El Encantador (La Saga de los Boston Hawks 1) 6 Noah
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6 Noah

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SEIS

NOAH

Tengo la boca seca como el algodón y un dolor sordo martilleándome detrás de los ojos cuando me despierto a la mañana siguiente.

Mierda.

¿Cuánto bebí anoche?

Poco a poco, los recuerdos empiezan a encajar en mi cabeza. Austin organizando una noche con el equipo. Firefly, luces oscuras y un ritmo vibrando en el pecho. Chupitos con Torsten.

E Indy.

¡Indy!

Me incorporo de golpe en la cama y saco las piernas del colchón.

Anoche besé a Indiana Merrick y fue espectacular.

Después me la follé de todas las maneras posibles en mi maldita habitación.

Me giro y descubro el lado vacío de la cama, con la almohada todavía hundida.

Joder. ¿Dónde se ha metido?

Para ser un tío que ha estado con demasiadas mujeres como para contarlas, ninguna —ni siquiera Courtney— me había impactado tanto en tan poco tiempo.

Me pongo unos pantalones de chándal antes de bajar las escaleras hacia la cocina.

—¿Indy?

Mi voz resuena en el silencio de la casa.

¿Me ha hecho ghosting?

Me río entre dientes mientras niego con la cabeza.

Definitivamente, la pequeña Indy ha crecido.

De hecho, si cualquier otra chica me hubiera hecho ghosting después de una noche de fiesta seguida de sexo increíble, sentiría alivio. Pero con Indy estoy… decepcionado e impresionado al mismo tiempo.

Mi fascinación por ella aumenta cuando veo la máquina de Nespresso abierta y una taza ya aclarada junto al fregadero. Ni siquiera intentó escaparse a escondidas. Se lo tomó con calma antes de irse.

Vuelvo a negar con la cabeza mientras me río solo.

Cojo una taza del armario y meto una cápsula en la cafetera. Mientras espero a que salga el café, veo un trozo de papel sujeto bajo un libro sobre la isla de la cocina.

Lo agarro sonriendo al reconocer la impecable letra de Indy.

Gracias por esta noche. Me lo pasé muy bien. Que tengas un gran día.

Indy

Platónico.

Dulce.

Eso es exactamente lo que es su nota.

Un mensaje amable pensado para meterme de lleno en la friendzone después de que me pasara horas saboreando su piel dulce y haciéndola romperse en pedazos con los ojos apretados, la espalda arqueada y las manos agarrando mis sábanas.

Jesús.

Indy es sexy de cojones.

Y lo es aún más porque es dulce.

Ahora mismo me está mandando a la friendzone por primera vez en toda mi vida.

La idea me hace reír mientras saco el móvil para escribirle a Austin y pedirle el número de Indy.

Ni de coña voy a dejar que desaparezca simplemente con la luz del día después de lo de anoche.

Aunque no vaya a salir con ella. Aunque no tengamos futuro.

Tenemos que hablar de lo que pasó. Aclarar las cosas. Asegurarnos de que las futuras reuniones familiares de los Merrick no sean incómodas.

Estoy terminando de escribirle el mensaje a Austin cuando el móvil empieza a sonar.

Me siento en uno de los taburetes de la cocina, agarro la taza de café y contesto.

—¿East?

La esperanza y la inquietud se mezclan en mi estómago. Es la primera vez que mi hermano me llama desde que ingresó en rehabilitación hace una semana.

—Eh, Noah.

La voz calmada y controlada de mi hermano atraviesa la línea y una parte de la tensión abandona mi cuerpo al instante.

—¿Cómo estás?

Levanto la taza y doy un trago. El café caliente y la voz de Easton alivian un poco el dolor de cabeza.

—Estoy bien —suspira—. Joder, tío, la semana pasada fue una puta pesadilla, pero me siento bien. Esta vez va en serio. Tengo la cabeza en su sitio.

—Eso es bueno, tío. Me alegro de oírlo. Solo céntrate en recuperarte.

—Eso hago. Estoy totalmente centrado en eso, yendo día a día. Pero cuando salga de aquí, estoy listo para volver al hielo. Es lo único que me mantiene cuerdo.

