29 Indy
VEINTINUEVE
INDY
No fue como si todo encajara mágicamente en su sitio porque Noah Scotch decidiera dejar claro que el bebé y yo éramos suyos. Pero sí mejoró. Fue más fácil. Más… correcto. Durante las semanas siguientes a descubrirlo, nos centramos en nuestra relación. El uno en el otro.
Empecé a darme cuenta de que, al jurar que jamás volvería a salir con un jugador de hockey, me estaba perdiendo algo. Al menos en lo que respecta a Noah.
—¿Adónde crees que vas tan temprano? —abre un ojo y luego el otro, con la voz todavía ronca por el sueño.
—Buenos días, cariño. —Me inclino para besarle la frente antes de coger la cartera de su mesilla.
—¿Qué hora es? —pregunta incorporándose en la cama.
La sábana se desliza hasta su cintura y me deja sin respiración.
—Las siete. Vuelve a dormir.
—Espera. —Alarga el brazo hacia mí y se levanta de la cama—. Te preparo café.
—Eres un amor, pero prefiero guardarme la cafeína para esta tarde, cuando me dé el bajón.
Noah frunce el ceño.
—¿Sigues agotada?
Me encojo de hombros.
—Según la doctora Jensen, es normal. Al menos durante unas semanas más.
—¿Seguro que quieres decírselo a tu familia antes del viaje al sur de Asia? —pregunta por tercera vez esta semana.
Asiento con una sonrisa.
Sin duda, mis padres van a querer que cancele el viaje.
Estoy segura de que van a estar encima de mí y súper sobreprotectores, igual que Noah hasta que me planté.
Pero este viaje, mi carrera, son cosa mía.
Conozco mi cuerpo y sé hasta dónde puedo exigirme.
Estar embarazada cambia cosas, sí, pero no lo cambia todo.
Cuanto antes lo entienda el resto del mundo, más fácil será todo para mí.
—Sí, estoy segura. Cenamos en casa de mis padres el…
—Martes.
—Eso. —chasqueo los dedos—. Mañana.
Noah se ríe entre dientes y me rodea con los brazos. Me aprieta contra su pecho y me besa el hombro.
—¿Seguro que tienes que irte tan pronto?
—Sí, tengo que preparar la primera clase.
Se pega a mí moviendo las caderas.
—¿No hay nada que pueda hacer para convencerte de que te quedes?
Suelto una carcajada y estiro la mano hacia atrás para pellizcarle el costado.
—No me provoques, Scotch. Sabes perfectamente que contigo mi fuerza de voluntad es inexistente.
—Tu fuerza de voluntad es de acero con todo el mundo menos conmigo —murmura antes de soltarme tras otro beso en la nuca—. Que tengas buena mañana. ¿Nos vemos luego en nuestro sitio para comer?
—¿Nuestro sitio? No se lo digas a Torsten. Pero sí, allí estaré. Oye, ¿qué pasa con Torsten últimamente?
Camino hacia el pasillo, bajo las escaleras y llego al portal con Noah pegado detrás de mí.
—Ni idea. Entre él y mi hermano… —niega con la cabeza—. Le escribiré luego, a ver si quiere tomar un café o algo.
—Bien. —Me pongo el abrigo—. Hasta luego.
—Adiós, cariño. —Noah sonríe y noto como se me derrite el pecho—. Te quiero.
—Yo también te quiero.
Durante demasiado tiempo evité relaciones que pudieran llevarme a un compromiso de verdad.
No quería que se me derritiera el pecho ni que el corazón se me acelerara ni sentir esos nervios eléctricos bajo la piel.
Pero Noah me atrapó desde el primer encuentro.
De hecho, fue su primer beso el que terminó de hundirme.
Y ahora ya ni siquiera quiero salir a respirar.
No mientras pueda sentirme así.
Le devuelvo la sonrisa y salgo de su piso, metiéndome de lleno en el frío ártico de diciembre en Boston.
Camino media manzana hasta mi coche aparcado y me deslizo detrás del volante.
