El Encantador (La Saga de los Boston Hawks 1) 24 Noah
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24 Noah

VEINTICUATRO

NOAH

—Tres semanas, tío —dice mi hermano al otro lado de la línea.

Suena bien. Centrado.

—Sí. Seguro que ya tienes ganas de volver a casa.

—Tengo ganas de dormir en mi propia cama.

Me río, aunque forzado.

—¿Qué te pasa, Noah? —pregunta Easton.

Suspiro y me recuesto en la silla de la habitación del hotel.

Exhalo lentamente mientras miro por la ventana, hacia el centro de Nashville. Tenemos partido esta noche y, en lugar de concentrarme en eso, en conectar con Sims y proteger nuestra racha, esto hecho un puto lío por Indy.

Hace tres noches la dejé marcharse para siempre.

Estaba furiosa conmigo.

Dolida.

Y, por mucho que lo intento, no consigo quitarme de la cabeza la expresión que tenía antes de cerrar la puerta de su apartamento.

Trago saliva intentando deshacerme del nudo que tengo en la garganta.

La echo de menos.

—¿Noah?

—Indy y yo hemos roto.

—¿Roto? Pensaba que ni siquiera estabais saliendo en serio.

Me muerdo el interior de la boca sin saber qué coño responder.

East tiene razón.

No estábamos saliendo oficialmente.

Pero también se equivoca.

Porque me estaba enamorando de Indiana Merrick.

Simplemente no quería admitirlo delante de ella.

Mi hermano suelta una risita.

—¿Qué? —espetó.

La imagen de Indy aparece en mi cabeza.

Su expresión destrozada, luchando contra las lágrimas. El agotamiento pegado a sus ojos.

La hice daño.

Mucho.

Y me siento como una auténtica mierda por ello.

Pero todavía me siento peor sabiendo que nunca va a ser mía.

Nunca lo fue.

Y ahora ya no queda ni una mínima posibilidad de tener un futuro con ella.

Yo mismo me cargué cualquier opción.

—¿Qué pasó? —pregunta Easton con un tono más suave.

—Se suponía que iba a llevarla a The Ivy el sábado.

—Eso suena bastante serio. ¿Qué salió mal?

—Le di la reserva a ella y a un tío que no dejaba de mirarla con ojos de enamorado durante la cena de Acción de Gracias.

Silencio.

Durante tres respiraciones completas dejo a mi hermano totalmente mudo.

Y entonces se parte de risa.

Yo suelto un taco.

—Espera un momento, ¿de verdad hiciste eso? ¿Intentaste emparejar a Indy, la chica por la que estás perdiendo la puta cabeza, con otro tío? —resume East mientras se descojona.

—No tiene gracia —replico sin demasiada convicción.

Ni siquiera me esfuerzo en sonar enfadado porque tiene toda la razón del mundo para reírse de mí.

Ahora mismo soy un chiste andante.

Y uno bastante idiota.

—Tienes razón, tienes razón. No la tiene. —Easton se aclara la garganta antes de volver a estallar en carcajadas—. ¡Es jodidamente buenísimo! ¿Qué coño te pasa, Noah?

—No lo sé —admito sinceramente.

¿Qué coño me pasa?

Indy y yo hicimos un trato, sí, pero parte de ese trato incluía enseñarle el Boston moderno.

La parte elegante de la ciudad. Restaurantes increíbles y cócteles artesanales. Exposiciones de arte y tiendas del centro.

En lugar de eso, también la dejé tirada con eso y traté de emparejarla.

Con un tío que la hace sonreír. Que la tranquiliza. Que consiguió que se le iluminaran los ojos en cuanto lo vio aparecer.

Un hombre al que su padre llama “hijo” y al que su madre adora.

Un hombre que ella sí merece.

Uno con un trabajo estable, que vivirá permanentemente en la ciudad y que no pasa noches enteras en otras partes del país mientras chicas desconocidas le meten números de teléfono en los bolsillos.

—Noah —la voz de Easton me devuelve a la conversación.

Gruño.

—¿Qué pasó después de Acción de Gracias?

—Se acabó.

Sueno tan amargado como me siento.

—Cogí una pizza y fui a verla a casa.

—¿Y?

—Y básicamente me dijo que había sido divertido mientras duró y que me fuera a tomar por culo con mi vida.

East silba por lo bajo.

—Mierda. La cabreaste de verdad, tío.

—Le hice daño.

Easton suelta un taco.

—Eso es todavía peor.

Bajo la cabeza y me presiono los ojos con los dedos.

—Lo sé. Le mandé algunos mensajes después y…

—Te está haciendo ghosting.

—Más o menos.

—Vaya. Quién iba a decir que la pequeña Indy sería capaz de guarder tanto rencor.

Aunque Easton intenta animarme, me toca bastante las narices que diga algo —lo que sea— negativo sobre Indy.

—Me lo merezco.

—Por supuesto que te lo mereces. Has gestionado esto fatal.

Pongo los ojos en blanco y cambio de postura en la silla.

