El Encantador (La Saga de los Boston Hawks 1) 16 Noah
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16 Noah

DIECISÉIS

NOAH

—¿Qué pasa entre tú e Indy? —me pregunta Torsten una hora después.

Sigo con la misma copa que tenía cuando todos nos tomamos los chupitos en la barra. Claire y Vanny se han llevado a Indy al baño y Torsten no ha perdido ni un segundo en acorralarme. No me gusta el brillo que tiene en los ojos ni su tono de voz, y noto cómo todo mi cuerpo se tensa a la defensiva.

—¿Por qué lo preguntas? —Le señalo con la barbilla.

Suspira y se pasa una mano por la parte baja de la cara.

—Relájate, Romeo. No estoy intentando quitarte a tu chica.

—Ella no es…

Hace un gesto con la mano para callarme.

—¿La chica a la que no has dejado de sobar para que todo el mundo se mantenga alejado?

Me encojo de hombros porque, vale, es bastante acertado.

Pero odio la idea de que cualquiera de los tíos de aquí intente emborrachar a Indy, sobre todo cuando ella está tan centrada en su trabajo y en sus estudiantes.

Y todavía odio más pensar en alguno de ellos flirteando con ella o poniéndole las manos encima.

De hecho, desde el momento en que la vi esta noche en el partido, lo único en lo que puedo pensar es en volver a tenerla. Esta noche. Ahora. Es irracional, es peligroso, pero eso no cambia una puta mierda.

—Mira, solo lo digo porque Austin tiene pinta de querer partirte la cara —comenta Torsten con toda la calma del mundo, aunque veo cómo desliza la mirada hacia el otro extremo de la barra, donde Austin está hablando con su cuñado—.

Así que, sea lo que sea esto, más te vale aclararte. Indy no es una grupi cualquiera.

Me echo hacia atrás, ofendido solo de que sugiera una gilipollez semejante.

Él vuelve a suspirar y niega con la cabeza.

—Joder, Noah. Deja de tomártelo todo como algo personal. Estoy cuidándote las espaldas, tío. Lo que intento decir es que o te apartas y dejas de actuar como si estuvieras intentando conquistar a Indy…

Sonríe, claramente orgulloso de sí mismo por haber expresado el mensaje con tanta delicadeza.

Le levanto el dedo corazón.

Torsten se ríe.

—O decides qué coño vas a hacer con la atracción que sientes por ella para que, cuando Austin se te plante delante —porque lo hará antes de que termine la noche—, tengas una respuesta de verdad.

Frunzo el ceño y miro hacia Austin. Justo en ese momento él levanta la cabeza y, cuando nuestras miradas se cruzan, detecto en sus ojos una incertidumbre que jamás había visto antes.

Mierda. Torsten tiene razón. Toda la noche he estado tan absorbido por Indy, por su energía, por nuestra conexión, que he ignorado por completo todas las miradas que nos estaban lanzando.

Después de cómo terminaron las cosas con Courtney, decidí vivir mi vida para mí y me importa una mierda quién mire o quién deje de mirar. Pero quizá Indy no quiera toda esta atención, ni que todo el mundo se meta en su vida. Quizá la he colocado en una situación incómoda sin darme cuenta.

Y todo por ser un puto irresponsable y no tener la decencia de hablar con ella primero.

Pero ¿qué coño voy a decirle? Estoy desesperado por ti cuando estás cerca, pero no sé qué significa eso.

Suelto el aire despacio, me termino la copa de un trago y dejo el vaso sobre la barra.

—Tengo que hablar con Indy —murmuro.

Torsten parece sorprendido por mi respuesta.

Asiente una vez, serio.

—Vale.

—Voy a buscarla. —Inclino la cabeza hacia Austin—. Distráelo un rato, ¿quieres?

Torsten resopla una risa.

—Sí, tío.

Le doy un golpe en el hombro con el dorso de la mano y me dirijo hacia los baños. Me apoyo junto a la puerta del baño de mujeres y agradezco que los aseos formen parte de la sala privada y no sean de uso general. Así nadie viene a tocarme los cojones y la espera es relativamente corta.

Apenas pasan tres minutos cuando Indy sale del baño riéndose con sus primas como si fueran adolescentes. Toda la risa desaparece en cuanto me ven y las tres abren los ojos al mismo tiempo.

