7
Nolan
—Deberías divorciarte de ella.
Damien tiró el mando al sofá mientras en la pantalla aparecía «Ganador: SycoWizard». Era la tercera partida que yo ganaba, y se le notaba la frustración. Carey era mucho mejor jugador y más competitivo que Damien, pero estaba entretenido con los demás.
Después del incómodo brunch, todos se dispersaron en grupitos.
Mis hermanos menores habían bajado a la bodega a buscar un brandy mejor y ahora estaban relajándose en la terraza.
Mientras tanto, Ivy, Thalia, Willow y Lynn fueron a mi estudio a buscar un juego, pero se habían quedado allí dentro; de vez en cuando llegaban sus risas hasta la sala de estar.
Aelin andaba por algún lugar de la casa, y me daba igual dónde.
Solo quería jugar con Damien para quitarme de la cabeza la frustración que me provocaba mi esposa.
—¿Quieres jugar otra partida? —pregunté—. Puede que me ganes esta vez.
—W. Burgess no vale la pena, tío.
Volvió a coger el mando y eligió otro personaje. El que escogió era peor que el anterior, pero no quería desanimarlo más.
—Hazme caso, que estoy casado: el matrimonio no es broma.
—No lo digo en plan «mi esposa es mala». Me refiero a la institución en sí. No es coser y cantar. Quiero a Ivy, ¿vale? Y eso lo hace diez veces mejor y merece la pena, pero a veces…
—Cuidado. No querrás hablar mal de mi hermana delante de mí.
A decir verdad, prefería que hablara mal de Ivy antes que mencionar a Aelin.
No quería lidiar con todo ese embrollo. Lo que le hizo a Lynn fue horrendo, por no hablar de todo el lastre que arrastraba Aelin.
Creía conocer todos sus escándalos, incluidos los que intentaba ocultar.
Supongo que este era demasiado personal para Lynn, así que nunca salió a la luz.
Pero su reacción había sido exasperante.
Había demostrado su culpabilidad. No negó ni una sola acusación.
Mi vida habría sido mucho más fácil si le hubiera dicho que no a Kenneth en lugar de cargar con su rebelde nieta, pero eso ya era agua pasada. W. Burgess merecía la pena, dijera lo que dijera Sebastian.
—No me importa lo que hizo. Todo eso quedó atrás —añadí.
—¿Lo único que te importa es conseguir lo que tu padre no pudo?
Le di dos golpes al personaje de Damien y casi lo mato antes de que activara el escudo.
—Mi padre no influye en mis decisiones de negocios.
—No sé, tío —dijo, intentando defenderse del aluvión de golpes que le estaba metiendo—. Algunos dirían lo contrario.
—Espero que tú no seas «algunos».
—No. Pero quiero lo mejor para ti.
—¿Os habéis confabulado todos contra mí? ¿Por eso estáis aquí? ¿Porque Ivy te dijo que me hicieras entrar en razón?
Cuando me giré a mirar a Damien, estaba rojo como un tomate. Por supuesto. Esa solo podía ser la razón por la que habían venido todos, incluido Raine, que nunca aparecía por las reuniones familiares. Estaban intentando que no cometiera una locura. Sebastian y Lynn fueron los primeros. Ahora Damien.
—Quiero que seas feliz, eso es todo. Deseo que tengas lo que tenemos Ivy y yo. Y, por si no te has dado cuenta, los años no pasan en balde. Acabas de cumplir cuarenta. No creo que quieras estar con una mujer que te dé constantes dolores de cabeza o te mande a la tumba antes de tiempo.
—No va a envenenarme. No te preocupes.
—Pero podría hacer algo mucho peor. Su familia podría hacer algo mucho peor. No me fío de ese viejo ni de ninguno de sus descendientes.
—Si crees que puedes convencerme con algo tan simple como una súplica, entonces tú, Ivy y toda la familia Hawthorne estáis delirando.
—Te casaste con ella por negocios, lo entiendo. Pero hay otras formas de ganar dinero. O… ¿es que en realidad te parece atractiva?
Me pilló desprevenido el giro de la conversación e hice un movimiento en falso, lo que permitió que Damien me diera un buen golpe y me dejara las estadísticas casi a cero.
—No me parece atractiva.
—¿En serio? Entonces, cuando te pillé mirándola antes, ¿qué era? ¿Cuál es tu excusa?
—Es una mujer guapa, eso es todo.
—¿Así que no te la estás tirando?
—Yo no te pregunto qué pasa en tu dormitorio, y tú tampoco deberías —dije, cada vez más frustrado, lo que me estaba fastidiando la partida.
Se rio.
—Me lo tomaré como un «no, pero me gustaría».
—Vete a la mierda, Damien.
La pantalla mostró «Ganador: DevilDee», y casi le tiro el mando a la cara mientras él daba saltos de alegría.
En ese momento, Aelin, Ivy, Willow, Lynn y Thalia entraron en la sala de estar.
Al principio pensé que venían juntas, hasta que enseguida me di cuenta de que Aelin iba detrás de las demás.
Las demás fingían no saber que estaba detrás, y ella fingía no darse cuenta de que la ignoraban.
Se la veía haciendo un esfuerzo enorme por no parecer triste.
Si hubiera sido cualquier otra persona, me habría dado pena.
Ivy sonrió al ver a su marido dando saltos.
—¿Qué celebramos?
—Le gané a tu hermano al Streetcombat .
—Solo me ganaste una vez.
—Bien hecho. A Nolan le viene bien que le den una paliza de vez en cuando, aunque sea virtual.
Ivy se acercó y me dio un abrazo.
—Ya es hora de irnos. No quiero abusar de la madre de Damien dejándole a los niños. El brunch ha sido… interesante.
—Nosotros también —anunció Thalia—. Nuestra canguro está estudiando para los exámenes finales.
—Gracias por venir —dije, mirando a Aelin. Ella forzó una sonrisa y repitió mis palabras. Ivy cogió la mano de Damien y se despidieron.
Damien me pasó el mando.
—No olvides lo que te he dicho. Y no te aferres al pasado.
—Pareces el tío Ben de Spiderman .
Ivy le dio un golpecito en el hombro a Damien. —La influencia de nuestro hijo. En casa no ponemos nada que no sean películas y dibujos animados de Spiderman . Pero tiene razón. Olvídate de ese viejo.
Tuve que contenerme para no poner los ojos en blanco. Su preocupación era tierna, incluso entrañable. Pero la idea de que estaba haciendo esto por mi padre era del todo errónea.