30 Noah
TREINTA
NOAH
Una semana después
—¿Seguro que no te dejas nada? —pregunto por tercera vez desde que hemos llegado al aeropuerto.
Indy me sonríe.
—Segurísima. De verdad, no tienes que preocuparte tanto.
—Siempre voy a preocuparme —murmuro mientras observo al grupo de estudiantes con el que va a viajar.
Dos de los chicos parecen lo bastante fuertes como para cargar con ella en una emergencia y una de las chicas encaja perfectamente en la categoría de excesivamente preparada. Aun así, la ansiedad me recorre el cuerpo y me tiene nervioso perdido.
La palma de Indy me acaricia la mejilla y vuelvo a mirarla.
—Me encanta que te preocupes.
—Lo odias. Lo dices para hacerme sentir mejor.
Arruga la nariz.
—Te quiero.
Le doy un beso rápido en los labios.
—Yo te quiero más.
—Nunca me cansaré de oírte decir eso.
—Y yo nunca me cansaré de decírtelo.
—Por Dios, parad antes de que vomite —resuena la voz de Claire.
Nos giramos y vemos a Claire de pie a nuestro lado, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Perdón —dice Indy sonrojándose.
—Él no lo siente. —Claire señala en mi dirección con el pulgar.
Suelto una risita.
—Tienes razón.
—¿Estás bien, Indy? —pregunta Claire a su prima.
Indy asiente mientras repasa por última vez a su grupo.
—Sí. Ya está todo listo.
Le da un beso en la mejilla a Claire, me rodea el cuello para un último beso de despedida y luego da un paso atrás.
—Nos vemos en diez días.
—Diez días —confirmo.
Entonces observo cómo la mujer que me tiene completamente trastornado se gira, da una palmada y llama a sus estudiantes. Ellos la siguen fascinados, con las caras iluminadas por la emoción. Van lanzando últimos saludos a sus padres por encima del hombro mientras atraviesan el control de seguridad.
Claire y yo nos quedamos mirando hasta que el grupo desaparece de nuestra vista.
Después, Claire me aprieta el hombro.
—Vas a estar bien, Scotch. Confía en Indy. Es la persona más responsable del planeta.
Suelto una risa baja.
—Sí, ya lo sé. Es solo que… joder, nunca pensé que me sentiría así.
Claire me mira frunciendo el ceño.
—¿Feliz y torturado al mismo tiempo? ¿Como si tu cabeza fuera un caos absoluto pero también estuviera más clara que nunca?
Frunzo el ceño mientras sostengo su mirada.
Jamás habría esperado que Claire diera en el clavo de esa manera.
—Pues… sí.
Suspira.
—No se vuelve más fácil, amigo. Simplemente aprendes a llevarlo mejor. Y con Indy… bueno, sabes lo que siente por ti. Y necesita poder confiar en que sabrás manejar… —hace una pausa y gesticula hacia mí de arriba abajo— todo esto.
—Puede hacerlo —respondo más a la defensiva de lo que me gustaría.
Claire resopla.
—Créeme, ya lo sé. Ella lo sabe. Todo el mundo lo sabe.
—Bien.
Claire asiente.
—Vamos, salgamos de aquí. Me muero de hambre.
—¿Estás intentando que te invite a comer?
Claire engancha su brazo con el mío.
—A veces de verdad me entiendes, Scotch.
Me río mientras caminamos hacia el aparcamiento.
—Oye, Easton vuelve a casa la semana que viene.
Claire se tensa y ralentiza el paso mientras levanta la vista hacia mí.
—¿Para quedarse?
No se me escapa la vacilación en sus ojos ni el temblor de su voz.
—Sí. Para quedarse. —Tiro suavemente de ella para que siga andando—. Y tú tienes que controlar todo esto. —Agito la mano libre señalándola—. Nada de torturar a mi hermano con tus risitas coquetas y esos ojazos. Necesita centrarse en su recuperación.
Claire jadea y, por un segundo, creo que la he ofendido de verdad.
—¡Yo nunca intenté distraerlo de esa manera!
