El enigma de El Cairo 29
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Mohammad estaba en el túnel que llevaba a la salida de la cámara. Nos hacía señas.

—Tenemos que irnos todos. No pueden quedarse aquí.

Parecían las palabras de alguien que había trabajado como guía y estaba acostumbrado a echar a los turistas de los lugares.

Todos estábamos apiñados alrededor de la piedra del suelo que se había movido.

Era cuadrada, de aproximadamente un metro por un metro.

Había descendido unos dos o tres centímetros.

Mike escudriñaba la franja de piedra que había quedado al descubierto alrededor del borde del bloque. Yo también me agaché.

—¿Qué significa eso? —señalé una serie de pequeñas figuras rojas, en fila a un lado. Todas llevaban tocados, pero lo más llamativo era el enorme falo que lucía cada una.

—Hay dibujos así por todo Egipto —dijo Mike—. Lo que me interesa es que esta corona de aquí —señaló una pequeña figura— es una corona Atef. Fíjate en las plumas de avestruz a cada lado.

Había algo parecido a una pluma a ambos lados.

—Es el símbolo de la muerte.

Rodeó la abertura lentamente, examinando los cuatro bordes de las piedras que habían quedado a la vista. Lo seguí. Yacoub también, apartando de nuestro camino a las mujeres que habían entrado con él. Mike había sacado el móvil y estaba haciendo fotos de cerca.

Apoyó la mano sobre la piedra que se había movido y le dio unos golpecitos.

—Probablemente sea la primera vez que alguien ve esto en cuatro mil quinientos años.

—¿Cómo accedemos a lo que hay debajo? —preguntó Yacoub.

—Ya lo averiguaré —dijo Mike.

Mohammad se plantó delante de nosotros.

—Váyanse ahora mismo o no volverán a tener permiso para visitar esta pirámide.

Sonaba desesperado.

—Tranquilo. Ya nos vamos —dijo Mike.

Yacoub soltó unas palabras en árabe y encabezó la marcha de regreso por el túnel.

Cuando llegamos a la galería, tras arrastrarnos por el pasadizo, un oficial con uniforme marrón nos esperaba.

Junto a él había una figura encapuchada cuyo rostro no pude distinguir.

Parecía una sacerdotisa de otra época, con el largo vestido negro ceñido que llevaba.

El oficial nos entregó a cada uno una hoja de papel. En ella ponía lo siguiente:

EN VIRTUD DE LOS TÉRMINOS DE LA LICENCIA OTORGADA POR EL GOBIERNO EGIPCIO PARA ESTA PRUEBA, QUEDA PROHIBIDO REVELAR CUALQUIER DESCUbrIMIENTO REALIZADO EN EL INTERIOR DE LA PIRÁMIDE SIN LA AUTORIZACIÓN PREVIA POR ESCRITO DEL MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES.

Me incliné hacia Mike.

—Esperaban que encontraras algo, ¿verdad?

—Sí, y lo hemos encontrado.

—Pero ¿qué significa? —pregunté.

—Tiene que venir a mi villa —dijo Yacoub, que estaba junto a nosotros—. Allí hablaremos de los próximos pasos.

Di un paso hacia él.

—¿Me ayudará a encontrar a mi marido?

Yacoub levantó la mano y la pasó frente a mi mejilla, como si fuera a acariciarme.

—Por supuesto. ¿Cómo no iba a ayudarla?

Pensé en contestarle con alguna ocurrencia, pero preferí morderme la lengua. Echaba demasiado de menos a Sean. No dejaba de imaginar qué diría si estuviera aquí. Qué pensaría de todo esto.

El vacío interior, la sensación de que me faltaba una parte esencial de mí misma, era casi abrumadora.

—Gracias por la invitación.

—Aquí encontrará un nuevo hogar, Isabel Ryan, y quizás también un nuevo marido.

Chasqueó los dedos, como si pudiera hacer aparecer un marido en cuestión de segundos.

—Aún no estoy preparada para aceptar que Sean está muerto.

—Oh, lo siento, pero creo que está muerto. Tiene que dejar de albergar esperanzas de encontrarlo. Ahora discúlpeme, luego me reuniré con ustedes. Tengo que hablar con mi amigo.

Se volvió hacia la figura encapuchada, le dijo algo deprisa, y luego se acercó a Mohammad y empezó a hablar con él en voz baja, con la mano apoyada en el hombro del guía.

El otro oficial nos hizo señas y nos guio por la galería y el túnel hasta el exterior. Las palabras de Yacoub me daban vueltas en la cabeza. ¿Sabía algo sobre lo que le había pasado a Sean? ¿Cómo podía afirmar con tanta seguridad que estaba muerto?

Seguro que solo estaba especulando, ¿no? ¿O me estaba engañando a mí misma? ¿Era una viuda desconsolada incapaz de aceptar la realidad?