13 Indy
TRECE
INDY
—¿Eres como… su esclava sexual? —susurra Claire demasiado alto para una cena familiar de domingo por la noche.
Le doy una patada por debajo de la mesa y ella hace una mueca.
Dos sillas más allá, Austin se gira hacia nosotras y las dos bajamos la cabeza al instante.
—Perdón —vuelve a susurrar Claire—. Es que tengo muchísima curiosidad. Y estoy desesperada por información porque hace demasiado tiempo que no follo.
—Claire —siseo.
Ella se encoge de hombros sin el menor arrepentimiento.
—Después de cómo te miraba en Taps cuando los Hawks ganaron el primer partido de la temporada, no puedes culparme por preguntar. Todas las WAGs están hablando de vosotros dos, ¿sabes?
—¿En serio? —Arrugo la nariz, odiando pensar que Noah y yo, con nuestra divertida aventura y compromiso, estemos alimentando cotilleos.
—No puedes culparlas, Indy. —Claire se gira hacia mí—. Uno, Scotch no te quitó los ojos de encima en toda la noche. Dos, no estaba así con nadie desde Courtney.
—Esto no tiene nada que ver con él y Courtney —aclaro, queriendo dejar claro que Noah y yo no somos nada serio. En absoluto.
—Ya, obvio. —Mi prima resopla—. Tú eres un millón de veces mejor que Courtney.
—No me refería a eso —puntualizo, pero Claire vuelve a encogerse de hombros.
—¿Qué andáis murmurando, chicas? —pregunta el tío Joe desde la cabecera de la mesa.
Claire se mete media pieza de pollo en la boca a toda velocidad y todas las miradas recaen sobre mí.
Le doy otra patada por debajo de la mesa y ella tose con la boca llena.
—De nada —respondo ante las miradas escépticas de nuestros padres y de Austin—. Solo estábamos hablando de que Claire sigue buscando piso y trabajo.
—¿Ah, sí, cariño? —pregunta la tía Mary, clavando los ojos en su hija—. Sabes que no hay ninguna prisa, ¿verdad? Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras.
Esta vez es la punta de la bota de Claire la que se estrella contra mi espinilla y hago una mueca por la fuerza que le ha puesto.
—Gracias, mamá —dice Claire con ligereza—. Indy y yo solo estábamos comentando opciones, nada más. Puede que una amiga de Rielle esté buscando compañera de piso.
—¿Cómo está Rielle? Hace siglos que no viene —comenta la tía Mary.
Claire resopla.
—Ya. Trabaja muchísimo. Indy y yo vamos a quedar con ella esta semana para tomar un café y ponernos al día.
—Bueno, ya sabes que te echaríamos de menos si al final sale adelante lo de Rielle —añade el tío Joe, echando otra capa de culpa emocional.
Austin suelta una risa por lo bajo y yo bajo la cabeza para no echarme a reír.
No es ningún secreto que Claire está desesperada por mudarse y salir de casa de mis tíos. Sobre todo porque todavía la tratan como si fuera una niña pequeña y Claire tiene una personalidad enorme. Del tipo que no soporta que nadie le diga lo que tiene que hacer, especialmente su padre.
—Lo sé. —Sonríe a su padre y luego le lanza a mi padre una mirada suplicante, buscando ayuda.
Papá disimula la risa tosiendo en la mano y cambia de tema.
—Parece que Mike ha empezado la temporada muy fuerte.
—Oh, ahora está jugando muchísimo más desde que se mudó a Nueva York —coincide la tía Mary, entrelazando las manos—. Pensé que el cambio iba a ser dificilísimo, pero a Vanny le encanta la ciudad y los dos son felices allí. De verdad espero que tengan un bebé pronto.
—Mary —la reprende el tío Joe.
—¿Qué? —pregunta ella, señalando la mesa—. Solo estoy hablando con la familia.
—Ya estamos —murmura Austin.
Mientras los padres empiezan una conversación sobre nietos, Austin nos mira a Claire y a mí.