Le dedico una mirada mientras me río por lo bajo.
—Relájate, Claire, estaba de coña. Ya lo sé. Solo quiero decir que East va a estar un poco descolocado durante un tiempo. Puede que ni siquiera actúe como él mismo. Así que, ya sabes, ve con cuidado con él.
Ella asiente, con una expresión más seria de lo que le he visto nunca. Después sonríe y una chispa divertida le ilumina los ojos.
—¿Te refieres a como hago siempre con Big Daddy? —pregunta, usando el apodo que le puso a Torsten por ser el más mayor del equipo.
—Exactamente así.
Entramos en el aparcamiento y caminamos hasta mi coche.
Me dejo caer en el asiento del conductor justo cuando el móvil vibra con un mensaje. Lo saco del bolsillo y no puedo evitar sonreír en cuanto veo el nombre de Indy.
Indy
Gracias por llevarme al aeropuerto.
Noah
Como si no fuera a despedirte.
Indy
Voy a echarte muchísimo de menos, Noah. Ya lo hago.
Noah
Puedo inventarme una historia y hacer que cancelen el vuelo.
Indy
Ni se te ocurra. Vuelvo en diez días.
Noah
Ya estoy contando las horas.
Claire resopla a mi lado, aunque noto la diversión en su tono y ni me molesto en mirarla. Mantengo la vista fija en los puntitos que aparecen en la parte inferior de la pantalla hasta que llega el siguiente mensaje de Indy.
Indy
¿Ya estarás instalado en mi casa —de forma permanente— cuando aterrice?
Me quedo quieto un segundo.
Me muero de ganas de mudarme con Indy, pero tampoco quiero dejar tirado a mi hermano la semana en que vuelva de rehabilitación. Aun así, sé que Easton lo entenderá. Que querrá que esté en casa de Indy, sobre todo ahora que está embarazada.
Noah
Ese es el plan, cariño. Solo necesito ayudar a East a instalarse primero.
Indy
Claro. No quería ponerte en una situación en la que sintieras que tienes que elegir.
Noah
Sé que no. Por eso te quiero.
Indy
¿Por qué?
Noah
¿Buscando reafirmación?
Indy
No. Solo me gusta oírtelo decir.
Noah
Hay demasiadas razones, pero la más importante de todas es porque eres tú. Siempre y pase lo que pase, eres la persona más segura de sí misma, más sincera, más cariñosa y más auténtica que conozco. Y me gusto muchísimo más desde que estoy contigo.
Indy
¡Dios mío! Estoy llorando.
¿Llorando?
El pánico me aprieta el pecho.
Noah
¿Cómo? ¿Por qué? ¿Estás bien?
Indy
Estoy bien. Son las hormonas. Y tú poniéndote dulce. Joder, consigues que me vuelva blandita.
Noah
Guárdate todo eso para dentro de diez días, cariño. Estoy deseando que vuelvas. Disfruta muchísimo del viaje y ten cuidado.
Indy
Te quiero, Noah Scotch.
Noah
Yo te quiero, Indiana Merrick.
Indy
Ya están embarcando. Te escribo cuando aterrice. XO
Noah
Cuídate mucho, mi amor.
Guardo el móvil en el portavasos y me encuentro con la sonrisa divertida de Claire.
—Necesito un hombre que ponga esa cara de felicidad solo por escribirse conmigo —declara.
Resoplo mientras arranco el coche.
—Tendrás que buscarte un jugador de hockey, Claire.
Claire me levanta el dedo corazón y me echo a reír mientras salgo del aparcamiento del aeropuerto. Enfilo hacia el restaurante y le digo que llame a Austin para ver si quiere reunirse con nosotros.
Por mucho que me enorgullezca que Indy persiga su carrera y sus sueños, ya echo de menos a mi chica. Echo de menos besarle el cuello y apoyar la mano sobre la suave curva de su vientre.
La echo de menos muchísimo más de lo que jamás habría imaginado.
Y eso me convierte en el tío más afortunado del mundo.