26 Noah
VEINTISÉIS
NOAH
Ella se aparta y me mira como si no supiera si creerme o no.
El corazón me late a toda velocidad, la cabeza me zumba con un millón de pensamientos y preguntas, pero en cuanto veo la expresión de Indy, me obligo a contenerlos. Está abrumada. Joder, yo también me siento abrumado y ni siquiera soy quien está embarazado.
Un bebé. Indy está embarazada de mi bebé.
Suelto el aire lentamente. Ahora mismo no puedo pensar en eso. Necesito centrarme en Indy.
—¿Tienes hambre?
Niega con la cabeza.
—¿Podemos simplemente… puedes llevarme a casa? —Su voz suena pequeña y lo odio. Odio escuchar esa inseguridad en ella cuando me he acostumbrado a verla comerse el mundo.
—Sí. Pararemos a comprar algo de camino a tu casa. Tienes que comer.
Me sale más brusco de lo que pretendía, pero me da igual. Tiene que comer. Está pálida, agotada… alterada.
Voy a tener un bebé.
El pensamiento hace que niegue con la cabeza mientras salgo del aparcamiento y conduzco hacia el piso de Indy. Por el rabillo del ojo noto que me está observando, pero cuando giro la cabeza hacia ella, aparta la mirada hacia la ventanilla.
Está aterrada. Es normal, ¿no? Quedarte en shock cuando descubres que vas a tener un bebé. Un bebé inesperado con alguien con quien ni siquiera sales oficialmente.
Aprieto con más fuerza el volante y noto cómo rechinan mis muelas.
Joder. ¿Por qué coño no estoy entrando en pánico?
Sí, estoy sorprendido. Más bien en shock. Pero no disgustado. No asustado.
Un bebé. Voy a ser padre.
El pensamiento me arranca una sonrisa antes de que la imagen de mi propio padre aparezca en mi cabeza.
Yo no seré como él.
¿He estado bebiendo demasiado últimamente?
Hostia. Tengo que llamar a East. Seguro que se vuelve loco de alegría cuando se lo diga. Un pequeñajo al que enseñarle hockey…
Espera, ¿y si es una niña? Bueno, también puede jugar al hockey.
Joder, una niña pequeña con los ojos y la sonrisa de Indy…
Esto lo cambia todo. Absolutamente todo.
Indy y yo vamos a ser padres. Vale, nada de esto está pasando en el orden en el que imaginé que ocurriría, pero está pasando. Y yo siempre he querido hijos. Una casa llena de ellos.
Lanzo una mirada rápida hacia Indy. Va a ser una madre increíble. Todo lo que mi madre no fue jamás.
Dios, nuestro bebé ya tiene una suerte de la hostia.
Entro en una plaza comercial y aparco delante de un local de sopas, ensaladas y sándwiches.
—¿Qué te apetece? ¿Tienes antojos o algo así? —pregunto.
La boca se le tensa y entrecierra los ojos al mirarme.
—Tomaré… una sopa.
—¿Una sopa? Venga ya, cariño, necesitas algo más que eso.
Se estremece al oír el apelativo y deja escapar una respiración temblorosa.
—Sopa y sándwich. Sin carne. Dios mío. —Se da una palmada en la frente y yo frunzo el ceño—. No puedo comer embutido.
—¿Qué? ¿Por qué? —Me inclino hacia ella.
—Puede tener una bacteria. Listeria. Podría hacerle daño al bebé.
Tampoco puedo comer quesos blandos, de los no pasteurizados.
Ya no se supone que deba dormir boca abajo.
¿Cómo se supone que voy a controlar eso si me doy la vuelta dormida?
—Arquea las cejas y los ojos se le llenan de lágrimas—.
Nada de ejercicio durante los próximos dos meses, que seguro que va genial para controlar todo el peso que voy a ganar.
Arruga la nariz y cierra la boca de golpe, apretando los labios. Intento cogerle la mano, pero ella la aparta.
—Solo una sopa, Noah.
Odio que esté tan rígida conmigo. Tan distante. Puedo ayudarla. Estamos juntos en esto. ¿No lo entiende? Ahora las cosas son diferentes. Antes no queríamos lo mismo. Pero ahora… ahora vamos a tener un bebé.
Ya habrá tiempo para hablarlo todo. Ahora mismo solo necesito cuidar de Indy.
Vuelve la vista hacia la ventanilla y yo abro la puerta del conductor.
—Solo una sopa —acepto antes de salir del coche.
Tardo apenas unos minutos en recoger el pedido, pero cuando vuelvo al coche, la temperatura ha vuelto a bajar.
Hay un frío entre Indy y yo que antes nunca había existido y me cabrea.
Entiendo que tenga miedo, que esté sobrepasada, pero ¿por qué no puede estarlo conmigo?
