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Metían a Henry a la fuerza en una furgoneta verde, en las profundidades de un garaje subterráneo. En el lateral se leían las palabras Queen's Suppliers en pequeñas letras rojas.
Hicieron falta cuatro hombres para meterlo en la jaula de alambre de la parte trasera.
Dos de ellos se subieron delante y enfilaron la rampa que conducía a las puertas metálicas antiexplosivos y a la calle.
En cuestión de minutos estaría en un piso franco en Elephant and Castle, y era poco probable que volviera a ver la luz del día hasta que los servicios de seguridad completaran su investigación.
En la pantalla de Henry, que seguía en su escritorio, una imagen mostraba el exterior de las instalaciones de investigación de Yacoub Holdings en El Cairo.
Un grupo de comandos egipcios estaba inmovilizado por los disparos cerca de la puerta.
Los combatientes de los Hermanos Musulmanes habían recibido refuerzos: dos camiones más cargados de hombres vestidos de negro.
Si no llegaba apoyo aéreo de inmediato, la Hermandad arrollaría a los comandos y las instalaciones caerían por completo en sus manos.
Como muestra de lo inminente que era ese momento, la pantalla mostraba a dos hombres vestidos de negro colocando algo junto a la puerta principal del edificio, sin que nadie se lo impidiera. Era una mochila negra. Los hombres manipulaban lo que había en su interior.
—Solicitamos permiso para intervenir —dijo una voz a través de los altavoces conectados al lateral del escritorio de Henry.
Pero nadie respondió, y unos segundos después se oyó claramente el impacto de las balas contra el Lynx, y se vieron los fogonazos de varias pistolas ametralladoras apuntando en su dirección.
Un momento después, el helicóptero viró bruscamente y emprendió el regreso sobrevolando el amasijo de tejados planos, montones de basura y antenas de televisión, de vuelta a la base aérea.
—Misión abortada —anunció una voz exasperada por los altavoces.