19 Indy
DIECINUEVE
INDY
—Tienes cara de agotada —comenta Claire mientras me desenrollo la bufanda del cuello.
Gimo y cuelgo el abrigo en el armario de la entrada.
—Lo estoy. Llevo días peleándome con dolor de garganta y sinusitis. —Levanto una mano en el aire—. Siempre me pasa durante los parciales. Acabo de empezar un tratamiento con antibióticos.
Claire me dedica una mirada compasiva y fuerzo una sonrisa.
—Pero me encanta esta época del año.
—Acción de Gracias siempre ha sido tu fiesta favorita.
La tía Mary se inclina para besarme a modo de saludo, pero la aparto antes.
—Estoy incubando algo —le explico.
Aun así, me rodea los hombros con un brazo.
—Trabajas demasiado, Indy. Tienes que cuidarte más. Últimamente has estado tan ocupada que apenas te hemos visto.
—Ocupada follando —murmura mi prima, y yo le lanzo una mirada asesina.
Por suerte, la tía Mary no la oye.
—He estado trabajando mucho. Nos vamos dentro de seis semanas para el viaje a Bangladés. Con todos los preparativos de Acción de Gracias…
—Y los planes del Friendsgiving —añade Claire.
—Y los planes del Friendsgiving —repito poniendo los ojos en blanco hacia mi prima, que me ha arrastrado a una noche de vino y tablas de embutidos con ella y Rielle—. He intentado dejarlo todo organizado antes del puente. Además, esta semana tengo otra cena con mi departamento.
—Oh, qué bien. —Los ojos de la tía Mary brillan—. ¿Vas a llevar a alguien especial?
Me guía hacia la cocina mientras escucho las risitas de Claire detrás de nosotras.
—Eh… no tenía pensado hacerlo.
Acepto una taza de chocolate caliente de manos de mi tío mientras me besa la coronilla a modo de saludo.
—¿Seguro? —insiste la tía Mary—. Juraría que estás viendo a alguien, Indy. Has estado demasiado ocupada para ser solo “ocupada por trabajo”.
Claire disimula la risa tosiendo en la mano.
—No deberías agotarte trabajando todo el tiempo. También necesitas divertirte. Tener vida social. Deberías invitar a alguien a esa cena esta semana —dice la tía Mary con firmeza justo cuando Austin y Noah doblan la esquina y entran en la cocina.
—¿Qué cena? —pregunta Austin mientras se mete en la boca un trozo de queso con una galletita salada.
—Indiana tiene una cena de Acción de Gracias con su departamento —explica la tía Mary, lanzándome otra mirada curiosa—. ¿No crees que debería llevar a un chico agradable? Trabaja demasiado…
Una sonrisa aparece en la boca de Noah mientras roba algo de queso y galletitas de la tabla que hay en el centro de la isla.
—¿Quieres que te presente a alguien? —ofrece Austin arqueando una ceja.
La cabeza de Noah se gira de golpe y fulmina a mi primo con la mirada. Austin le devuelve exactamente la misma.
Resoplo divertida y niego con la cabeza. Después de estornudar en el pliegue del codo, digo:
—No, gracias. Lo tengo controlado. Solo es una cena aburrida del departamento. Prefiero no someter a nadie a la política universitaria ni a conversaciones sobre tesis doctorales. No volvería a conseguir otra cita en la vida.
Austin me señala con la copa de vino de su madre, que acaba de robar de la isla.
—Buen punto, Indy. Ves, eres demasiado inteligente para nosotros.
La tía Mary suspira y le quita la copa de la mano. Saca más copas del armario mientras Austin sirve vino para todos. Unos minutos después llegan mis padres y empieza nuestra habitual cena familiar de domingo.
—Este año organizamos nosotros Acción de Gracias.
Mamá me besa a modo de saludo radiante de felicidad. Como nunca vivimos cerca de la familia cuando yo era pequeña, sé lo emocionada que está por poder organizar por fin una fiesta así.
—Qué bien, mamá. ¿Qué llevo? —Le paso una copa de vino.
—Solo a ti misma.
Mamá frunce el ceño.
—Tienes cara de agotada, Indiana.
Niego con la cabeza y le cuento lo de los antibióticos. Mamá chasquea la lengua con desaprobación.
Noah aparece a mi lado y desliza una copa limpia en mi mano.
—Gracias. —Le sonrío.
—Ah, vendrás con nosotros, ¿verdad, Noah? —pregunta mamá.
Noah frunce el ceño.
—A Acción de Gracias —aclara ella.
Creo que Noah se queda un poco descolocado.
—Eh… claro. Gracias por invitarme, Leanne.
—Por supuesto. Eres de la familia.
Mamá le sonríe y yo me atraganto con el vino.
Mientras toso como una loca contra el codo, mamá me lanza una mirada y Noah me da unas palmaditas en la espalda.
—Perdón —consigo decir al recuperar el aliento—. Se me ha ido por otro lado.
Noah mira a mamá.
—Voy a visitar a mi hermano por la mañana, pero luego puedo pasarme.
Mamá sonríe encantada y le aprieta el antebrazo antes de excusarse para ir a ayudar a mi tía con la cena.
—¿Estás bien? —pregunta Noah frunciendo el ceño.
Asiento, forzando una sonrisa. No puedo creerme que mi madre acabe de invitar a Noah a Acción de Gracias.
Bueno, claro que debería invitarlo. Es prácticamente de la familia y, aparte de Easton, no tendría con quién pasar las fiestas a menos que fuese a ver a sus propios padres, de los que curiosamente nunca habla.