Vamos a tener un bebé, por el amor de Dios.
Entro en el aparcamiento de su edificio y ella sale del coche antes incluso de que lo deje en punto muerto. Cojo la bolsa de comida y la sigo al interior del edificio y escaleras arriba, soltando una maldición cuando resbala en un escalón.
Ella se gira y me fulmina con la mirada.
Yo le devuelvo exactamente la misma.
Tiene razón.
Definitivamente tenemos que hablar.
Indy entra en su apartamento y yo voy detrás, dejando la bolsa sobre la mesa de la cocina.
Ella se gira de golpe, golpeando el suelo con el pie mientras cruza los brazos sobre el pecho. La observo intentando calcular hasta qué punto va a explotar, porque claramente está a punto de hacerlo.
—¿Quieres comer antes?
La cara se le desmorona y baja la cabeza.
Al instante, la culpa me sube por la garganta.
—Eh, eh… —digo suavizando la voz.
Pero cuando doy un paso hacia ella, levanta la mirada y su expresión ya no es la misma. Se ha endurecido. Me mira con los labios tensos y los ojos entrecerrados.
—Tenemos que hablar, Noah —dice despacio, aunque la voz no le tiembla.
Sé que está haciendo un esfuerzo enorme por mantener la compostura, así que coopero y me siento en el sofá, esperando a que diga lo que tenga que decir.
Indy no se sienta. Empieza a pasearse delante de mí de un lado a otro.
—Estoy embarazada.
Sonrío.
—Ya lo sé.
—No tiene gracia.
—No me estoy riendo.
Me lanza una mirada capaz que tendría temblando a cualquiera. Rodea la mesa de centro y se planta al otro lado. Se gira hacia mí con las manos en las caderas y suelta el aire lentamente.
—Vale. Llevo todo el día pensando en esto. Voy a tener al bebé.
—Bien.
—Y quiero que sepas que puedo con esto.
—Confío en ti —digo, preguntándome si eso es lo que está buscando. ¿Cree que no sé que va a cuidar bien de nuestro bebé? ¿Que no va a poner las necesidades del bebé por delante de las suyas?
—Y no planeé que esto pasara.
Echo la cabeza hacia atrás. Jamás pensaría que intentó quedarse embarazada a propósito.
—Ya lo sé.
—Bien. Vale. —Asiente y vuelve a empezar a pasearse por el salón—. Obviamente, puedes formar parte de la vida del bebé, pero no voy a cargarte con expectativas ni responsabilidades ni…
—¿Qué? —suelto de golpe—. ¿De qué coño estás hablando?
Suspira, como si de algún modo la estuviera poniendo en una situación incómoda, y me inclino hacia delante en el sofá, mirándola fijamente.
—Noah, me he dejado la piel por mi carrera.
—Yo también —respondo con calma, aunque no me gusta nada hacia dónde va esta conversación.
—Bueno, pues no pienso dejar toda mi vida ni mi carrera para ir detrás de ti de ciudad en ciudad mientras juegas al hockey.
—No te estoy pidiendo eso.
Resopla y niega con la cabeza.
—Claro. Vale, bien. Porque vas a estar fuera un tercio del año.
Súmale los campus de entrenamiento, las galas benéficas y los eventos.
Así que, mientras tú estés por ahí haciendo tu vida, el bebé y yo estaremos aquí haciendo la nuestra, y necesito organizarlo todo para que nuestras vidas funcionen cuando tú no estés para ayudar.
La rabia empieza a hervirme en las venas por su tono. Por lo que está insinuando.
¿De verdad piensa que voy a abandonarla a ella y al bebé? ¿Largarme a jugar al hockey como si no importaran? ¿Como si ni siquiera existieran?
—¿Qué intentas decir, Indy?
—No intento decir nada. Estoy diciendo que estoy haciendo un plan para cuando llegue el bebé.
Voy a organizar el tema de la guardería y los horarios.
Haré un plan para las tomas nocturnas y para gestionar todas las citas médicas.
Quiero que sepas que lo tengo controlado.
Al cien por cien. Evidentemente, mis padres me ayudarán.
Y no te estoy pidiendo nada, ¿vale? No necesito tu dinero.
Suelto una risa amarga.
—Ni tu sentimiento de culpa.
—¿Culpa? —Me pongo de pie—. ¿De dónde está saliendo todo esto?
Hace un gesto vago hacia mí.
—De esto. No necesito el estrés añadido de… esto. Solo quería que lo supieras.
—¿Eso es todo? —Me río otra vez, pero esta vez el sonido sale duro, condescendiente—. ¿Solo querías decirme que estás embarazada y ahora ya puedo seguir felizmente con mi vida?
Se encoge de hombros.
—No estamos juntos, Noah.
