Capítulo 3
Desperté en un pequeño apartamento con olor mohoso, el ambiente era lúgubre, las paredes tenían hongos y se les caía la pintura, la cama en la que estaba acostada era dura y las sábanas se sentían ásperas al tacto.
Estaba muy confundida, con el alma inquieta y la esperanza callada, me tomó unos minutos recordar lo que había pasado, a medida que volvía la memoria mi respiración se agitaba, solo podía ver la explosión, los recuerdos del fuego y el hombre de la cicatriz golpeaban mi mente.
Todo mi cuerpo estaba tenso y comencé a pegarme en la cabeza con las palmas de las manos, no paraba de balbucear “es mentira”, “es mentira”, necesitaba dejar de ver la explosión, pero no podía, me balanceaba y golpeaba la cabeza de forma demencial.
—¡DETENTE, te vas a hacer daño!— me detuve en seco y traté de adaptar mis ojos a la oscuridad para encontrar de dónde venía la voz, sentí unos pasos y a medida que se acercaba mi corazón latía más fuerte, tanto que lo sentía en mi cabeza.
El extraño era un hombre alto y delgado, de pelo rubio casi blanco, unas pestañas largas tan rubias como su pelo y unos ojos con un azul tan intenso que lo hacía parecer un demonio.
Era joven, bastante perturbador y con un tigre enorme tatuado en el pecho.
—¿Por qué estoy aquí?— dije con voz temblorosa—. ¿Qué quieres de mí?
—Una pregunta a la vez, primero tienes que saber quién soy—
—Eres uno de ellos, seguro quieres terminar el trabajo asesinándome—
Se subió a la cama acechando como un tigre, él avanzaba y yo retrocedí hasta que tropecé con la pared a la que estaba pegada la cama, sentía escalofríos... sólo podía pensar en huir, ahí en ese lugar horrible yo era una presa fácil.
Estaba esperando que me atacara, pero se sentó frente a mí y algo en su lenguaje corporal cambió.
—Tu padre tenía razón, eres atrevida— ese comentario me puso alerta, habló de él con mucha familiaridad.
—¿De qué lo conoces?— hizo una sonrisa tan cínica que me dieron ganas de pegarle un buen bofetón.
—Más preguntas, debes ir despacio para no enloquecer— hizo una pausa y me miró fijamente—, estás aquí porque así lo ordenó el señor Messina, tienes razón, soy un criminal. Lo único que quiero de ti es obediencia para cumplir con mi deber de protegerte.
Quedé estupefacta, no sabía que pensar, si era verdad lo que decía eso significaba que papá estaba involucrado con delincuentes y que tenía todo un plan para mí en caso de su muerte.
Necesitaba saber más, no confiaba en un hombre que no me había dado ni su nombre.
—¿Ahora sí quieres saber quién soy?— moví la cabeza en forma afirmativa sabiendo que no me iba a gustar la respuesta.
—Tu padre pertenecía a un grupo antimafia que se extiende por varios países, es una organización que hace justicia por su cuenta, su trabajo como abogado intachable solo era una fachada, la realidad es que era un cazador de hijos de putas y los hacía tragar su propia mierda.
Hace unos meses encontró las pruebas para desmantelar a la Camorra y acabar con muchos poderosos corruptos, era algo realmente grande.
—Estás mintiendo, mi padre jamás se involucraría en algo ilegal, todas las pruebas de sus casos las conseguía de manera correcta, él no era el hombre que estás describiendo—
—Tenemos poco tiempo para salir de aquí, los hombres de la Camorra saben que no estabas en el auto y te están buscando—
—No pienso ir a ningún lado contigo, voy a poner la denuncia, que es lo correcto, y las autoridades se harán cargo—
Mi negación lo enfureció, se levantó de la cama de un salto, y buscó una carpeta que estaba sobre una mesita de madera en el medio del apartamento, luego se acercó y cuando estuvo frente a mí lanzó a la cama unas fotografías aterradoras, en una de ellas se veía al juez Soprano en su despacho con un disparo en la cabeza, había tres más, todas de asesinatos de hombres que conocían y trabajaban con mi padre, comencé a sentir que estaba atrapada en una nube negra y la próxima víctima sería yo.
—¿Sabes lo que harían esos hijos de puta si te atrapan?
Te van a violar uno a uno, te van a golpear, a mutilar, a humillar y, cuando ya no quede nada de ti, vas a ser comida para cerdos— ese fuego rabioso en su mirada y la forma tan cruel en que pronunciaba las palabras me hicieron comprender que solo podía escapar del terror, pero jamás enfrentarlo.
—¿Y a ti qué te hicieron, por qué me estás ayudando?
—Lo único que tienes que saber es que Messina hizo todo un plan para mantenerte a salvo y que pienso cumplir con mi deber. No podemos confiar en nadie, alguien traicionó a la organización y nos están cazando—
—¿Por eso tantos asesinatos, todos esos hombres pertenecían al grupo antimafia?—
— No estoy autorizado a contarte nada de esto, ya hablé demasiado, aquí tienes una carta de tu padre, te voy a dejar sola para que la puedas leer, no hagas ninguna tontería— dijo de forma amenazante.
