fuerte abrazo, quise contener las lágrimas, pero fue imposible, sentía que otra vez estaba perdiendo a alguien importante en mi vida, habíamos pasado muchas cosas juntos y era difícil decir adiós.
Tigre me apretó con fuerza y me dio un casto beso en los labios, se detuvo a observarme con una mirada empañada.
—Llegó el momento, pequeña, espero que no nos volvamos a ver, así sabré que no estás en peligro—
Nos dimos un último abrazo y vi como Tigre se alejaba, otra vez ese sentimiento de soledad me tocó la puerta, pero no era momento de derrumbarse, tenía que acabar con mis enemigos y este era el principio.
Abrí el sobre, en él había dos mil dólares, una nota que solo ponía una dirección y decía “busca a Caetano Belmonte”, nunca había escuchado ese nombre, quién sería Caetano y cuál es su relación con mi padre. Por último, saqué el pasaje y sonreí al ver mi nuevo destino.
Después de todo lo que me pasó en este último año mi vida dio una vuelta de trescientos sesenta grados, ya no soy quien solía ser, ya no tengo a nadie, solo a mí y a mis miedos, ahora estoy volviendo a aparecer, pero esta vez estoy fuera de la burbuja.
La historia de Bruna comienza ahora, en este avión rumbo a Brasil, la pregunta es, ¿Qué va a pasar? ...