35
Aire
EL BABY SHOWER de Ivy no fue lo que me esperaba.
Pensé que sería una gran fiesta, pero solo había invitado a su familia, a la de su marido y a unos pocos amigos.
Pensé en escaquearme, inventar una enfermedad o algo que me permitiera evitar el tema de los niños, pero como no se me ocurrió ninguna excusa creíble, fui.
Nolan y yo seguíamos sin hablarnos, aunque teníamos que actuar como si nada pasara, lo cual lo hacía aún más doloroso.
Ya era bastante difícil fingir ser otra persona; fingir que todo iba bien era aún peor, así que opté por evitarlo.
Ivy y Damien celebraron el baby shower en su lujosa casa adosada de Nueva York, que daba cabida sin problemas a los menos de quince invitados.
Ella había transformado el lugar en un paraíso vintage francés en blanco y rosa para bebés.
Su pastelería había preparado dulces tan irresistibles que era imposible no probarlos.
En lugar de mezclarme con los demás, pasé el rato junto a la mesa de buffet con forma de cochecito vintage, picoteando de todo.
¿Serían los antojos del embarazo, o simplemente estaba usando la comida para aliviar el estrés?
Tenía náuseas matutinas, aunque creo que empezaron hoy.
Nolan me miró raro cuando salí corriendo del comedor a vomitar el desayuno.
Me preguntó si estaba enferma, pero para cuando le expliqué que no pasaba nada, ya había perdido el interés.
Era mentira. Aunque me sentía bien, un dolor sordo me palpitaba en la nuca.
—Es realmente bonito, ¿verdad? —Thalia estaba a mi lado sin que me hubiera dado cuenta. Estaba encantadora con un vestido rosa pastel que combinaba con el cóctel que llevaba en la mano.
Asentí con la boca llena del minidanés de crema que estaba masticando. —Precioso —dije después de tragar un bocado especialmente grande.
Thalia dio un sorbo a la bebida y parpadeó sorprendida. —Sabe mejor de lo que imaginaba. Aunque el nombre no le hace ningún favor. ¿Quién le pone a una bebida Bomba Rosa de Bebé ?
Me encogí de hombros. —No creo que pensaran en pañales cuando le pusieron el nombre.
Dio otro sorbo. —No esperaba que la versión sin alcohol estuviera buena, pero lo está.
Yo estaba bebiendo el mismo cóctel sin alcohol, así que asentí. Thalia me miró de arriba abajo y abrió la boca como si fuera a comentar algo, pero se contuvo. Nos quedamos un momento bebiendo en silencio hasta que dijo: —Carey y yo también hemos pensado en tener hijos.
Mis ojos se desviaron instintivamente hacia Carey. Estaba charlando con Nolan y Damien. Los tres juntos parecían un grupo de superhéroes vestidos de sport, pero era Nolan quien me hacía latir el corazón, aunque él ni siquiera supiera cuánto me odiaba.
—¿Vosotros dos estáis planeando, eh...? —Thalia se interrumpió, como si se diera cuenta tarde de lo invasiva que podía ser esa pregunta. La rescaté respondiendo: —Nolan y yo todavía lo estamos pensando.
—No debería decírtelo, pero estoy tan emocionada —chilló. Se inclinó hacia delante y dijo—: Puede que esté organizando mi propio baby shower pronto.
—¡Vaya! —Con razón estaba bebiendo cócteles sin alcohol.
—Carey aún no lo sabe. ¡Eres la primera persona a la que se lo cuento!
—Me siento honrada. Y tu secreto está a salvo conmigo. —Yo también guardaba los míos.
—No eres como te describía la gente. —Me miraba con ojos inquisitivos—. Ivy y Damien te deben mucho por salvar a su hijo.
—No fue nada. Solo hice lo que habría hecho cualquiera.
—Eso no es lo que dice Darcy. Según ella, si no fuera por ti, esta fiesta sería mucho más triste.
Negué con la cabeza. —Tu amiga tiende a exagerar.
Se rio. —Es verdad. Pero también dice las cosas como son.
A veces en su propio perjuicio. Oh. —Dejó la bebida y le hizo señas a su marido—.
Carey quiere que nos unamos a ellos —dijo, y me cogió de la mano.
Antes de que pudiera negarme, ya me estaba arrastrando por la sala.
Nolan me observó con los ojos entornados mientras nos acercábamos.
Carey y Damien habían sido fríos la última vez que hablé con ellos.
Eso, sumado a la hostilidad de Nolan, me ponía nerviosa ante la idea de hablar con el grupo.
—Nos preguntábamos si alguna de vosotras conoce a la duquesa Liza.
Thalia negó con la cabeza. —Ya sabes que no tengo ni idea de vuestro mundillo. Quizá Aelin la conozca.
—Sé poco de ella. —No tenía ni idea de quién era, pero había aprendido que una alusión vaga a conocer a alguien resultaba muy útil.
—No importa —dijo Carey—. En fin. Una mujer loca. Le encanta demandar a la gente, así que, claro, el bufete la adora. Quiere que demande al perro de su vecina. Por lo visto, el pobre animal le pisoteó el jardín de rosas...
Escuché la historia de Carey en silencio, observando a todos los del círculo.
Estaría bien que mi hijo creciera en una familia así.
Los Hawthorne parecían quererse y protegerse entre ellos.
Si Nolan aceptara ser padre, una familia como esta sería perfecta.
Mucho mejor que la mía. ¿Tan malo sería contárselo?
La cabeza me empezó a palpitar de nuevo.
La habitación dio vueltas. Noté que perdía el equilibrio e intenté recuperarlo, pero tropecé.
Nolan, Carey y prácticamente todos me miraban.
Nolan dijo algo, pero sonó amortiguado. Luego dio un paso hacia mí mientras yo sentía que me desplomaba.
Lo último que noté fue el pecho de Nolan a mi espalda antes de que todo se volviera negro.