Sentí los pasos alejarse y me temblaba la carta en las manos, pensar que mi papá ya no estaba y que todo en su vida era una mentira me entristecía y me enojaba, quería reclamarle por engañarme y deseaba abrazarlo para sentir que el mundo era un lugar seguro, nada de eso era posible, así que respiré profundamente y enfrenté sus palabras.
“Hija, no sabes cuánto lamento que estés leyendo esta carta, sé que me vas a odiar por todas las mentiras, pero créeme que eran necesarias para que pudieras tener la vida normal que yo nunca tuve.
Hace muchos años lo perdí todo por culpa de la mafia y tuve que huir de Italia como un paria, sólo pude regresar porque los malditos que me hicieron tanto daño pagaron las consecuencias y me juré que dedicaría mi vida a limpiar Italia de esa escoria mafiosa.
Estoy seguro de que mi muerte te parece un costo muy alto pero un hombre que abandona la batalla no merece vivir.
No quiero que busques venganza, ni respuestas, eso sólo te pondría en peligro, sigue las reglas que dejé, no confíes en nadie y cuando alguien te ofrezca ayuda asegúrate de saber porque lo hace, nadie da nada de gratis.
Confío en ti y en tu buen juicio, estoy seguro que vas a lograr rehacer tu vida y ser muy feliz cuando todo esto termine.
Quiero que hagas del miedo tu fiel compañero, temer te va a mantener alerta y va a impedir que cometas graves errores.
Recuerda que la verdad te va a alcanzar y cuando llegue el momento debes pensar como el Alquimista.
Te amo por siempre, tu papá”
No podía parar de llorar mientras leía la carta, él ya no estaba y mi mente agonizaba en un precipicio de dudas.
¿Cómo iba a seguir con mi vida si todo lo que creía saber era mentira?
, un espejismo que explotó en mil pedazos.
Cuando logré tranquilizarme llamé a Tigre, así decidí nombrar a mi extraño protector, para que me dijera cuál era el siguiente paso.
—Aquí tienes tu pasaporte— no entendía por qué Tigre tenía mi pasaporte o, más bien, cómo lo había conseguido—. Mañana nos vamos de aquí, me puedes seguir llamando Tigre, así me decía el señor Messina.
Eso me hizo gracia, seguro que mi padre también lo trataba mal como a Renato, me dolía el solo pensar en ellos. Abrí mi pasaporte instintivamente, la verdad es que me pareció que la tapa lucía muy nueva y eso llamó mi atención.
Algo estaba mal con ese documento, tenía que ser un error, tenía mi foto, pero el nombre era otro.
—Tigre este no es mi pasaporte, esto está muy mal, no entiendo por qué está mi foto y el nombre dice Bruna Moretti, ¿quién es Bruna? –
— Tú eres Bruna, a partir de ahora tu vida pasada no existe, mañana va a salir la noticia de que encontraron tu cuerpo y estarás oficialmente muerta.
Bruna Moretti es tu nueva vida, aquí tienes el acta de nacimiento, y la historia de Bruna, debes aprenderlo todo y no vuelvas a mencionar tu verdadera identidad, esa ya falleció.
Así se siente morir, no eres nadie, no eres nada, un simple cuerpo que van a transformar en polvo.
Lo peor es que yo aún respiraba, o al menos lo intentaba, pero mi camino se escapó de mis manos, era prohibido hablar de mi existencia, una serie de hechos infortunados que yo no provoqué me hicieron desaparecer, me quitaron todo lo que soy y ahora en su lugar estaba Bruna Moretti una huérfana de algún pueblo de Toscana.
Me sentí usurpada y no podía aceptar esta nueva identidad así que me resistí a creerlo.
—Tigre esto es una locura, además es ilegal que use una identidad falsa, de verdad no puedo creer que esta mierda sea el plan de mi padre—las palabras salían con rabia de mi boca— dime una cosa, ¿si en el momento de la explosión yo hubiera estado en Alemania ahora no estaría en peligro? —
—Llevo años cuidándote, donde estás ahí estoy yo, todo el tiempo he sido tu sombra, las noches que te emborrachabas con tu amiga yo era el chofer que las llevaba a la casa.
He sido tu maldita niñera todos estos años viendo como disfrutabas en tu estúpida burbuja, llegó el momento de la realidad, lo mejor para ti es que la aceptes—
—Nada de esto tiene sentido y no me importa lo que digas ni tú ni el estúpido pasaporte; no pienso irme a ninguna parte y mucho menos dejar mi vida atrás— me levanté de la cama, tiré todos los documentos y la carta la rompí en mil pedazos; caminé hacia la puerta, pero Tigre me agarró del brazo— suéltame, mi padre está muerto y yo no quiero tu protección; voy a salvarme yo sola y a mi manera.
—Si sales por esa puerta no vas a durar ni un día, es mejor una nueva identidad a ser un verdadero cadáver— sus impresionantes ojos estaban inyectados de ira, la verdad que mirarlo daba escalofríos.
—Gracias por todo, Tigre, pero es mi decisión, no pienso quedarme aquí contigo ni seguir ninguna regla—