Me río entre dientes.

—Parecéis un grupo de colegialas.

Vanny sonríe.

—Me lo voy a tomar como un cumplido, Scotch. Estoy a punto de cumplir treinta y cuatro.

Agarra a Claire del brazo y empieza a tirar de ella para alejarse.

—¿Podemos hablar? —le pregunto a Indy.

Ella les lanza a sus primas una mirada desesperada, pero ambas nos observan un segundo y salen disparadas por el pasillo mientras sus carcajadas resuenan a lo lejos.

Indy cambia el peso de un pie al otro, mirándome como si intentara descifrar algo en mi cara.

Le tiendo la mano y ella la toma con cautela. La guío hasta una esquina del pasillo donde hay un pequeño rincón apartado. Sus ojos recorren el espacio, medio privado, antes de volver a los míos.

—¿Va todo bien? —pregunta.

Las comisuras de mi boca se elevan. Dios, es tan adorable. Tan inocente, tan dulce y demasiado buena para un tipo como yo.

—Indy, no quería exponerte ahí fuera por estar todo el rato tocándote en la barra.

Frunce el ceño.

—¿Tocándome?

Asiento.

—No puedo mantener las manos lejos de ti. Pero con tanta gente alrededor y con tu familia aquí… —me encojo de hombros y me meto las manos en los bolsillos para impedir que vuelvan a buscarla— no debería haberte puesto en esa situación. Sobre todo sin hablar contigo antes.

Ella adopta una expresión cautelosa y aprieta los labios en una línea fina.

—¿Y esto eres es tú hablando conmigo sobre ello?

Me muerdo la comisura de la boca, incapaz de leer lo que está pensando o de entender esta situación en absoluto. Hace veinte minutos esta chica tenía el culo pegado a mi polla y ahora me mira como si quisiera abofetearme.

—Esto soy yo asegurándome de que no te he metido en un lío si no quieres que todo el mundo sepa que nos estamos enrollando.

Me importa una mierda lo que piense cualquiera ahí fuera.

Y, sinceramente, tampoco me importa estar cabreando a Austin.

Pero no es justo que toda esta atención caiga sobre ti sin saber si la quieres o no.

Su ceño se marca todavía más y la confusión cruza su rostro.

—No entiendo qué me estás diciendo. ¿Te gusto o no? —pregunta sin rodeos.

Se me abre la boca.

¿No sabe si me gusta?

Jesucristo. La estoy cagando muchísimo. Quizá por eso lo de Courtney y yo nunca funcionó. Igual es verdad que soy un puto idiota cuando se trata de inteligencia emocional.

Indy cambia el peso de un pie al otro y se sonroja mientras aparta la mirada.

Sin pensarlo demasiado, saco las manos de los bolsillos.

Estamos en un rincón privado, sin miradas curiosas pendientes de nosotros.

Camino hacia ella y levanta la vista, sorprendida.

Retrocede hasta que la espalda le choca contra la pared y yo quedo delante de ella, rodeándole la cintura con las manos.

Bajo la mirada hasta sus ojos verdes y brillantes y me pregunto cómo coño pensé que podría resistirme a lo que siento por ella.

Porque esto es mucho más que deseo. Mucho más que el momento.

Y esa certeza debería asustarme después de toda la mierda que Courtney me hizo pasar este año.

Pero no siento miedo. Lo que siento es emoción.

Energía. Validación. Y una felicidad tan jodidamente intensa que casi me deja sin aire.

—Pequeña Indy, no puedo mantener las manos lejos de ti. Me gustas tanto que quiero besarte hasta dejarte sin sentido, llevarte conmigo a casa y tenerte en mi cama. Quiero invitarte a cenar este sábado y pasarme todo el domingo haciendo otra vez planes turísticos contigo por Boston.

Sus ojos se abren de par en par y los labios se le separan mientras un suspiro sorprendido escapa de su boca.

Sonrío.

—Pero mañana tienes un día entero de clases y estás organizando un viaje importantísimo.

Somos amigos, la temporada acaba de empezar y tú no sales con jugadores de hockey.

Mi vida es un caos y gran parte de ella está expuesta al público.

Quiero todo lo que estés dispuesta a darme…

y más. Pero no a costa de tus prioridades ni de lo que quieres para ti.

