El enigma de El Cairo 65
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Xena cerró los ojos y subió las piernas un poco más. No podía dejarse caer. Allí abajo había sabe Dios cuántas ratas. La capa freática bajo las pirámides de Guiza era famosa por sus canales y sus ratas.

Algunos habitantes de los barrios marginales de la zona de Guiza incluso se las comían en tiempos de escasez.

No iba a permitir que esas ratas se la comieran.

Avanzó un poco más. Entonces lo sintió. Su mano tocó el borde de la abertura. Tendría que auparse hasta el agujero. Pero lo había conseguido.

Se izó por encima del borde de piedra. Los músculos de los hombros le ardían como si un cuchillo al rojo vivo se le clavara en ellos.

Fue entonces cuando lo notó. Algo le mordisqueaba el cuello.