—Ya lo sé, Indy.
—Quiero decir que, por insistencia tuya, tengo una cita para cenar con Aiden el sábado. —Arquea las cejas al mirarme.
Me quedo quieto, fulminándola con la mirada.
—¿Todavía vas a ir?
Me mira como si no pudiera creérselo, ardiendo de frustración.
—¿Pensabas que iba a dejar de tener vida porque voy a tener un bebé? ¿Qué? ¿Quieres que tire mi carrera por la borda? ¿Que renuncie a la posibilidad de tener una relación estable y crear un hogar, una familia, para mi bebé mientras yo te veo coquetear con grupis del hockey?
—¿Pero qué coño estás diciendo? —exploto.
¿Coquetear con grupis? ¿Tirar su carrera?
¿Una puta cita con Aiden?
—Lo que dices no tiene sentido, Indiana. —Vuelvo a sentarme y señalo el sitio a mi lado, intentando mantener la calma, aunque por dentro escucho mi pulso retumbando en los oídos—. ¿Crees que voy a abandonarte?
¿Y me está vacilando? ¿Crear una familia con otro hombre para criar a mi hijo?
—Claro que tiene sentido —replica, rodeando otra vez la mesa de centro—. Voy a tener un bebé y estoy haciendo un plan. Estoy siendo responsable.
Abro la boca y niego con la cabeza ante la furia de su voz.
—Indy, esto ha pasado, ¿vale? No es culpa de nadie.
Los ojos se le llenan de lágrimas mientras me mira, pero no sé si son de rabia, tristeza o pura frustración.
—Ya lo sé, Noah. Solo… necesito que entiendas cómo va a funcionar esto.
Me recuesto en el sofá, cruzándome de brazos, y levanto la barbilla hacia ella.
—Vale. ¿Cómo va a funcionar?
Deja de caminar y se planta frente a mí. Esta vez, cuando habla, su voz es clara, firme, y eso me raspa por dentro todavía más.
—El bebé y yo vamos a vivir aquí. Mi madre vendrá a ayudarme las primeras semanas, hasta que me adapte.
Después buscaré opciones de guardería, aunque estoy segura de que, en cuanto se lo diga a mis padres, mamá se ofrecerá a cuidar del bebé mientras yo trabajo.
Cuando estés en la ciudad, podrás venir a verlo o podemos organizar visitas en tu casa.
No voy a meterme en tu vida ni en las chicas con las que quieras salir, pero te pediría que no trajeras mujeres al azar cerca de nuestro hijo.
Y yo haré lo mismo. Con hombres, quiero decir. Yo…
Me levanto de golpe, cortándola.
—Así que ya lo tienes todo pensado, ¿eh?
Cojo la cartera y el móvil de la mesa de la cocina.
—Bueno, sí, Noah. Soy yo quien va a tener al bebé. Tengo que pensar en…
—Entonces lo que estás diciendo es que no me necesitas para nada. ¿Ni me quieres para nada? —escupo las palabras, rezando porque la respuesta sea un no rotundo. Dame algo con lo que trabajar, Indy.
Pero Indy se encoge de hombros.
Me río otra vez y camino hacia la puerta.
—Lo que tú digas, Indy. Supongo que no necesitas a nadie, ¿no? Tienes todas las respuestas, todas las soluciones.
Agarro el pomo y lo hago sonar con fuerza. La rabia me sale por las manos como agua hirviendo. Abrasa. Quema. Arrasa con todo.
—¿Adónde vas?
Su voz vacila una sola vez y me giro.
—Parece que ya lo tienes todo resuelto. ¿Para qué coño me necesitas, entonces?
Total, no es como si fuera el padre ni nada —suelto mientras abro la puerta de golpe—.
Llámame cuando quieras tener una conversación de verdad, Indy —lanzo por encima del hombro antes de salir hecho una furia del apartamento.
Bajo las escaleras a zancadas, con la cabeza martilleándome. Sé que estoy siendo idiota. Debería quedarme y hablar con ella. Hablar de todo esto.
Pero no parece interesada en escuchar nada de lo que yo tenga que decir.
No parece interesada en nada salvo en su maldito horario y sus planes de vida.
Planes en los que yo no aparezco.
Tirar su carrera. Crear una familia.
¿Con otro puto hombre?
¿Se ha vuelto loca?
Echo humo mientras me dejo caer detrás del volante del coche.
Sé que la cagué empujando a Indy hacia Aiden. Pero ahora que está embarazada, las cosas son distintas.
Nunca quise dejarla ir y ahora, pase lo que pase, siempre estaremos conectados.
Entonces ¿por qué coño se esfuerza tanto en sacarme completamente de su vida?
Como si yo no perteneciera a ella.
Como si fuera capaz de marcharme.