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Xena encendió la linterna. La luz era más estable ahora.
Encenderla solo diez segundos cada vez le había permitido hacer lo que necesitaba y alargar la duración de las pilas.
Ya estaba lista. Soltó la palanca principal del trípode.
Era la manera más sencilla de dejar caer la pila de osmio sobre el bloque.
El golpe del osmio al impactar hizo temblar levemente el suelo. Pero el bloque de piedra que Xena esperaba mover no se desplazó. ¿Descansaba sobre otro bloque?
Xena se sentó en el suelo de piedra y aguzó el oído. La Cámara del Rey de la Gran Pirámide tenía propiedades acústicas especiales, lo había leído antes de venir, pero ¿llegaría el ruido que estaba haciendo hasta los guardias que pudieran haber apostado fuera?
Esperó, escuchó. Nada. Nadie venía.
Volvió a la pila de osmio en el fondo de la sala. Cargaría más en el trípode del otro extremo y lo levantaría de nuevo. Seguiría haciéndolo hasta agotar la pila. Si el peso por sí solo bastaba para forzar una abertura, lo conseguiría.
Mientras trasladaba los bloques restantes de osmio con el carrito, Xena notó que las ruedas se combaban hacia fuera. Los ejes no aguantaban el peso.
Le llevó otros diez minutos de maniobras agotadoras, alternando entre la oscuridad y la luz, colocar el osmio en el trípode y elevarlo.
Giraba la manivela lentamente, con la linterna apagada, con dificultad, hasta que la pila más grande de placas de osmio quedó suspendida unos centímetros por encima de la losa de piedra.
Musitando una oración a la Reina de las Tinieblas, encendió la linterna, pulsó el botón para soltar el osmio y retrocedió un paso. Cayó con un golpe sordo.
Apagó la linterna. Otra vez, nada.
Pero entonces un golpe retumbó desde el otro extremo de la cámara. Avanzó despacio hacia el túnel de salida, de donde procedía el sonido. Pero el pasaje ya no estaba. No había salida. Una losa se había deslizado hasta cerrarlo.
El corazón le latía desbocado. Nadie sabía que estaba allí. Y podrían pasar semanas hasta que los egipcios consiguieran una perforadora para atravesar la losa que bloqueaba el pasaje de entrada. Para entonces, de ella solo quedaría carne putrefacta. Se estremeció.
¿Era así como moriría?