Hace unos meses, un embarazo habría puesto mi mundo patas arriba.
Me habría sentido sobrepasada y aterrada, consciente de que estaba haciendo todo en el orden equivocado, sin poder tachar ni una sola casilla de mi lista mental.
Pero con Noah es distinto.
Apoyo una mano sobre el vientre y, aunque todavía no se nota nada, sé que mi bebé está ahí dentro. Llenándome de confianza donde esperaba dudas. Dándome fuerza donde siempre me había contenido. Haciéndome compañía para que nunca vuelva a sentirme sola.
Saco el coche del aparcamiento y conduzco hacia la universidad. Después de tantos años intentando hacerlo todo bien, en el orden correcto, nunca me había sentido tan plena como ahora.
Tengo el trabajo de mis sueños, al hombre de mis sueños y un sueño hecho realidad en camino.
Noah está nervioso.
El golpeteo inquieto de sus dedos contra la encimera de la isla y la cantidad de veces que se ha aclarado la garganta me hacen sonreír.
Su vulnerabilidad es adorable. Hasta yo sé que esto —decirles a los padres de tu novia que la has dejado embarazada— se sale totalmente del terreno habitual para un hombre, incluso para uno tan duro como Noah.
Vuelve a aclararse la garganta, lo que hace que mi padre le lance una mirada, y da un trago largo a la cerveza.
—¿Seguro que no quieres beber nada, Indy? —pregunta papá por segunda vez, con una curiosidad nada disimulada en la voz.
—Segurísima. Gracias, papá. ¿Falta mucho para cenar?
—He invitado a la tía Mary y al tío Joe. Los chicos deberían llegar de un momento a otro —explica mamá mientras se mete en la boca una galletita con queso de cabra y arándanos.
Noah se ríe por lo bajo.
Los “chicos” son Austin y Claire.
Se relaja un poco al saber que vienen para el anuncio. Mis primos ya conocen la noticia y, aunque Austin se preocupó muchísimo cuando se enteró, desde entonces se ha calmado bastante.
Mamá coge otra galletita con queso.
Joder, me apetece una barbaridad.
Puedo comerla, ¿no? O sea, seguro que el queso está pasteurizado. Me inclino sobre la encimera para coger una, pero cuando los ojos de Noah casi se le salen de las órbitas, cambio de idea y me quedo con un inocente cubito de cheddar.
Madre mía.
¿Va a estar así de paranoico y protector los próximos seis meses?
Rodea la isla de cocina y apoya una mano en la parte baja de mi espalda. El gesto es cálido. Reconfortante.
¿A quién quiero engañar?
Me gusta que sea protector conmigo.
Solo que quizá no tanto cuando se trata de queso…
Suena el timbre y veo el alivio instantáneo que cruza los ojos de Noah. Cuando mis padres salen de la cocina para recibir a la familia, sonrío divertida.
—¿Aguantas bien, Scotch?
Noah tira del cuello de su camiseta.
—Nunca he estado tan nervioso en toda mi vida.
Suelto una carcajada. Él sonríe de lado y me rodea con más fuerza la cintura. Baja la mirada hacia mí y sus ojos brillan.
—Te quiero, pequeña Indy. Lo sabes, ¿verdad?
Asiento.
—Lo sé.
—Y voy a hacer todo lo posible por apoyarte a ti, a tus sueños y a nuestro bebé.
—Lo sé. Yo también te quiero, Noah. No te preocupes, hoy va a salir bien.
Se relaja un poco y me da un beso rápido en los labios.
—Me hace muy feliz que vayamos a tener un bebé, Indy.
—¿Qué? —la voz de papá retumba detrás de nosotros y Noah y yo damos un respingo.
Pero Noah no me suelta.
De hecho, en cuanto oye la voz de mi padre, se tensa y se yergue, girándose para encararlo de frente.
—Queríamos esperar a la cena, pero…
—¡Dios mío, Indy! ¿Es verdad? —mamá sonríe radiante, con lágrimas acumulándose ya en las comisuras de los ojos mientras se acerca flotando hacia mí.
