El Encantador (La Saga de los Boston Hawks 1) 21 Indy
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21 Indy

VEINTIUNO

INDY

Acción de Gracias es, sin ninguna duda, mi fiesta favorita del año.

La mayoría de la gente elegiría Navidad, pero yo adoro Acción de Gracias.

Me gusta la gratitud que hay detrás de todo, me encantan las reuniones familiares y adoro todavía más el puré de boniato con nubes, la tarta de calabaza y el stuffing.

Además, estar en Nueva Inglaterra en esta época del año hace que la fiesta tenga todavía más encanto.

Es precioso. Precioso de verdad. Ese tipo de belleza que ves en las postales y te preguntas si será real o no.

Las hojas de los árboles son de un dorado intenso, rojo vino y naranja quemado.

El viento frío te deja las mejillas rosadas y convierte cualquier día en perfecto para llevar jersey.

El cielo azul parece infinito, salpicado de nubes esponjosas.

Es simplemente espectacular.

Pero este Acción de Gracias mis vibras relajadas están hechas un manojo de nervios.

Estoy nerviosa porque Noah viene.

Aunque una parte de mí se pregunta si de verdad sigue viniendo.

Después de que le pegara a Jace en el partido de anoche, no he vuelto a saber nada de él. Ha ignorado mis mensajes y llamadas y, si Claire no me hubiera dicho que Noah y el equipo están bien, estaría preocupada.

En vez de eso, tengo los sentimientos heridos.

—¡Feliz Acción de Gracias! —saludo a la tía Mary y al tío Joe mientras abro la puerta de casa de mis padres.

—Feliz Acción de Gracias, Indy. —La tía Mary me besa en la mejilla.

—¿Qué tal va el pavo? —pregunta el tío Joe mientras le quita el abrigo a mi tía.

—Papá todavía no lo ha estropeado —le informo.

—Aún está a tiempo.

Hace una mueca y se apresura hacia la cocina.

Me río mientras mi tía pone los ojos en blanco.

—Siento que Vanny no haya podido venir.

La tía Mary se encoge de hombros y me dedica una sonrisa suave.

—Yo también la echo de menos. Pero así es la vida. Tiene que pasar el día con la familia de Mike. Nosotros los tenemos en Navidad, ¿recuerdas?

Vuelvo a reírme.

—Ya. ¿Claire y Austin están por aquí?

—Oh, sí. Han ido a recoger a Noah. Ha sido muy bonito por parte de tu madre invitarlo.

La tía Mary me lanza una mirada cargada de significado que intento no analizar demasiado.

Mamá aparece en la entrada y se lleva a la tía Mary prometiéndole vino. El timbre vuelve a sonar.

Respiro hondo y me aliso el vestido sobre los muslos.

Me miro rápidamente en el espejo junto a la puerta.

Esta mañana me he arreglado un poco más de lo habitual: me he rizado el pelo, me he puesto eyeliner y dos capas de máscara de pestañas.

Llevo un vestido de cuello alto y manga larga con medias y botas y, aunque no sea lo más sexy del mundo, es muy yo.

Camino hasta la puerta y la abro.

—¡Feliz Acción de Gracias!

Austin sonríe, Claire pone los ojos en blanco y me llama friki, y Noah me mira como si jamás me hubiera visto antes.

Tiene la expresión tensa, dura. La postura rígida.

Pero sus ojos… sus ojos desbordan emociones que no entiendo y una cautela que no me gusta nada.

El estómago se me hunde y los nervios se intensifican.

¿Qué me he perdido en las últimas cuarenta y ocho horas?

—Pasad, hace un frío horrible —digo, haciéndoles sitio.

Mis primos me besan en la mejilla, me dan los abrigos y se marchan directos a la cocina, pero Noah se queda quieto.

—Puedo coger tu abrigo.

Le tiendo la mano.

Él se lo quita y me entrega el abrigo de lana sin dejar de observarme con intensidad.

—Siento no haberte devuelto la llamada anoche.

Me encojo de hombros mientras coloco el último abrigo en el armario y lo miro por encima del hombro.

Dale el beneficio de la duda. Dale la oportunidad de explicarse.

—Supuse que te habías quedado dormido.

Mantengo la voz ligera. Amable.

Él asiente con los labios apretados en una línea recta.

—Enhorabuena por la victoria —añado.

Resopla de forma despectiva.

—Sí, gracias.

Cierro la puerta del armario y me giro hacia él, cruzándome de brazos.

No sé por qué me siento a la defensiva y tan tensa, pero es así. Como si estuviera a punto de llegar un golpe y necesitara prepararme para amortiguarlo.

—¿Qué pasó con Jace?

Noah hace una mueca y niega con la cabeza.

—Nada. Fue una estupidez. Yo… —se aclara la garganta y sus ojos arden— reaccioné exageradamente.

Me muerdo el labio inferior esperando que diga algo más.

No lo hace.

El silencio queda suspendido entre nosotros, cargado.

Pero no cargado de tensión sexual ni deseo.

No.

Esta vez se siente mal. Muy mal.

Hay algo en Noah que no entiendo. Una frialdad en su expresión. Una rabia en su tono.

—¿Va todo bien? —pregunto mientras el estómago se me revuelve.

Algo va mal.

Pero ¿qué lo ha provocado?

Noah me mira fijamente. Sus labios se entreabren como si quisiera decir algo, pero no encontrara la forma de pronunciarlo en voz alta.

Una punzada de preocupación me atraviesa el pecho.

¿Ha pasado algo? ¿Está bien Easton?

Estoy a punto de preguntárselo cuando vuelve a sonar el timbre. Levanto un dedo hacia Noah y me doy la vuelta para abrir.

