37
El edificio situado en Sharia Shubra, en un barrio pobre del norte de El Cairo, lucía un símbolo de gota roja sobre la puerta. Había abierto unos meses antes y lo conocían como bayt alddam, la casa de la sangre.
Solo podían vender sangre a la clínica las chicas vírgenes de entre catorce y veintiún años.
Las madres que traían a sus hijas debían presentar un certificado médico de virginidad, firmado en las últimas veinticuatro horas por un médico autorizado, y el documento de identidad de la joven para demostrar su edad.
Los vecinos estaban contentos con la clínica.
Traía dinero a la zona, y su relación con un famoso hospital privado del sur de la ciudad los tranquilizaba sobre el destino de la sangre.
Tras la revolución del 25 de enero, que derrocó al expresidente Mubarak en 2011, se abrieron servicios privados de donación de sangre en otras partes de la ciudad, pero no allí arriba, en el norte.
Que el centro de donación abriera solo un día a la semana, y apenas unas horas, convenía a los comerciantes locales, y los vendedores de koshary, pan y té no ponían objeciones al negocio adicional.
Los vecinos daban por sentado que las estrictas normas para la donación de sangre eran una de las razones del alto índice de éxito del hospital Dar al'amal en la curación de sus pacientes, y se juraban acudir allí si algún día podían permitírselo.
Aquel sábado la clínica permanecía cerrada. La puerta estaba bien atrancada y no había nadie esperando fuera. Hasta que un jeep de la policía se detuvo y cuatro agentes uniformados bajaron, se acercaron a la entrada y empezaron a aporrearla; segundos después, la echaron abajo.
Lo que sucedió a continuación lo captaron con sus móviles dos transeúntes.
La primera foto mostraba a la única persona que había en el edificio, a la que se llevaban con la cabeza casi entre las rodillas.
La segunda mostraba el momento en que prendían fuego a un archivador que habían arrastrado hasta la calle.
La mayoría de los vecinos no puso objeciones al cierre de la clínica. Se decía que traía mala suerte a la zona porque ningún imán la había respaldado.