28
Henry Mowlam alargó la mano hacia el plato de sándwiches que había en el centro de la mesa de la sala de reuniones. La comandante Finch, su oficial de enlace con el Ministerio de Defensa, estaba hablando. Le gustaba hablar.
Escuchó mientras comía el sándwich de queso cheddar con cebolla roja. Quizá incluso le diera tiempo a comerse otro, pensó.
Finch se volvió hacia él.
—¿No estás de acuerdo, Henry?
Seis pares de ojos se clavaron en él.
Henry tragó.
—En realidad, no.
Cogió una botella de agua. Era una de las nuevas botellas rellenables que los servicios de seguridad habían adoptado recientemente.
—Explícate —dijo Finch. Tenía los labios apretados. Se pasó una mano por el pelo rubio y se lo colocó detrás de la oreja.
—Creo que todo esto de la fuente de la juventud es una estafa. Todo este evento en la Gran Pirámide es un truco publicitario para Yacoub Holdings. Tiene que serlo. Lo único que quieren es vender cremas faciales y pociones carísimas a señoras mayores en grandes almacenes de todo el mundo.
Una de las mujeres más jóvenes, Anna, que trabajaba para él, intervino:
—Venderán sobre todo por internet, Henry.
Él le dedicó una sonrisa de asentimiento y continuó:
—No van a encontrar nada útil en la Gran Pirámide después de tantos siglos. Y si encuentran otra cámara, lo más probable es que esté vacía, como todas las demás de la zona. Deberíamos tratar esto como lo que es: una campaña de marketing.
—Henry, esto va más allá de los planes de Yacoub para librarnos a todos de parecer viejos —dijo la comandante Finch.
Apoyó la mano abierta sobre la mesa y se inclinó hacia delante—.
Se está posicionando como el próximo presidente civil de Egipto.
Y si no tenemos una buena relación con él, no tengo ni idea de qué pasará con nuestra estrategia en Oriente Medio. ¿Tú sí?
Henry se recostó en su asiento.
—Nuestra estrategia en Oriente Medio no depende de meternos en la cama con este vendedor de crecepelo.
Señaló la gran pantalla que colgaba de un soporte en el techo, detrás de Finch. En ella se veía una imagen de Al Awari, el portal de noticias en árabe egipcio. En el centro de la imagen había una captura de la rueda de prensa que Yacoub había dado esa mañana.
—Es bastante más que un vendedor de crecepelo, Henry —dijo Anna.
—Es cierto. Está metido en cosas mucho peores que vender crecepelo —dijo Henry, y se limpió la boca con una servilleta de papel.
—¿A qué te refieres? —preguntó Finch.
—Otro de sus empleados ha desaparecido. Se trata de un médico que le está ayudando con la investigación de estos nuevos productos que va a lanzar.
Señaló la pantalla.
—Algunos dicen que este médico dirige el proyecto para conseguir la aprobación de sus productos milagrosos en Estados Unidos.
—Otro más —dijo Finch—. ¿Cuántos van ya?
—Doce empleados de Yacoub Research han desaparecido en el último año.
No se han encontrado cuerpos, y Yacoub sigue pagando los sueldos a las familias.
Esto ya no puede ser coincidencia. Creo que está eliminando a empleados que podrían revelar en qué anda metido realmente. Al menos, eso es lo que yo pienso.
Finch se inclinó aún más sobre la mesa.
—Quiero saber en qué está metido realmente, Henry. No podemos ejercer ninguna influencia basándonos en suposiciones.
Golpeó la mesa con el puño.