El Encantador (La Saga de los Boston Hawks 1) 7 Indy
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7 Indy

SIETE

INDY

—¡¿Te acostaste con él?! —Los ojos de Claire están tan abiertos que parece que se le van a salir de las órbitas.

Asiento con una sonrisa insegura clavada en la cara.

—¿En plan “nos hemos puesto de tequila hasta arriba y ahora vamos a desahogarnos un poco” o en plan “voy a arrancarte la ropa del cuerpo y hacer contigo lo que me dé la gana”?

Arrugo la nariz.

—Algo intermedio, supongo.

—¿“Supongo”?

Pongo los ojos en blanco.

—“Diría”.

La boca de Claire se abre todavía más y sus ojos se agrandan de una forma que no debería ser físicamente posible.

—¡Dios santo! Ahora me alegro muchísimo de haberme puesto hasta las cejas y haberte dejado allí.

Suelto una risa nasal y niego con la cabeza.

—Das un poco de pena.

—Soy bastante increíble —replica antes de darle un trago a su Coca-Cola Light—. ¿Quieres una?

—Son las diez de la mañana.

—Es mano de santo para la resaca.

Las sienes me martillean.

—Vale, dame una.

Se acerca al mini frigorífico de su habitación y me lanza una lata.

—No puedo creerme que hayas instalado el mini frigo de la universidad en tu habitación de infancia.

Abro la lata y doy un sorbo. Las burbujas son sorprendentemente reconfortantes.

—Yo no puedo creerme que haya vuelto a vivir con mis padres después de la carrera —se lamenta Claire.

—Ahora mismo el mercado laboral está fatal.

—Siempre está fatal. —Mueve las cejas mientras me ve beber más Coca-Cola—. Pero estuvo bien, ¿no?

—En esto igual sí llevabas razón.

Claire sonríe de oreja a oreja.

—Vale. Cuéntamelo todo.

—No hay nada que contar. Nos enrollamos, me quedé dormida…

—En su cama.

—Sí, en su cama. Luego me desperté y me fui.

Ella jadea.

—¿Le hiciste ghosting?

Vuelvo a poner los ojos en blanco.

—Claire, no fue así. Solo fue una noche de borrachera que no significó…

El tono estridente de mi móvil corta el aire y bajo la mirada hacia la pantalla, frunciendo el ceño al ver un número desconocido.

—¿Vas a cogerlo? —insiste mi prima, demasiado emocionada para alguien que anoche bebió vodka equivalente a su peso corporal.

Deslizo el dedo por la pantalla.

—¿Sí?

—¿Indy? Eh, soy Noah.

Oh.

Dios.

Mío.

¿Noah Scotch me está llamando?

—Eh, Noah. Em… ¿qué tal estás?

Al oírme, Claire abre la boca de par en par y salta de la cama como una concursante de televisión que acaba de ganar un viaje a Aruba. Le doy un manotazo.

Noah se ríe al otro lado de la línea y suena nervioso. Inseguro.

Y eso me hace sonreír.

—Bien. Estoy bien. En realidad llamaba para saber cómo estabas tú.

—¿Yo? Yo también estoy bien.

¿Por qué estás teniendo la conversación más incómoda de la historia?

Claire levanta una hoja arrancada de un cuaderno donde ha escrito eso a toda prisa.

Le hago un corte de mangas y ella resopla una risa antes de seguir escribiendo.

—Me preocupé cuando vi que ya te habías ido esta mañana.

Hago una mueca.

—Ah. Bueno, es que no quería molestar. Te agradezco muchísimo que me dejaras quedarme anoche.

—No molestas y no fue para tanto. Cuando quieras.

—Bueno, gracias. Me lo pasé muy bien anoche.

—Yo también. Hiciste que la noche fuera muchísimo más interesante de lo habitual.

Me río y Noah se une.

—A mí también me sorprendió —admito.

—Sí —dice él—. Pero… estamos bien, ¿no?

—Sí. Súper bien —respondo demasiado rápido y Claire hace una mueca.

—Bien. —La voz de Noah vuelve a sonar normal—. Me alegro de que estuvieras allí anoche, Indy. Me siento como un capullo enorme por no saber que te habías mudado a Boston. Hasta Easton se rio de mí.

—¿Has hablado con Easton?

En ese momento, Claire deja de escribir y levanta la cabeza de golpe, con la cara tensa y los ojos llenos de curiosidad. Levanto un dedo pidiéndole un segundo.

—Me llamó esta mañana. Está bastante bien. Ya ha pasado la peor parte de la abstinencia y está yendo día a día. Austin y yo iremos a comer con él algún día de la semana que viene.