Sus ojos recorren mi cara, bajan a mis labios, vuelven a mis ojos y regresan otra vez a mi boca.

Antes de que pueda preguntarle qué quiere ella, se pone de puntillas y me besa.

Su boca sabe a dulce y picante, a frambuesas y tequila.

Calor y frío. Sol y nieve. Sus manos se agarran a mis hombros mientras se derrite contra mí y me besa despacio una sola vez antes de que su lengua se deslice dentro de mi boca y todo mi cuerpo cobre vida.

Gruño contra sus labios y la aprieto contra la pared mientras inclino la cabeza para devolverle el beso con la misma intensidad.

En cuestión de segundos, el beso se vuelve hambriento, necesitado, peligrosamente desesperado.

Le sujeto la cara con una mano para mantenerla quieta mientras intensifico el beso.

Ella gime bajito y nuestra respiración agitada llena el silencio de aquel rincón apartado.

Me separo apenas unos centímetros y la miro desde arriba.

Tiene los ojos brillantes, las mejillas encendidas.

Está jodidamente preciosa. Una oleada de posesividad me atraviesa tan fuerte que me hace maldecir por dentro.

Le partiría la cara a cualquiera —a cualquiera de los tíos del equipo— que la viera como está ahora mismo.

Con los ojos enormes, el pelo revuelto por culpa de mis dedos y esa mirada cargada de deseo que me golpea directamente en el pecho.

Lo único en lo que puedo pensar es en sacarla de aquí y llevarla a un sitio privado.

Mi dormitorio. Su apartamento. Donde sea.

—Dime qué quieres, Indiana. —Mi voz sale grave. Rota.

Ella sonríe de lado, aferrándose todavía a ese toque descarado que tanto me vuelve loco.

—Llévame a casa, Noah. Rápido, antes de que alguien se dé cuenta de que hemos desaparecido.

Sonrío y me paso la lengua por el labio inferior. Entrelazo nuestros dedos y apoyo la frente contra la suya.

—Indy, si nos largamos ahora mismo, todo el equipo va a enterarse. Tus primas también. ¿Estás segura?

Niega con la cabeza lentamente.

—No he estado segura de nada desde que volviste a aparecer en mi vida, Noah.

Eso provoca que una chispa de incertidumbre me atraviese el pecho.

Indy sonríe.

—Pero me gusta. Esto. Sentir en vez de pensar todo el maldito tiempo.

Le beso la comisura de la boca y me aparto. Saco el móvil del bolsillo trasero y le mando un mensaje a mi chófer y otro a Torsten. Jesse responde enseguida que nos espera detrás del local. Torsten me manda una cadena de emojis que no tengo ni puta idea de cómo interpretar.

—Vamos. —Tiro suavemente de su mano hacia la salida trasera—. Jesse, mi chófer, nos está esperando. Escríbeles a Claire y a Savannah para que sepan dónde estás.

—¿Y Austin? —pregunta con expresión juguetona.

—Ese tema no pienso tocarlo esta noche, nena. No cuando puedo dedicarme a disfrutar de ti.

Ella se ríe y sale conmigo al frío helado que azota la calle.

—Haré que mis primas cojan nuestros abrigos.

La atraigo bajo mi brazo mientras corremos hacia el coche. Abro la puerta trasera y los dos nos deslizamos dentro. Sonrío, sintiendo que estamos llevando a cabo una especie de misión secreta en vez de ser simplemente dos adultos volviendo juntos a casa.

Eso es lo que tiene Indy: llena de luz absolutamente todo. Con ella, incluso lo cotidiano resulta emocionante.

—Eso estaría bien —digo, girándome hacia Jesse—. Eh, Jes.

—Qué pasa, tío. Buen partido esta noche.

—Gracias. A casa, por favor.

—Claro.

Saca el coche hacia la calle mientras sube el volumen de la banda sonora de Hamilton que está escuchando.

Miro a Indy y veo que me está sonriendo. Le devuelvo la sonrisa, consciente de que los dos estamos siendo ridículos y un poco tontos.

Pero se siente bien. Estar con ella se siente bien.

Y no hay forma de que vaya a cuestionar eso. No cuando tengo a Indy a mi lado, con la mano entrelazada con la mía.