El enigma de los pétalos rojos Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Se hizo un silencio incómodo, Tigre me soltó y me dio dinero para el metro, estábamos en un barrio que no conocía, bastante lejos del centro de Roma, mientras caminaba por las calles comencé a sentirme paranoica, veía a todo el mundo como una posible amenaza, aquel lugar parecía el infierno en la tierra, se veía mucha pobreza, todo gris, lleno de grafiti y de malos olores.

Conseguí encontrar una estación del metro y me fui para el despacho de mi padre, estaba segura de que guardaba copias de su investigación en el cajón secreto, si lograba dar con esas pruebas las podía cambiar por mi vida y desaparecer de Italia para siempre.

Llegué de noche al bufete y me sorprendió que no estaba el guardia de seguridad, las puertas estaban abiertas, caminé muy despacio mirando hacia todos lados para asegurarme de que estaba sola.

Entré al despacho y todo estaba revuelto, había papeles y libros por el piso, ya habían estado allí buscando lo mismo que yo, el escritorio estaba destruido y la cerradura del cajón secreto forzada.

Desorientada comencé a buscar, solo que, no estaba sola.

—Mira, Mariano, una zorra vino a jodernos— dijo uno de ellos mientras me apuntaba con un arma—. Tienes un segundo para decirme quién eres o te vuelo la cabeza.

—Trabajo aquí, solo vine a buscar las cosas del señor Messina, por favor no me hagan daño, soy una simple secretaria— mentir era la mejor opción, pero esos asquerosos se acercaron y comenzaron a tocarme mientras tenía el arma en la cabeza.

—El cabrón de Messina seguro follaba a su secretaria y yo quiero sentirme como ese cabrón, así que me la voy a follar aquí, en su escritorio— comenzó a reírse y su fétida respiración me estaba dando náuseas, estaba atrapada entre esos dos, pero no me iba a dejar vencer sin luchar.

—Yo sé dónde están las pruebas que buscan, se las voy a dar si me sueltan y me dejan ir—

— La escuchaste, ella tiene las pruebas, la maldita zorra tiene las pruebas, deben ser iguales a esto— el troglodita que me apuntaba con el arma tenía un pendrive en la mano, seguramente lo había encontrado en el cajón, mi única ventaja había desaparecido y no sabía que era peor, que pensaran que era una secretaria o que supieran mi verdadera identidad.

— Suéltenme, les aseguro que hay más copias y su jefe los va a matar si se entera que no las consiguieron todas— comencé a forcejear, pero me pegaron un fuerte puñetazo en el rostro y luego en el abdomen, caí en el piso indefensa recibiendo patadas de ese par de bestias como si fuera un saco de arena, me arrancaron la blusa que llevaba puesta y uno de ellos me sujetó mientras el otro se bajaba los pantalones.

No tenía esperanzas, entre el dolor y el terror que sentía perdí toda capacidad de razonar, solo intentaba defenderme como un animal.

—Vas a gritar como una puta y después voy a alimentar a los cerdos contigo, maldita zorra—

La asquerosa escoria que estaba a punto de violarme cayó sobre mí lleno de sangre, el otro trató de sacar su arma, pero no le dio tiempo, recibió un balazo en la cabeza, cuando pude distinguir en la oscuridad me sentí aliviada al ver que era Tigre, corrí hacia él y lo abracé, estaba llorando sin parar y la voz me salía entrecortada.

—No me vuelvas a dejar sola, por favor; ellos me iban a hacer daño, quiero irme de aquí—

—¿Cómo te llamas?— lo miré sorprendida, pero entendí lo que quería de mí.

—Me llamo Bruna, Bruna Moretti.

—Muy bien, Bruna, ponte mi chaqueta y larguémonos de aquí, casi echas a perder todo el puto plan.

— En ese momento no me importó la frialdad de Tigre, estaba tan aliviada de que me salvara que el resto era insignificante, busqué el pendrive que el asqueroso me había mostrado, lo tenía en el bolsillo de su pantalón, al intentar sacarlo quedé paralizada cuando sentí que se movió, ese asqueroso que hace unos instantes me estaba golpeando seguía vivo, respiraba con dificultad y se le salía sangre por la boca, tomé el pendrive y me alejé de él espantada.

—¿Qué sucede?—

—Este sigue vivo, sentí que estaba respirando—

—Toma el arma y mátalo—

—Estás loco, no soy una asesina, no puedo hacerlo—

—Puedes y debes, si no hubiese llegado a tiempo ahora mismo te estaría violando, él no iba a dudar en matarte, así que devuelve el favor—

—No—

—Tu vida cambió, o matas o te matan, no siempre voy a estar para defenderte, así que ve practicando, toma el arma y dispara—

Tigre cargó el arma, solo sentir ese sonido me estremecía, me la entregó y la tomé con las manos temblorosas.

Esta mañana estaba feliz y ahora le debo quitar la vida a un extraño, ya ni siquiera tengo nombre, no tengo nada más que esta arma y mi sentido de supervivencia.

—No tenemos toda la noche, dispara ya de una vez, a las cucarachas se las extermina, no tienes que sentir culpa—

Las palabras de Tigre quedan en el aire y solo puedo escuchar el sonido de mi respiración, inhalo y exhalo, cierro los ojos y aprieto el gatillo una y otra y otra vez hasta que no quedan más balas, las manos de Tigre envuelven las mías y me quita el arma con cuidado, me da pánico abrir los ojos y toparme con una asesina.

—Mírame, todo va a estar bien si me obedeces, no sientas culpa, esa cosa no la merece, ahora larguémonos de aquí que apesta a muerto—

Salí sin mirar atrás y le dije a Tigre que no había encontrado nada, no estoy segura porque le mentí, pero sentí que era mejor así.

Cuando llegamos al ruinoso apartamento Tigre me dio media hora para bañarme, me consiguió ropa y algo de comida, yo no quería, pero él prácticamente me forzó a comer.

Salimos de ahí en una camioneta vieja y Tigre me mandó a ocultarme en la parte de atrás, me pidió que intentara dormir, pero fue imposible, Italia sería un capítulo más que dejaba en mi pasado, un pasado que era mejor olvidar, lloré en silencio hasta que me venció el cansancio

Lo último que recuerdo decir es “Arrivederci bella, quizás te vuelva a ver”.