—Guau. Eso es genial. Quiero decir… me alegro mucho de que esté bien.

Claire se relaja ligeramente, pero vuelve a subirse a la cama y se pega a mí hasta que nuestras cabezas se tocan, uniéndose oficialmente a mi conversación con Noah.

—Sí. Yo también.

Noah se aclara la garganta.

—En fin, solo quería asegurarme de que estás bien y de que las cosas entre nosotros no van a ponerse raras.

—Nada raras.

Mi voz sale dos octavas más aguda de lo normal y Claire me mira como si fuera un extraterrestre.

Le saco la lengua, pero ella solo niega con la cabeza.

—Bien. Bueno, gracias otra vez por la noche. De verdad me lo pasé genial.

—Yo también —digo, sonrojándome mientras Claire pone los ojos en blanco—. En fin, tengo que dejarte, pero gracias por llamar para saber cómo estaba.

—Claro. Cuídate.

—Tú también. Adiós.

Cuelgo y me giro hacia Claire.

—Eres increíblemente patética.

Me golpea la cabeza con una almohada.

—¿Y qué querías que dijera?

—Lo has mandado directo a la friendzone.

—Ahí es donde tiene que estar. En mi friendzone.

Claire niega con la cabeza.

—Indy, te gusta —chilla mientras se aparta de un salto cuando intento lanzarme sobre ella.

—¡Que no!

—Que sí. Se notaba muchísimo en vuestra conversación.

Me río.

—Ni hablar. No parabas de distraerme.

—Eh, creo que quien te distraía era Noah.

Vuelve a mover las cejas exageradamente.

Gimo y me dejo caer otra vez sobre su cama.

—Te gusta —dice alegremente, sonriendo como si le hubiera tocado la lotería.

—Tú no estás bien de la cabeza.

—¿Porque me alegro de que por fin te ponga un tío que sabe aprovecharlo a tu favor? ¿Has visto lo que he hecho ahí? A tu favor, Indy. Jesús, si los rumores son ciertos… solo dime una cosa: ¿cuántos orgasmos?

—¡Claire! —Me sonrojo hasta las puntas de las orejas.

—¡Oh, Dios mío! ¿Tantos? —Se deja caer a mi lado en la cama—. Qué envidia me das.

Le planto una almohada en la cara. Aun así, oigo su risa amortiguada.

Retiro la almohada y entrecierro los ojos.

—Fue una cosa de una noche. Se acabó. No voy a volver a acostarme con Noah Scotch.

Mi prima se ríe entre dientes y niega con la cabeza.

—Sí, claro. Ya veremos eso.

Quiero volver a acostarme con Noah Scotch. Muchísimo.

Odio a Claire por haberme metido siquiera esa idea en la cabeza.

La Indy normal, inteligente, centrada, obsesionada con el trabajo, jamás se permitiría plantearse algo así. Pero ahora que la noche ha pasado, no dejo de darle vueltas a si me miraba con deseo… o con lástima.

¿Había fuego en sus ojos?

¿O era yo proyectando mis propias ganas?

¿Me llevó a su casa porque me quería allí? ¿O porque estaba demasiado cansado para quedarse atrapado en el tráfico?

Entonces… ¿por qué me llamó?

Ese pensamiento zumba en mi cabeza y hace que todo lo relacionado con Noah Scotch me provoque una sensación cálida y agradable, cuando lo normal sería despachar el encuentro como una noche divertida, emocionante y etílica que sé perfectamente que no debería repetir.

Después de tomarme un café absolutamente necesario para despejarme, salí del apartamento de Noah y fui directa a casa de mis tíos. Cuando la tía Mary me vio entrar a las seis de la mañana, abrió la puerta de par en par y me puso una taza de café caliente recién hecho en la mano.

—Ni siquiera voy a preguntar —dijo antes de que pudiera explicarle por qué llevaba el vestido ajustadísimo de Claire y los tacones en la mano, aunque tenía los pies congelados de estar plantada en su porche tan temprano—. Entra antes de coger un resfriado y ponte una sudadera.

—Gracias, tía.

Le di un beso y corrí al salón, donde me pasó una sudadera y me tapó con una manta calentita.

A la cuarta taza de café ya estaba dormitando en el sofá, sabiendo que Claire me despertaría cuando consiguiera sacar su cuerpo resacoso de la cama.

Debería haberme ido directamente a mi apartamento, pero no quería estar sola esta mañana. Algo poco habitual en mí. Pero después de haber pasado la noche envuelta en los brazos de Noah, rodeada de su olor, en su maldita cama, necesitaba buscar a mi prima como si mi supervivencia dependiera de ello.

Quizá porque, en el fondo, sabía que Claire me metería ideas en la cabeza.