—¡Feliz Acción de Gracias!

—Feliz Acción de Gracias, preciosa.

Mi amigo más antiguo. Mi mejor amigo.

Aiden está en el porche sosteniendo un precioso ramo de flores otoñales.

—¡Aiden! —chillo lanzándome a sus brazos—. ¿Qué haces aquí? O sea, bienvenido. No sabía que venías.

Él se ríe y me rodea la cintura mientras aparta rápidamente las flores para que no se aplasten.

—Entonces la sorpresa ha funcionado.

Me besa en la mejilla.

Entramos en casa y me entrega el ramo.

—Para tu madre. —Me guiña un ojo.

Sonrío.

—¿Con caléndulas y girasoles?

—Sé que son tus favoritas —admite Aiden antes de añadir una botella de vino a mis brazos y quitarse el abrigo.

Después se gira hacia Noah y le tiende la mano.

—Hola, tío. Soy Aiden.

Noah se aclara la garganta antes de estrecharle la mano.

—Noah —dice con frialdad, entrecerrando los ojos.

Aiden no parece notar lo distante que está Noah, probablemente porque nunca lo había conocido antes, pero a mí me hace fruncir el ceño.

Porque el Noah que yo conozco es cercano, divertido y cálido.

Esta versión de él es hielo puro.

—Voy a coger una cerveza —murmura Noah antes de marcharse hacia la cocina.

Parpadeo, intentando entender el cambio en su comportamiento.

Quizá de verdad ha pasado algo con Easton.

Vuelvo a mirar a Aiden, a la enorme sonrisa de mi mejor amigo, y le devuelvo la sonrisa.

—Me hace muchísima ilusión verte. ¿Cuándo has llegado a la ciudad?

—He venido por una conferencia —explica—.

Era a principios de semana, pero mi madre se lo comentó a la tuya y entonces tu madre me llamó y decidió que sería una sorpresa enorme y maravillosa si aparecía en la cena de Acción de Gracias.

Por eso no te dije que venía. Quería sorprenderte.

Además, mis padres están celebrándolo este año en el Caribe con Marissa.

Me río.

—Qué dura es la vida. Tu hermana fue lista mudándose al paraíso.

—Ya te digo. —Aiden se ríe mientras me rodea la espalda con el brazo y caminamos hacia la cocina.

Las risas y conversaciones de mi familia llenan la casa de calidez y me acurruco un poco más contra su costado.

No he visto a Aiden desde que me mudé a Boston, pero fuimos vecinos en Tampa y pasé gran parte de mi infancia en su jardín trasero y animándolo en sus partidos de béisbol. Sin contar a mis primos, es lo más parecido que tengo a un hermano y lo he echado muchísimo de menos.

—¡Aiden Hardsin! —exclama papá cuando cruzamos el umbral.

Papá deja el utensilio con el que estaba regando el pavo y le hace un gesto a Aiden para que se acerque.

—Me alegro de verlo, señor Jemmy —dice Aiden abrazándolo y usando el apodo de la infancia con el que siempre lo ha llamado.

Papá se ríe, destapa una cerveza y se la pasa.

—Bienvenido a Boston. ¿Ya se te han congelado los dedos de los pies?

Aiden se ríe y levanta un pie para enseñarnos las botas.

—La cagué priorizando la moda antes que entrar en calor.

Mamá aparece junto a él y Aiden la envuelve en un abrazo.

—Feliz Acción de Gracias, Lee-Lee. Indy te ha robado las flores.

Mamá se ríe y presenta a Aiden al resto de la familia.

Todos lo reciben con cariño, como personas normales.

Todos excepto Noah, que se queda rezagado con una expresión hosca, mirando alternativamente a Aiden y a mí.

¿Qué demonios le pasa?

Arqueo una ceja, pero él aparta la mirada y un estallido de rabia me atraviesa.

Si no va a hablar conmigo ni a decirme qué está pasando, ¿qué se supone que debo hacer? ¿Leerle la mente?

Negando con la cabeza, me entretengo llenando un jarrón con agua y colocando el ramo de Aiden. Después me sirvo una copa de vino y me uno al corrillo alrededor de la isla de la cocina.

Aiden está contando una historia sobre su primera experiencia pescando en el hielo y Austin se está partiendo de risa junto con mi padre y el tío Joe.

—No lo entiendo. —Aiden niega con la cabeza mientras deja la cerveza sobre la encimera—. Literalmente te quedas ahí sentado. Durante horas.

Claire le sonríe.

—¿Ibas tú solo?

—Ese es el tema. —Aiden mira a mi prima—. Cada uno se mete en su mini caseta sobre el hielo. No sé qué movida con el silencio y la soledad. Tía, lo único en lo que podía pensar era en que esperaba no congelarme los huevos.

Mi familia estalla en carcajadas y yo pongo los ojos en blanco mientras le doy un golpe en la espalda.

Él se gira hacia mí sonriendo, con los ojos cálidos y llenos de diversión.

—La próxima vez me llevo a Indy. Todos sabemos lo muchísimo que le gusta la naturaleza.

—Buena suerte con eso, hijo. —Papá le aprieta el hombro—. Todavía no consigo llevarla a pescar desde la última vez…

—¿Viste el anzuelo clavado en el pez? —lo interrumpo.

La sonrisa de Aiden se ensancha.

—¿Y cómo pensabas que íbamos a pescarlo, Indy?

Bufando, aunque el recuerdo de nuestra primera vez pescando me arranca una sonrisa, admito:

—Con una red.

Las risas de mi familia llenan la cocina.

Aiden vuelve a rodearme los hombros con el brazo y me aprieta contra él.

—Por eso eres la mejor, Indy. Tienes un corazón demasiado grande.