Contengo el destello de esperanza que se enciende en mi pecho al escucharlo.

Sé demasiado bien que no debo confiarme.

No digo que East no lo crea. Porque ahora mismo, en este momento, lo cree de verdad. Su voz suena fuerte, su mente clara y volver a patinar probablemente le haría bien.

Pero cuando las tentaciones del mundo del hockey vuelvan a aparecer delante de él… ¿será capaz de elegir el hockey? ¿Elegir al equipo antes que una botella de whisky?

—Todavía te quedan once semanas —le recuerdo—. Ve día a día.

—Pero me siento genial, Noah. Mejor de lo que me he sentido en muchísimo tiempo.

—Eso es increíble, tío. Lo estás haciendo muy bien y estoy orgulloso de que hayas pedido ayuda.

Hace un sonido raro, a medio camino entre una risa y un bufido.

East y yo estamos tan unidos como pueden estarlo dos hermanos, pero no hacemos este tipo de mierda. No hablamos tan abiertamente de nuestros sentimientos.

Nos enseñaron a mantener la cara impasible y la boca cerrada.

Quizá por eso nuestra familia es un desastre.

—Once semanas es mucho tiempo. Estaba pensando en hacer solo treinta días —dice tras un momento—. O sesenta.

Parte de la esperanza que sentía se hunde de golpe.

—No, aguanta hasta el final. Date este tiempo para trabajar tus mierdas y…

—No hay nada que trabajar, Noah. Esta vez, te lo juro, estoy limpio. Sé perfectamente cuáles fueron las razones y los errores que me trajeron aquí y no voy a volver a cometerlos.

—Quédate el tiempo extra —respondo con dureza.

East y yo ya hemos pasado por esto antes. Varias veces, de hecho. Si tiene alguna posibilidad real de mantenerse sobrio, necesita seguir el proceso al que se comprometió desde el principio.

Siento su frustración atravesando la línea, aunque no dice nada y yo tampoco insisto.

—¿Qué hiciste este fin de semana? —pregunta, cambiando la conversación a aguas más tranquilas.

—Anoche estuve con el equipo. Empezamos a entrenar para el partido inaugural el lunes.

Easton suspira.

—Joder, ahora tengo envidia.

—No la tengas. Te necesitamos cuando llegue el momento de jugar las finales.

—Sí. ¿Cómo están los chicos?

—Todos bien. Preguntan por ti. El entrenador va a contarles la situación esta semana.

—Pero sigo bien, ¿no? Aún podré jugar.

Cierro los ojos, sin saber cuánta información contarle a mi hermano cuando ya está lidiando con tanto mentalmente.

East y yo siempre hemos jugado juntos al hockey; siempre nos han visto como un pack indivisible. En muchos sentidos, mi presencia suaviza su relación con la directiva y mi rendimiento sobre el hielo compensa sus cagadas fuera de él.

—Sí, tío. Todo sigue bien. Te necesitamos de vuelta, así que céntrate al máximo estos próximos meses y mantén la cabeza alta.

Es la verdad. La directiva no ha dicho nada sobre sustituir a mi hermano. Pero ¿cuántas oportunidades más le van a dar antes de que su adicción se convierta en una carga demasiado pesada para un equipo profesional?

Scott Relend, el dueño de los Hawks, necesita saber que sus jugadores están comprometidos con el hockey, con el equipo, y que van a poner ese compromiso por encima de cualquier otra cosa.

Easton se queda callado al otro lado de la línea y sé que está procesando mis palabras, dándoles vueltas, intentando leer entre líneas.

Para distraerlo, suelto de repente:

—Indy está aquí.

—¿Indy?

—La prima de Austin.

—¿Merrick?

—Esa misma.

—Ah, sí. Se mudó a Boston hace meses. ¿No lo sabías?

—Creo que soy literalmente el único que no lo sabía.

Easton se ríe por lo bajo.

—Tío, has estado hecho polvo desde lo de Courtney. Más borracho que yo la mitad del tiempo. Sin ofender.

—No me ofendo.

—Austin organizó una cenita cuando ella llegó a la ciudad. Creo que fue el mismo fin de semana en que tú y Courtney vendisteis la casa. Pero bueno, fue una cena tranquila con muchas amigas de Vanny y Claire. Una forma de darle la bienvenida a Boston.

