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Nolan
KELLY ME ESTABA esperando en mi oficina cuando llegué. Estaba sentado en la silla de visitas; su piel oscura y su traje azul marino contrastaban con el tono crema claro del asiento. En cuanto abrí la puerta, se puso de pie y se guardó el teléfono en el bolsillo interior de la chaqueta.
—He hablado con los abogados y me han dicho que van a redactar un nuevo contrato —dijo, siguiéndome con la mirada mientras yo rodeaba el escritorio.
—Gracias. —Me dejé caer en mi silla y abrí el portátil. La oficina era el único lugar donde todo tenía sentido, y por eso me gustaba tanto. La gente. Las mujeres. Las esposas. Todas eran un enigma para mí, y mi esposa más que ninguna.
Casado. Habían pasado un par de horas y todavía no podía creerlo.
Era como si todo hubiera cambiado y, al mismo tiempo, nada.
Dudaba que eso fuera lo que sentía la mayoría de los recién casados.
El mío había sido un matrimonio de conveniencia.
Apenas conocía a mi esposa, salvo por lo poco que Kelly había averiguado sobre ella en una investigación.
Y lo que había descubierto no era nada bueno.
Era una borracha y posiblemente una adicta.
Gastaba dinero como una loca. Y esos eran los aspectos menos polémicos.
La cantidad de escándalos en los que se había visto envuelta había puesto nervioso incluso a Kelly.
—Yo andaría con cuidado con ella —dijo Kelly mientras se sentaba.
Levanté la vista del portátil. Su cabeza calva brillaba bajo la luz del sol que entraba por las ventanas. Pocos hombres podían llevar bien el look de calvo total, y Kelly era uno de ellos. En su caso, además, parecía más una elección de estilo que una resignación ante la calvicie.
—Dios. ¿Qué más has encontrado?
—Su último novio la acusó de envenenarlo.
—¿Había algo de verdad en esa historia? —No era la primera vez que lo oía.
Había sido un escándalo enorme hacía un par de años, que incluso había llegado a mis oídos.
En su momento no me lo había creído. El sensacionalismo con el que la prensa del corazón lo había cubierto me hizo pensar que estaban exagerando.
—Por desgracia, sí. —Kelly señaló mi teléfono—. Mira el informe policial que acabo de enviarte.
Cogí el teléfono y abrí su último mensaje. Era un informe policial de Mónaco, escrito en francés, que detallaba las drogas encontradas en el organismo del hombre y la acusación del exnovio: que ella se las había echado en la bebida.
—Preocupante.
—Bueno, es su palabra contra la de ella —dijo Kelly—, y él es un adicto reconocido, así que, ¿quién sabe? Pero, como tú dices, preocupante.
—Joder. ¿Me he casado con una viuda negra?
Kelly soltó una carcajada. Su voz grave de barítono reverberó en las paredes del despacho. Rara vez le hacía gracia algo, así que el hecho de que mi situación le divirtiera resultaba hasta reconfortante.
—Todavía podrías pedir la anulación. Solo han pasado unas horas.
—¿Y destruir cualquier esperanza de conseguir W. Burgess? No. KMVH también lo quiere, y como me descuide, se lo llevarán ellos.
—¿A Caiden le ofrecieron el mismo trato?
—No, eso estaba reservado para mí. El viejo sabía que estaba desesperado y que aceptaría lo que fuera. Necesito averiguar qué pretende sacar de todo esto.
—En ello estoy —dijo Kelly, y se puso de pie.
Me puse a trabajar en cuanto se fue. Había varios informes de estrategia que revisar y algunos gastos pendientes de mi aprobación.
Dos horas después, seguía enfrascado en un presupuesto de marketing cuando me sonó el teléfono.
Una vez. Dos veces. Luego una cuarta, lo que me hizo preguntarme qué estaría pasando.
El chat familiar estaba que ardía. Ivy había publicado una foto mía con Aelin en las escaleras del juzgado. Los dos bajábamos los escalones uno al lado del otro. Por el ángulo, parecía que íbamos cogidos de la mano. Joder. Así que había llamado a los paparazis, la muy...
Carey: Eh... ¿Nos lo quieres explicar, Nolan?
Ivy: ¿Qué hay que explicar? ¡Alguien se ha casado!
Puse los ojos en blanco. Había pensado contárselo a mi manera. Preferiblemente este fin de semana.
Thalia: ¿Felicidades?
Levi: Parece falso. Tiene que ser Photoshop o IA.
Raine: Qué va. Es una foto real. Ivy, ¿de dónde la has sacado?
Ivy: Está por todas las redes sociales.
Luego publicó un enlace a una web con la misma imagen y el titular: Ya no está disponible, señoritas.
Y Aelin la Loca es quien se lo ha llevado.
Eché un vistazo al artículo. Básicamente hablaba de los rumores en internet sobre nuestra boda, incluía un breve y mordaz resumen de los escándalos de Aelin, y al final había algunos comentarios.
«Ni de broma. ¿Por qué siempre le tocan los buenos a ella?», decía un comentario. «¡Hasta que no vea el certificado de matrimonio con mis propios ojos, no me lo creo!», decía otro. «Típico de tíos. Solo ven un buen culo. Le doy dos semanas a este matrimonio, como mucho».
Volví al chat del grupo. Tampoco es que aquello fuera mejor. Ya no debatían si era real; ahora discutían sobre quién me llamaría primero.
Yo: ¿Sabéis que puedo ver vuestros mensajes?
Tyler: Entonces, ¿es verdad?
Yo: Sí.