Ideas que quiero contemplar, aunque no quiera admitirlo.

Joder. Soy un desastre.

Aun así, pasar el día con Claire, viendo películas y sobreviviendo juntas a la resaca, fue divertido. Me recordó a mis años de universidad, solo que en vez de un dormitorio apestoso estábamos en la comodidad de la casa de sus padres.

El tío Joe nos preparó sándwiches panini para comer y la tía Mary no dejó de hidratarnos con agua y Gatorade.

Sé que es un poco ridículo que nos hayamos refugiado aquí en vez de ir a mi piso, pero creo que a mis tíos les gusta sentirse al tanto de nuestras vidas.

Sobre todo ahora que Vanny está casada y Austin pasa tanto tiempo fuera.

Desde que Claire y yo hemos vuelto a Boston, mis tíos y también mis padres han vuelto a ser sobreprotectores. Puedo quejarme de ello todos los días del año… salvo cuando tengo resaca, estoy hecha polvo y lo único que quiero es que alguien me prepare la comida y me lleve café.

Por desgracia, al caer la tarde me obligo a separarme de Claire y volver a casa.

Esta vez voy vestida con unos pantalones de chándal suyos, una sudadera y unas Uggs viejas de Claire arrastrando los pies.

En cuanto entro en mi apartamento, enciendo las luces y me meto directa en la ducha.

El calor y el vapor consiguen que vuelva a sentirme yo misma.

Cuando por fin dejo de oler a cócteles dulzones de vodka, salgo de la ducha y me pongo un albornoz, envolviéndome el pelo con una toalla.

Me preparo una taza de té, me siento a la mesa de la cocina y abro el portátil.

Entonces me lanzo de cabeza al trabajo. Estoy organizando un viaje de investigación a Bangladesh para estudiantes durante las vacaciones de invierno.

El viaje servirá para impulsar mi propia investigación sobre los microcréditos y el papel de la mujer dentro de una sociedad patriarcal, además de ofrecerles a mis alumnos experiencia real realizando trabajo de campo.

Una extraña emoción me recorre mientras lleno una hoja de cálculo con información logística.

Siento que toda mi perspectiva ha cambiado en las últimas veinticuatro horas.

En algún punto entre ver a Claire prepararse para salir y este momento, he decidido que estoy cansada de ser Indiana Merrick, la que “cumple todos los requisitos y hace siempre lo correcto en el orden correcto”.

No quiero esconderme detrás del portátil y dentro de mi acogedor apartamento mientras mis primas salen por la ciudad, conocen gente y socializan.

Flirtear con Noah, fijarme en cómo las comisuras de sus labios se curvaban como si sonrieran solas cada vez que yo hablaba, y en cómo le brillaban los ojos mientras me miraba, fue embriagador.

Bromear con Torsten y Panda difuminó las líneas de mis inseguridades hasta que me sentí aceptada, parte del grupo sentado anoche alrededor de la barra tomando chupitos.

Irme a casa con Noah y despertarme esta mañana dolorida por un sexo increíble y con resaca después de una noche llena de diversión fue…

revelador. Estimulante. Emocionante, con un montón de posibles consecuencias de las que no tengo ni idea.

Mordiéndome la comisura del labio, doy un sorbo al té y me echo hacia atrás en la silla.

¿Por qué no puedo ser una profesora influyente y tener también una vida social de verdad?

¿Por qué no puedo investigar, escribir artículos, publicar y luego salir a tomar algo por la ciudad para acabar teniendo sexo increíble?

Cuando por fin asimilo que soy adulta y que puedo tomar decisiones sobre mi propia vida, sonrío.

Por primera vez, tengo un sueldo. Tengo el trabajo de mis sueños.

Tengo un enorme lienzo en blanco delante de mí esperando a que lo pinte.

¿No quiero llenarlo de color y de tantas experiencias como sea posible?

Joder que sí.

Abro una pestaña nueva en el navegador. El cursor parpadea en el buscador mientras escribo el nombre de Noah Scotch.

Cuando aparece la página de resultados, un escalofrío me recorre la espalda.

Sí, hay fotos de Noah con Courtney y con otras mujeres impresionantes.

Pero en todas sonríe igual. Sigue siendo el chico amable de mis años de adolescencia.

Sigue siendo alguien en quien puedo confiar y con quien puedo divertirme.

Entonces, ¿qué nos impide disfrutar un poco mientras ambos nos centramos en nuestras carreras soñadas?

Cuando por fin me meto en la cama ya ha pasado la medianoche, pero no tengo sueño.

Por primera vez en años, mi futuro parece un interrogante.

Y jamás me había emocionado tanto lo desconocido que está por venir.