—¿Vosotras os estáis portando bien?
—Por supuesto —resopla Claire.
—¿Yo? —Me señalo el pecho—. ¿Cuándo me he metido yo en problemas?
—Cuando pasas demasiado tiempo con esta. —Austin señala a su hermana, diciendo la verdad basada en años de experiencia.
Me encojo de hombros mientras me meto un enorme bocado de pasta en la boca.
—Eh, ¿cómo está East? —le pregunta Claire a Austin.
Él suspira y se pasa una mano por la frente.
—Está bastante bien. Muy centrado en la recuperación. Sé que es bueno, obviamente, y como capitán del equipo es genial que Sims esté jugando tan bien. Pero me preocupa que East no tenga un puesto al que volver cuando todo esto termine.
La cara de Claire se viene abajo.
—¿Lo has vuelto a ver?
—Sí, hace dos días. Noah está con él ahora mismo.
Mis oídos se agudizan al instante.
Noah no me había dicho nada de visitar a su hermano. Me pregunto si le resulta duro verlo así, luchando de esa manera. Me pregunto si está hablando de ello con alguien, porque conmigo no ha mencionado nada.
Saco el móvil del bolsillo y espero a que todos estén inmersos en sus conversaciones antes de enviarle un mensaje.
Indy
Hola. ¿Estás ocupado esta noche?
Solo tarda unos segundos en responder y eso me hace sonreír.
Noah
¿Ocupado haciéndote cosas?
Suelto una carcajada nasal.
Indy
¿Qué pasó con eso de que yo no era un simple polvo?
Noah
Eres cien veces más que eso y lo sabes.
Indy
¿Cómo está East?
Los puntitos aparecen y desaparecen varias veces en la parte inferior de la pantalla antes de quedarse en blanco. Frunzo el ceño.
—¿Indy? —La voz de mamá atraviesa mis pensamientos.
Levanto la vista.
Todo el mundo me está mirando y noto cómo me arden las mejillas.
—¿Sí? —pregunto, preguntándome qué me he perdido.
—¿Qué tal va todo con el viaje que estás organizando? —pregunta mamá.
—¡Ah! —Sonrío, aliviada—. Muy bien. Ya he elegido a los ocho estudiantes definitivos y a dos suplentes para el viaje, y hemos empezado a trabajar algunos métodos para recopilar información sobre el terreno. Es…
Les pongo al día sobre toda la logística del viaje. Cuando termino, todos parecen satisfechos con mi respuesta y las conversaciones vuelven a dividirse en pequeños grupos.
Miro otra vez la pantalla del móvil.
Noah
Está bien.
¿Dónde estás?
Frunzo el ceño al leerlo, sin entender por qué pregunta eso.
Indy
En casa de la tía Mary.
Noah
Ah. Vale. ¿Te veo después?
Indy
Tengo que pasar por la facultad. ¿Voy sobre las nueve?
Noah
Vale. Te veo luego.
Indy
Nos vemos
Me guardo el móvil en el bolsillo. A mi lado, Claire me lanza una mirada de esas de “ya lo sabía” y yo sonrío, pero por dentro hay algo que no encaja. Algo raro. Inquieto. Noah no suele ser tan seco, ni siquiera por mensaje.
Joder, ¿qué me pasa?
Me prometí a mí misma que no iba a analizarlo todo demasiado. Esta vez no. Mucho menos con Noah Scotch.
Respiro hondo, cojo la copa de vino y doy un largo sorbo.
Después de la semana tan intensa que he tenido, pasar la noche en la cama de Noah me va a venir bien, aunque sus conversaciones me dejen con ganas de más.
Está más callado de lo normal, como perdido en su propia cabeza.
—¿Estás bien? —pregunto, dejándome caer en su sofá y apoyando los pies en el reposapiés.