—¿Ah, sí? ¿Y tú qué habrías hecho diferente?

—Le habría dicho lo que sentía. De verdad. En cuanto empecé a sentir algo real —dice con total naturalidad.

—Y una mierda. Te habrías cagado.

—Ni de coña, tío. He pasado demasiado tiempo poniendo excusas y alejando a la gente. Mira cómo me ha ido. Si encontrara a una mujer capaz de quedarse a mi lado mientras atravieso toda esta mierda… me lanzaría de cabeza.

—¿Lo dices en serio?

—Completamente. La única diferencia es que jamás encontraré a una mujer dispuesta a aguantar toda mi mierda y mi equipaje emocional. Así que tampoco importa mucho.

Suspiro.

—East…

—Estamos hablando de ti —me corta mi hermano.

Trago saliva mientras le doy vueltas a sus palabras.

—La cagué.

—Sí.

—Pero hice lo mejor para ella.

—Si tú lo dices.

—Nunca tuvimos futuro.

—Si eso es lo que quieres creer.

—¿Qué coño, tío? ¿No puedes simplemente darme la razón? —casi grito.

East resopla.

—Y si no te doy la razón, ¿servirá de algo? Te has estado engañando desde el primer día, Noah. Esto siempre ha ido muchísimo más serio de lo que dices.

—Ella no quiere esta vida.

—Entonces déjala ir, Noah. Aléjate. Deja que vaya a The Ivy con otro tío y alégrate por ella.

Solo de imaginarme a Indy y a Aiden saliendo juntos a cenar, el estómago se me hace un nudo.

La rabia me hierve bajo la piel, caliente y cargada de celos.

¿En qué coño estaba pensando?

—No puedes hacerlo, ¿verdad? —insiste Easton.

—Tengo que irme. Tenemos partido esta noche —espetó, desesperado por terminar la conversación.

—Si ella es la indicada, Noah…

—Nos vemos en tres semanas, East —lo interrumpo.

Easton suspira.

—Suerte esta noche, hermano.

Cuelgo la llamada y me levanto de golpe, empezando a caminar de un lado a otro frente a la cama del hotel.

Se supone que toda la gracia de una relación de follamigos es evitar sentirte así.

Destrozado.

Cabreado.

Asustado.

Celoso.

Pensaba que acostarme con Indy me ayudaría a evitar distracciones.

Menuda idea de mierda.

Como si pudiera dejar de pensar en Indy.

Como si pudiera simplemente dejarla marchar.

—¡Buen partido, Scotch!

Torsten me golpea el casco con la palma de la mano y lanza un grito mientras salimos patinando del hielo.

Hemos ganado.

Gracias a Dios, hemos ganado esta noche.

El equipo celebra la victoria en el vestuario. Todos comentamos jugadas, contamos chistes y repetimos lo mucho que ojalá East estuviera aquí con nosotros.

Cuando el vestuario empieza a vaciarse, saco el móvil para mirarlo.

La decepción me retuerce el estómago al ver que no hay ningún mensaje de Indy.

No sé por qué coño sigo esperando encontrar uno.

La he cagado muchísimo con ella y, aunque hice lo que tenía que hacer, no me siento nada aliviado.

Me siento como una auténtica mierda.

Tengo un vacío en el estómago.

Me dejo caer en el banco y empiezo a escribir un mensaje.

Borrar.

Lo intento otra vez.

Borrar.

Joder.

Solo han pasado tres días desde la última vez que hablé con ella y siento que han sido los tres días más largos de mi vida.

Pero no terminé las cosas con Indy por mí.

Lo hice por ella.

Por su futuro y por la vida que quiere.

Cierro los ojos y apoyo la frente en la mano.

Lo único que conseguiría escribiéndole sería complicar todavía más las cosas entre nosotros.

¿Qué coño estoy haciendo aparte de jugar a juegos mentales de adolescente?

Necesita pasar página.

Y yo necesito dejar que lo haga.

Me obligo a levantarme y aprieto el móvil dentro del puño.

Entonces suena una notificación.

El corazón me da un vuelco y se me queda atrapado en la garganta.

Una oleada de esperanza me atraviesa mientras levanto el teléfono.

Pero en cuanto veo el nombre de Austin, la decepción me aplasta.

Austin

El equipo va a tomar unas cervezas en el hotel. Hasta viene James. ¿Te apuntas?

Mierda.

Lo último que me apetece en el mundo es irme de cervezas con el equipo.

Estoy agotado, cabreado y con un humor de mierda que hundiría el ánimo de cualquiera en cinco minutos.

Suspiro y apoyo la frente contra la taquilla.

El metal frío se clava en mi piel mientras intento darme una charla mental.

Ha llegado el momento de seguir adelante.

Indy dejó claro que ya no queda nada entre nosotros.

Ahora solo tenemos un puñado de buenos recuerdos.

Y eso tiene que bastar.

Tengo que aclararme la cabeza y seguir adelante.

Noah

Sí. Nos vemos allí.