A mí también se me llenan los ojos de lágrimas mientras me río.
—Es verdad, mamá. ¡Vamos a tener un bebé!
Cuando más tarde recuerde este momento, creo que lo que más se me quedará grabado será la falta de shock.
No digo que no haya sorpresa, porque la hay. Pero es la mejor clase de sorpresa posible. La sorpresa de la emoción auténtica, de la ilusión, de una familia entregándote todo su amor y su apoyo.
Los brazos de mamá me rodean y me apartan del abrazo de Noah.
La tía Mary literalmente empieza a dar saltitos y a aplaudir mientras el tío Joe silba a pleno pulmón.
Claire nos dedica una sonrisa de «ya lo sabía» y descorcha una botella de champán que saca del minibar de mis padres.
Austin niega con la cabeza, pero se está riendo de nuestros padres y sonríe mirando a Noah y a mí.
—Queríamos contároslo durante la cena —repite Noah, todavía mirando a mi padre—. Esperábamos a que el médico confirmara que todo iba bien antes de compartir la noticia.
—¿Por qué? ¿Ha pasado algo? —susurra mamá, y el miedo real en su voz hace que me encoja por dentro.
Niego con la cabeza, pero sigo mirando a Noah.
—Sé que probablemente no imaginabais algo así para Indy —dice Noah.
Los ojos de papá se estrechan.
—Pero la quiero, Jeremiah. No estaba preparado para esto, no me lo esperaba, pero no pienso renunciar a ello. Ni a ella. Así que Indy y yo vamos a tener un bebé. Y… —me dedica una sonrisa— vamos a vivir juntos.
—¡Ay, a quién le importa dónde viváis mientras podamos ver a ese bebé siempre que queramos! —la tía Mary descarta el segundo anuncio de Noah con un gesto de la mano—. Cuéntanoslo todo, Indy. ¿Cómo te encuentras? ¿Tienes náuseas? Savannah me hizo sufrir muchísimo con eso…
Mientras mamá y la tía Mary se enzarzan en una conversación paralela sobre sus embarazos, yo me centro en el intercambio entre papá y Noah.
—Ella nunca quiso casarse con un jugador de hockey —murmura mi padre.
—Lo sé —responde Noah.
Espera con paciencia a que mi padre procese la bomba que acaba de soltarle, pero no retrocede. No baja la mirada. Solo se balancea ligeramente sobre los talones y aguarda.
—Jace Edwards le rompió el corazón.
La mandíbula de Noah se tensa.
—Sí.
Papá le pone una mano en el hombro y lo mira directamente a los ojos.
—Pero tú nunca has sido el típico jugador de hockey, Noah. Siempre me he sentido orgulloso de lo que has conseguido sobre el hielo y ahora también lo estoy de quién eres fuera de él. Enhorabuena, hijo. Bienvenido a la familia.
La emoción se me atasca en la garganta ante el intercambio más bonito de toda mi vida.
Top tres, sin duda.
Se me hincha el corazón por mi padre, el mejor padre del mundo, mientras acoge a Noah como si fuera lo más natural del planeta. Y lo dice en serio. Lo veo en su lenguaje corporal, en cada gesto.
Observo cómo Noah se yergue apenas un poco más, cómo se le curvan los labios mientras intenta contener la emoción.
—Gracias, señor.
Noah le tiende la mano.
—Llámame Jemmy, Noah. —Papá aparta su mano de un manotazo y tira de él para abrazarlo—. Vais a estar bien —dice dándole unas palmadas en la espalda.
Luego me guiña un ojo por encima del hombro de Noah.
Sonrío y le mando un beso, sabiendo que más tarde tendremos una conversación larga sobre todo esto.
Claire aparece a mi lado y enlaza su mano con la mía.
—Eso ha ido un millón de veces mejor de lo que esperaba.
—Estoy de acuerdo —susurro.
—¿Cómo te encuentras? —pregunta Austin desde mi otro lado.
—Feliz.