—Sí. —Noah suspira y me mira de reojo—. He visto a East hoy. —Niega con la cabeza—. Es una mierda verlo ahí, saber lo muchísimo que se esfuerza. Y mientras yo estoy aquí. —Agita la botella de cerveza en el aire.
Me encojo de hombros, comprensiva.
—No has hecho nada malo por tomarte una cerveza.
—No —admite Noah antes de echar la cabeza hacia atrás y apurar la botella de un trago. Sus ojos se clavan en los míos—. Pero Easton tampoco.
—Lo siento mucho, Noah. ¿Quieres hablar de ello? —Mantengo un tono neutro, aunque me inclino un poco hacia delante, esperando que se abra conmigo.
Me observa durante un largo instante. Cuando parpadea, parte de la distancia de su mirada desaparece y deja paso al deseo.
—Se me ocurre una forma mejor de animarme.
Suelto una risita nasal.
—Qué mono.
—Ven aquí, Little Indy —me pide con un gesto.
Me pongo en pie y camino despacio hacia él. Noah se muerde el labio inferior mientras sus ojos recorren mi cuerpo. En cuanto estoy a su alcance, tira de mí sujetándome por las trabillas del pantalón.
—Me alegro de que estés aquí.
Es algo dulce, y el corazón se me acelera por la sinceridad de su voz. Me acomodo sobre su regazo, a horcajadas. Apoyo las manos sobre sus hombros. Noah me acaricia la mejilla con ternura, rozándome el pómulo con el pulgar.
—Yo también —murmuro antes de inclinarme y besarle.
Me pega más a él y me devuelve el beso despacio, suave.
Saboreo su boca hasta que su lengua se desliza entre mis labios y empieza a jugar con la mía.
Las manos de Noah bajan a mis caderas, apretándome y masajeándome mientras me acomodo aún más sobre su regazo.
Inclino la cabeza, intensifico el beso, y un gemido se me escapa cuando noto cómo se endurece debajo de mí.
Me froto contra él y la fricción de mis vaqueros contra su polla hace que el deseo se acumule entre mis piernas.
—Jesús… —jadea Noah apartando la boca de la mía para besarme bajo la mandíbula.
Su mano se cuela bajo mi camiseta y la sube poco a poco hasta dejarla arrugada sobre el sujetador y mis pechos completamente a la vista. No pierde el tiempo.
—Noah… —suspiro, sujetándole la nuca mientras baja una copa del sujetador y atrapa mi pezón con la boca.
Cierro los ojos cuando un escalofrío me atraviesa entera. Su boca se siente caliente sobre mi piel. Una de sus manos se enreda en mi pelo y la otra me provoca entre los muslos. Gimo, consciente de que debería darme vergüenza, pero demasiado ida para preocuparme por eso.
Tengo casi veintiocho años y aquí estoy, retorciéndome encima de este hombre, todavía vestida, desesperada por que me toque.
La boca de Noah recorre mi pecho antes de atrapar el otro pecho. Me muevo contra él con todas mis fuerzas, maldiciendo la tela vaquera que nos separa.
Noah me muerde suavemente y suelto un grito ahogado antes de que me gire y me tumbe sobre el sofá. Mi espalda golpea los cojines y él queda suspendido sobre mí, con la mirada completamente salvaje.
—Te necesito, Indy.
Se agarra la camiseta por detrás del cuello y se la quita de un tirón. Cae al suelo y durante un segundo me pregunto cómo consigue hacer algo así de manera tan condenadamente sexy. Pero enseguida está desabrochándome los vaqueros mientras yo me saco la camiseta por la cabeza.
En cuestión de minutos estamos desnudos, jadeando, mirándonos como si no pudiéramos creer lo rápido que hemos llegado hasta aquí.
Mis ojos bajan a su polla dura y me humedezco los labios mientras alargo la mano y lo rodeo por la base.
Noah suelta una palabrota y los párpados se le quedan a medio bajar.
Lo acaricio despacio, disfrutando de la suavidad caliente de su piel contra mi palma.
