El Encantador (La Saga de los Boston Hawks 1) 21 Indy #2
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21 Indy #2

—Siempre ha sido así —coincide la tía Mary antes de dar un sorbo al vino.

Papá me besa la parte superior de la cabeza.

Las conversaciones empiezan a dividirse en pequeños grupos mientras todos llenan platos pequeños con el surtido de aperitivos que mamá ha colocado sobre la isla de la cocina. Saltan corchos de botellas de vino, se abren cervezas y las risas fluyen con la misma facilidad que el alcohol.

Durante todo ese rato, Noah permanece callado.

Reservado.

Muy distinto a como es normalmente.

Pero apenas me quita los ojos de encima y, cada vez que nuestras miradas se cruzan, los suyos están oscuros y desesperados, cargados de una tristeza que no alcanzo a comprender.

—Uf, fue la peor primera cita de la historia —gimo, llevándome una mano a la cara.

—Eh, eh, eh. Esa no nos la sabemos. —Austin me señala, aunque tiene los ojos clavados en Aiden—. Tienes que contarla, tío.

La cena de Acción de Gracias ha sido un éxito. Tenemos la barriga llena, las mejillas sonrojadas y mamá está recogiendo la mesa para sacar el postre con ayuda de la tía Mary. Papá y el tío Joe están charlando en la cocina, pero los “jóvenes” hemos invadido el salón.

Desde hace quince minutos, Aiden lleva compartiendo historias vergonzosas de mi infancia con mis primos y con Noah, y yo no he parado de sonrojarme y reírme con ellos.

Pero esta historia…

Le lanzo una mirada de advertencia a Aiden.

—Ni se te ocurra.

Él me devuelve la sonrisa y me tira suavemente del pelo.

—Pero estabas tan guapa aquella noche…

—Oh, Dios mío. —Resoplo, empujándole el hombro.

Aiden me agarra de la muñeca y tira de mí hasta sentarme sobre su regazo.

Se inclina un poco alrededor de mí para mirar a Austin, Claire y Noah. Austin y Claire parecen a punto de explotar de la risa, sabiendo perfectamente que viene una anécdota humillante.

Pero Noah parece furioso.

La mandíbula podría partir acero y un músculo le palpita en la frente. Aprieta tanto la botella de cerveza que los nudillos se le han puesto blancos.

Aun así, no dice nada. No me pide hablar. No intenta explicarme qué coño le pasa.

A estas alturas, ya estoy bastante harta de su actitud de mierda.

Es el primer tío desde Jace que pasa unas fiestas con mi familia. Mi mejor amigo ha venido a la ciudad para visitarme. Y, en lugar de ser encantador, Noah está insufrible.

Y me decepciona.

Así que aparto la mirada de él y me centro en Aiden mientras pronuncia las palabras que más temía.

—La tarde de la cita de Indy, insistió en que mi hermano y yo la dejáramos jugar nuestro partido de béisbol.

Austin gime, sabiendo perfectamente hacia dónde va esto.

—Intenté convencerla de que no lo hiciera.

Estábamos jugando con varios chicos del equipo universitario y eran bastante buenos.

Pero Indy nos siguió hasta el parque suplicándole a mi hermano John que la dejara jugar.

Cuando llegamos, nos faltaba un jugador, así que John acepta a regañadientes y le dice que se quede en el ala izquierda.

Íbamos por el sexton periodo, el marcador estaba empatado y un tío enorme…

—Clarke —digo, recordando perfectamente al chico de último curso.

—Clarke —asiente Aiden— se planta en la zona de tiro y conecta una línea brutal justo por encima de la tercera base. Indy, que no estaba precisamente cubriendo la izquierda sino rondando el borde del campo recogiendo dientes de león…

Austin suelta una carcajada mientras Claire sonríe. Noah me mira y sus ojos parecen más suaves de lo que han estado en toda la noche.

—Indy levanta la cabeza preguntándose qué está pasando y la pelota le da de lleno en la cara.

—Joder —dice Austin mirándome—. ¿Estuviste bien?

Niego con la cabeza mientras Aiden continúa.

—Se desplomó. Pero desplomada de verdad, inconsciente.

Todo el mundo corriendo hacia ella. Alguien llamando a su madre.

Los chicos soltando tacos y poniéndose nerviosos.

Yo me tiré a su lado y le sujeté la cabeza.

Estaba gritándole su nombre, sosteniéndola, gritándole a John que llamara a mi padre.

Y entonces Indy abre los ojos y me mira directamente.

Mueve la boca, pero no la oigo, así que me acerco más.

“Indy —le digo—, ¿estás bien? ¿Puedes moverte?”.

Y ella me mira fijamente y suelta: “¡Aiden Hardsin, si tengo la cara morada para mi cita de esta noche, no vuelvo a hablarte jamás!”

Todos estallamos en carcajadas.

—¿Tan horrible fue el moratón? —me pregunta Claire.

—Tenía los dos ojos morados y un chichón enorme en la frente —responde Aiden.

Austin se ríe entre dientes.

—¿Y qué dijo tu cita?

Arrugo la nariz mientras me levanto de las piernas de Aiden.

—Me pidió cambiarla de día —respondo con toda la calma posible mientras mis primos se parten de risa.

—Parece que os conocéis de toda la vida. Que habéis estado juntos en todo —comenta Noah unos minutos después.

—¿Esta? —Aiden me señala mientras cojo mi copa de vino de la mesa de centro y doy un sorbo—. Es mi mejor amiga desde que teníamos tres años. Éramos inseparables. Fui a todos sus malditos festivales de danza…

—Eh, yo iba a tus partidos de béisbol.

Aiden asiente mientras termina su cerveza.

—Sí. Compartíamos coche todas las mañanas.

—Me enseñó a conducir un coche manual. —Resoplo al acordarme de aquel desastre.

Aiden sonríe.

—Te llevé al baile de graduación.

—Al de penúltimo curso —puntualizo.

La sonrisa de Aiden pierde algo de brillo.

—Ya… porque en el último estabas con ese capullo de Edwards.

Me encojo de hombros mientras cojo la botella de vino.

—Aun así fue una noche divertida.

Los ojos de Noah van de Aiden a mí como si intentara encontrar una pieza que le falta al puzle.

Lo miro, a punto de soltarle directamente qué demonios le pasa hoy, cuando Aiden dice:

—Hemos pasado por todo juntos. Por eso quería decírtelo en persona, Indy. Me mudo a Boston.

Giro la cabeza hacia él de golpe y dejo la botella sobre la mesa.

Una burbuja de emoción me explota en el pecho.

—¿Qué? ¿Hablas en serio?

Él sonríe y asiente.

—Sí. Me lo confirmaron ayer. Me trasladan y… bueno, dentro de unos dos meses estaré aquí de forma permanente.

—¡Dios mío!

Me lanzo sobre Aiden y le rodeo el cuello con los brazos.

—¡Es la mejor noticia del mundo!