Pero no paso unas fiestas con un chico con el que estoy… ¿saliendo?, ¿acostándome?, ¿viéndome?… desde Jace. Nunca llevo chicos a casa. Los mantengo cuidadosamente guardados en una caja, muy lejos de mis padres.
—No tengo por qué ir a casa de tus padres si te incomoda —dice Noah, interpretando correctamente mi vacilación.
—No, no seas tonto. Claro que tienes que venir. —Hago un gesto con la mano, sintiéndome culpable por haber pensado siquiera que mamá no debería haberlo invitado.
Noah me observa durante un largo instante.
—¿Qué es esa cena del trabajo que tienes?
—Ah, eso. —Arrugo la nariz—. Solo es una cosa del departamento. Va a ser aburridísima, pero tengo que dejarme ver.
—Claro.
Noah cambia el peso de un pie al otro.
—Yo… eh… te invitaría, pero es el martes por la noche —digo al final.
Noah asiente mientras da un sorbo al vino.
—Tengo partido fuera de casa.
—Ya —respondo, aliviada y decepcionada al mismo tiempo de que Noah no pueda acompañarme.
Por un lado, estaría bien tener por fin una cita para una de esas cenas.
En vez de ser siempre la típica mujer soltera a la que todos los divorciados creen necesario tirarle la caña.
Pero, por otro, no estoy preparada para mezclar mi vida profesional con Noah.
Todo ese cruce entre mis distintos mundos hace que la ansiedad vuelva a apretarme el pecho, porque lo de Noah y yo no es para siempre.
En el fondo, lo sé.
Tengo que ceñirme a lo que acordamos.
Me termino la copa de vino.
—¿Vamos? —inclino la cabeza hacia la cocina, donde mi tía está llamando a todos para cenar.
Noah asiente, pero tiene la mirada cauta, observándome con una incertidumbre que no me gusta nada.
Aunque haya sido yo quien la ha puesto ahí.
Aunque la necesite.
Durante el resto de la noche, las cosas entre Noah y yo se sienten raras. No sé exactamente qué ha cambiado, pero de repente me siento nerviosa cerca de él y él parece estar a la defensiva.
No dejamos de lanzarnos miradas furtivas que no hacen más que aumentar la ansiedad que ya llevo dentro.
Después de la cena en casa de mi tía, Noah y yo salimos al mismo tiempo.
—Mañana tengo un vuelo muy temprano. —Abre la puerta del conductor de mi coche.
—Lo sé.
Titubea, cambiando el peso de un pie al otro.
—Si quieres venirte…
Trago saliva alrededor del nudo que se me está formando en la garganta, sin tener claro si espera que diga que sí o que no.
—Eh… esta semana voy a ir bastante liada, así que…
—Lo entiendo. —Asiente.
—Quiero decir, si no voy esta noche, no voy a verte hasta el fin de semana, así que… —cojo aire profundamente—. Me gustaría ir.
El alivio le cruza la cara y sonríe. Una sonrisa auténtica que afloja parte de la presión que siento en el pecho.
—Ven.
—Vale. —Le devuelvo la sonrisa—. Te sigo con el coche.
Sigo a Noah hasta su casa y, en cuanto entramos en el calor de la brownstone, parte de la incomodidad de la cena desaparece.
—¿Quieres algo de beber? —pregunta por encima del hombro mientras lo sigo hasta la cocina.
—No, gracias.
Me subo a uno de los taburetes.
Él llena un vaso de agua y se lo bebe de un tirón.
—¿A qué hora sale tu vuelo mañana? —pregunto mientras jugueteo con un hilo suelto del puño del jersey.
—A las siete de la mañana.
Silbo bajito y él sonríe.
—Así que tienes una semana movida, ¿eh?
Se inclina sobre la isla de la cocina y yo intento no distraerme con la forma en que se le tensan y se le mueven los hombros. Todo músculo. Todo él.
Es injusto, la verdad. ¿Cómo se supone que no voy a distraerme?
—Sí. Exámenes parciales antes de que los estudiantes vuelvan a casa por Acción de Gracias, cosas que cerrar para el viaje de investigación y una recepción navideña del departamento de Ciencias Políticas.
—Suena divertidísimo.
—Mentiroso.
Noah se ríe entre dientes y señala las escaleras con la cabeza.
Subo delante de él y me da una palmada en el culo cuando echo a correr escaleras arriba.
En cuanto entro en su dormitorio, me dejo caer en el centro de la cama. Apoyo los brazos detrás de mí y levanto la vista hacia Noah mientras entra en la habitación a oscuras y cierra la puerta de una patada.
La luz de la luna entra por las ventanas, proyectando sombras sobre su rostro.
Me mira con una intensidad para la que no estoy preparada. Sus ojos arden con emociones que no entiendo.
—Indiana… —murmura mi nombre, y suena a súplica y a condena al mismo tiempo.
Me apoyo sobre los codos mientras él se acerca al borde de la cama. Su cuerpo se cierne sobre el mío, y sus ojos parecen atravesarme directamente el alma.
—¿Qué pasa? —susurro.
Niega con la cabeza y se quita la camiseta.
Inspiro hondo mientras la luz de la luna se desliza sobre su abdomen. Podría estar esculpido en mármol, de lo impresionante que es. Es arte. Su cuerpo es poderoso, fuerte, hipnótico.
Una ternura inesperada suaviza su expresión y jadeo al ver el anhelo que le cruza la mirada. Los codos me fallan y la cabeza cae contra el colchón. Noah sube a la cama y se coloca sobre mí, con cuidado de no aplastarme con su peso.
Se pasa los dientes por el labio inferior y suelta una maldición.