Sus ojos devoran mi cuerpo como si fuera un banquete y sus dedos recorren mi piel con lentitud.
—Dame un minuto, cariño. —Noah me besa fugazmente—. Voy a coger un condón.
La idea de que se aleje ahora mismo, aunque solo sea unos segundos, me llena de impaciencia. El deseo se acumula en mi interior y tengo el cuerpo tan tenso que podría romperme. Aun así, asiento. Porque no hay manera más rápida de cargarse algo casual que dejar de usar preservativo.
Noah suelta otra maldición y baja de encima de mí, subiendo las escaleras de dos en dos. Me echo a reír al ver desaparecer su culo desnudo y reaparecer tres segundos después con una caja de preservativos en la mano.
—¿Qué pasa? ¿Tan seguro estabas? —bromeo.
Noah se ríe, saca un envoltorio plateado de la caja y lo deja caer junto al sofá.
—No sé qué coño tienes, Indy, pero apostaría a que podríamos fundirnos la caja entera. —Se pone el preservativo y me lanza una mirada divertida—. Aunque la culpa sería toda tuya.
—Obviamente. —Sonrío.
Noah vuelve a colocarse sobre mí y me dedica una mirada larga que no sé interpretar. Después vuelve a besarme y mi risa se transforma en un gemido necesitado. Hambriento. Desesperado.
Lo atraigo de nuevo hacia mí, retomando justo donde lo habíamos dejado.
Cierra los ojos y su polla se estremece bajo mi mano. El abdomen se le tensa, los hombros se le arquean y tiro de él hacia mí, desesperada por sentir el peso de su cuerpo sobre el mío, por saborear su piel, por perderme en su contacto. Noah abre los ojos y su mirada atraviesa la mía.
Paso la pierna por detrás de su rodilla hasta hacerlo caer hacia delante. Él se sostiene para no aplastarme.
—Joder… —murmura antes de besarme con fuerza.
Y entonces todo cambia.
Lo lento y juguetón se convierte en algo desesperado, abrasador. Lo suave estalla en intensidad. Siento las manos de Noah por todas partes, su boca vertiendo necesidad dentro de la mía.
—Mírame, Indy —ordena con voz ronca.
Obligo a mis ojos a abrirse y me encuentro de lleno con su expresión. Tiene los labios entreabiertos y la respiración entrecortada. Sus ojos son pura oscuridad, más intensos de lo que jamás los había visto. No aparta la mirada mientras se hunde dentro de mí y yo grito, arqueándome contra él.
Noah me aprieta contra su pecho y se queda quieto apenas un segundo antes de volver a moverse.
Marca un ritmo que me hace ver estrellas, que prende fuego a mi cuerpo y luego me deja helada.
Las yemas de sus dedos arrastrándose sobre mi piel parecen corriente eléctrica y su respiración junto a mi oído hace que se me erice todo el cuerpo.
—Noah… —le suplico que vaya más rápido mientras alzo las caderas para acompasarme a él.
Suelta una palabrota y acelera el ritmo. Mi cuerpo se tensa más y más. El vientre me palpita. Mis dedos se clavan en su espalda.
Y entonces me rompo.
Grito su nombre mientras el orgasmo me atraviesa entera, haciéndome añicos en millones de destellos de placer.
Noah se corre justo después y se desploma sobre mí antes de girarse hasta dejarnos a ambos de lado, con mi culo medio colgando del borde del sofá.
—Eso ha sido intenso —susurro todavía jadeando, con el corazón desbocado.
Los dedos de Noah se hunden en mi cintura mientras gruñe:
—¿Qué coño estoy haciendo contigo, Indy? ¿Qué coño ha sido eso?
Suelto una risita con los ojos todavía cerrados, disfrutando muchísimo más de este momento de lo que debería.
Teniendo en cuenta que esto es casual. Que solo es sexo divertido y sin complicaciones.
Pero, joder… cómo canta mi corazón al oír esas palabras salir de la boca de Noah.