Mis primos sonríen. Austin me rodea con un brazo y me da un abrazo de lado.
—Nunca pensé que diría esto, pero tú y Scotch hacéis muy buena pareja.
—Gracias, Aus.
—Te hace bien, Indy. —Austin me sonríe—. Y tú le haces muchísimo bien a él.
Los tres nos echamos a reír antes de que Claire aparezca con una bandeja llena de copas de champán.
—¡Un brindis!
Por supuesto, las conversaciones de mi familia se detienen al instante y todas las miradas se giran hacia el alcohol. Claire reparte las copas, incluso me entrega una a mí y me guiña un ojo para hacerme saber que no lleva alcohol. Aun así, Noah palidece y da un paso adelante.
Claire le aparta la mano de un manotazo.
—Tranquilo, Noah. Es vino espumoso sin alcohol. —Señala por encima del hombro la botella que hay sobre la encimera.
Él se relaja de forma visible mientras mi familia estalla en carcajadas.
—Y así empieza todo… —le dice el tío Joe.
—Vas a tener que vigilar a estas dos como un halcón —añade papá señalándonos a Claire y a mí.
—Oh, no te preocupes. Indy sabe perfectamente lo que hace —dictamina la tía Mary, con una fe en mí sorprendentemente inquebrantable teniendo en cuenta que hace apenas unos meses dormí la resaca en su sofá vestida aún con ropa de discoteca.
Papá levanta la copa hacia Noah y hacia mí.
—Las mejores sorpresas de la vida son las que no ves venir, las que no estás esperando, las que ocurren junto a las personas que más importan.
La familia. Estamos muy orgullosos de ti, Indiana.
Siempre. Sé que vas a ser una madre increíble y que le darás a tu bebé todo el amor del mundo.
Noah, no podríamos estar más felices de que seas el hombre que está al lado de Indy. Bienvenido, hijo.
A mamá y a la tía Mary se les llenan los ojos de lágrimas y el tío Joe se aclara la garganta.
Claire pone los ojos en blanco, aunque me sonríe radiante.
—Y no es por ser protagonistas —continúa papá—, ¡pero estamos deseando tener un nieto!
Austin se ríe, el tío Joe suelta un «¡eso, eso!» y Noah me envuelve entre sus brazos.
—¡Salud!
Las copas chocan unas con otras y todos brindan por nuestra salud y nuestra felicidad.
Me acurruco aún más contra Noah mientras doy un sorbo a mi vino espumoso.
—Eres la mejor parte de mi vida, Indy —me susurra al oído—. Siempre. Pase lo que pase. Para siempre. Somos tú, yo y nuestro bebé.
Echo la cabeza hacia atrás y le sonrío.
—Qué labia tienes, Scotch.
Me besa en la frente.
—¿Y si no cómo iba a conseguir meterte en mi…?
Austin, que es el que está más cerca de nosotros, se aclara la garganta y Noah y yo nos echamos a reír.
—¡Ay, el asado! —exclama mamá segundos antes de que yo vea el humo saliendo por la puerta del horno.
Mamá se lanza hacia él y la cocina empieza a llenarse de humo.
La tía Mary corre a abrir las ventanas. El detector de humos comienza a pitar, llenando la cocina con un sonido estridente.
Claire echa la cabeza hacia atrás y se ríe mientras vuelve a llenarse la copa.
—Voy a pedir unas pizzas —dice papá sacando el móvil del bolsillo. Luego me mira—. ¿Puedes comer pizza, Indy?
—Sí, papi.
Sonríe.
—Te quiero, pequeña.
—Yo te quiero más.
Las manos de Noah se posan en mis caderas cuando vuelvo a echar la cabeza hacia atrás para mirarlo.
—Bienvenido al caos, Noah.
—Oh, esto va a volverse muchísimo más caótico —dice el tío Joe mirando de forma deliberada hacia mi vientre.
—No puedo esperar —dice Noah antes de besarme en la parte alta de la cabeza.
Sé que lo dice de verdad. Todo.
Y yo tampoco puedo esperar.