Capítulo 2 #2
—¿Cómo voy a entender si apenas conozco tu pasado o la historia de nuestra familia? Estoy segura de que tu obsesión por limpiar las calles de corrupción y mafia tiene que ver con eso y nunca me cuentas nada—
—Hay cosas, hija, que solo con mencionarlas te pueden romper en mil pedazos y devolverte a una oscuridad de la que no se logra salir; si alguien no los detiene, esos malditos nos van a borrar a todos—
—Tenía la estúpida esperanza de que nuestra felicidad fuera más importante para ti que todo esto, pero ya veo que no, siempre va a existir algo nuevo que defender y yo ni siquiera puedo vivir aquí por tus malditas decisiones, mañana es mi último día en Roma, no pienso regresar nunca más a ver cómo te destruyen—
Hacía mucho tiempo que no tenía una discusión tan fuerte con él, salí tan enojada que apenas le respondía el saludo a los colegas de mi padre que me encontré por el camino. Necesitaba despejar mi cabeza y eliminar la frustración así que le escribí a Renato.
—Te veo en el campo de amapolas en una hora—
—Ok, ¿llevo algo de tomar?
—Sí, una botella de vino tinto y trae también chocolate—
Una hora más tarde estábamos en nuestro lugar secreto, cuando éramos adolescentes encontramos un pequeño campo de amapolas a las afueras de la ciudad, ahí perdimos la virginidad y estuvimos cientos de veces, era nuestro nido de amor, la última vez que fuimos fue antes de mi viaje a España para ir a la universidad, Renato me propuso matrimonio, quería casarse y tener cuatro hijos, casi me desmayé cuando me lo dijo, definitivamente no queríamos lo mismo y decidí terminar la relación.
—¿Te acuerdas de la última vez que estuvimos aquí? Me pediste matrimonio y todo terminó siendo un desastre—
—No fue un desastre, nos amábamos, pero de forma distinta. Al principio te odié; después entendí que fue lo mejor para los dos— me respondió con calidez.
—Lo siento, nunca quise que sufrieras, pero no podía seguir contigo solo por amor; a veces, solo con sentir no alcanza—
—No te culpo; al contrario, si no fuera por ti seguiría siendo un don nadie. Ahora tengo un futuro y, cuando me case, lo voy a hacer con alguien que me aporte tantas cosas bonitas como lo hiciste tú.—
No sabía qué responder, tomé un trago de mi copa de vino; él me acarició el pómulo, se acercó despacio y me comenzó a besar. Era un beso tranquilo, con cariño, pero sin pasión. No era necesario decir nada; él necesitaba un cierre y yo, desahogarme.
Comenzamos a desvestirnos en medio del campo de amapolas, solo se sentía nuestras respiraciones aumentando poco a poco, Renato acariciaba mi cuerpo con delicadeza y ternura, yo quería más, pero él no era el hombre que me lo podía dar.
Fue inevitable cerrar los ojos sin pensar en los ojos de jade, podía sentir sus manos fuertes apretando mis pechos, mordiendo mis pezones, jugando con mi sexo, por suerte no sabía su nombre sino lo hubiera gritado.
—Mia ragazza, nunca te había sentido tan caliente y entregada— me dijo al oído, llenándome de besos el cuello.
—Sólo cállate y fóllame bien fuerte como si fuera tu puta— no sé si se lo ordené o se lo supliqué, pero pude ver que lo sorprendí, mi petición cambió algo en él, despertando su lado dominante con pequeños tintes de fiereza.
—¡Di mi nombre!— exigía mientras tiraba de mi pelo—. Di mi nombre.
—Renato, más, quiero más— estaba gozando de su agresiva y controladora posesión e imaginaba que el desconocido nos observaba, eso me excitaba mucho más, disfrutaba de uno y pensaba en el otro, nunca me había pasado algo así, desde aquella noche en el Fusión Vip todo en el sexo era diferente, carnal e intenso.
El lobo con máscara se acercó y me susurró: “Ahora”. Obedecí, liberándome de una agotadora tensión.
—¿Estás bien?, ¿te lastimé?— la voz dulce de Renato me hizo regresar a la realidad y salir del limbo en el que estaba, la fantasía había terminado y mi desconocido se había ido.
Regresé a casa en la madrugada y vi que mi padre me estaba esperando despierto.
—No estoy de ánimo para discutir— le dije con total desgano.
—Hija, son tus últimos días de visita y no quiero que te vayas enojada. Sé que tienes razón y que hay cosas que no te he dicho, pero es por protegerte—
—Lo sé, pero me estás protegiendo de algo que no entiendo y todo con mentiras. Me estás alejando cada vez más y parece que eso no te importa—
—Lo que me importa es que estés viva y que nunca pases lo que yo sufrí, puedes odiarme por lo que hago, pero créeme que es necesario—
—Yo no te odio, papá, nunca podría hacerlo y estoy orgullosa del gran abogado y hombre que eres, pero me molesta ver cómo te sacrificas para encerrar a esas escorias mafiosas. Roma no lo merece, papá, no lo merece—
—¡Quizás Roma no, pero los Messina sí, ellos intentaron borrarnos, nos quitaron todo y juré hacerlos pagar!
— por primera vez vi una lágrima en su rostro, estaba hablando de algo de su pasado que yo desconocía, no quise presionarlo a seguir, era evidente que no era el momento, le di un fuerte abrazo y un beso en la mejilla, eso lo hizo sonreír y nos fuimos a dormir, ya habrá tiempo para la verdad.
A la mañana siguiente mi tierno amore llegó en su bicicleta para desayunar juntos e ir al trabajo con papá.