Intento recordar la cena de la que habla y algo vago encaja en mi cabeza.

La culpa me llena la garganta al darme cuenta de que estaba tan destrozado y cabreado por Courtney que desconecté completamente de la vida de los demás.

Quizá, si hubiera estado más pendiente de lo que ocurría hace meses, mi hermano pequeño no estaría ahora mismo en rehabilitación.

—¿Cómo está ella? —pregunta East después de unos segundos.

—Sí, está bien. Muy bien, de hecho. Le encanta la ciudad, le encanta su trabajo.

—Ah, claro. Es profesora, ¿no?

—Sí.

El silencio se alarga hasta que la risa de Easton me saca de mis pensamientos sobre Indy.

—¿Qué coño te hace tanta gracia? —pregunto.

—Hostia, Noah. No me digas que estás intentando meterte en las bragas de Indiana Merrick.

—¿Qué? —Me aclaro la garganta y me masajeo la nuca—. Claro que no. Yo…

—Joooooooder —me corta Easton—. Ya lo has hecho. Madre mía, tío. ¿La pequeña Indy Merrick? —Se parte de risa—. Esto me ha alegrado el puto día. ¡La semana entera! Gracias.

—East, no es así.

—¿Ah, no? ¿Entonces cómo es?

—Indy es una chica genial. Una tía estupenda. Es…

—Preciosa —completa mi hermano por mí.

Suelto el aire lentamente, emitiendo un sonido que básicamente confirma que tiene razón.

—¿Por qué te comportas tan raro? Indy es increíble. ¿Cuándo pasó?

—Anoche —respondo sin pensar, arrepintiéndome en el mismo instante en que lo digo.

Este no es precisamente el tema que deberíamos estar tratando en la primera llamada de Easton desde rehabilitación.

—Lo siento. Esto no es importante. Tendríamos que estar hablando de…

—De esto —me interrumpe mi hermano—. En serio, me alivia llamarte y hablar de algo que no tenga que ver con alcohol… o recuperación. Solo conectar otra vez con el mundo y tener una conversación que no profundice en mis sentimientos ocultos o mis detonantes.

Exhalo despacio.

—Vale.

—Entonces ¿te follaste a Indy?

Hago una mueca.

—Nos acostamos juntos.

Easton se ríe.

—Joder, tío. Te gusta.

No digo nada. No quiero confirmar ni negar algo que, en el fondo, es totalmente cierto.

—¿Y? —insiste.

—Y nada. Joder, es la prima de Austin. Es la hija de Jeremiah. Una chica buena, inteligente, completamente fuera de mi liga. No puedo simplemente enrollarme con Indy. Es el tipo de mujer con la que vas con todo… o no vas.

—Pero te acostaste con ella.

—No debería haberlo hecho —gruño, consciente de que enredarla entre mis sábanas y devorarla entera fue una auténtica cagada por mi parte.

Aunque no me arrepienta ni un poco.

—¿Ella te dijo eso? —pregunta mi hermano, claramente escéptico.

—No.

—Entonces ¿por qué coño estás sacando conclusiones?

—Es que… no parece correcto. Ella no es una grupi.

—Por supuesto que no. Pero quizá sí alguien con quien podrías pasar tiempo, salir de manera casual. No hace falta ponerle un anillo en el dedo para que sea algo importante.

Le doy otro trago al café, consciente de que, en cierto modo, mi hermano está planteando algo bastante razonable.

Pero no me parece razonable.

Me parece que salir con Indy implicaría más de lo que puedo dar. Más de lo que soy capaz de ofrecer.

Y es una estupidez, pero no quiero eso para ella.

Quiero algo mejor para ella que… yo.

—No va a pasar, tío. Solo necesito hablar con ella, asegurarme de que estamos bien y en la misma página… y olvidar que anoche ocurrió.

—¿La besaste en público? ¿En la fiesta del equipo? —pregunta Easton, probablemente imaginándose que me estaba comiendo la boca con Indy delante de todos. Igual que he hecho con otras chicas desde que Courtney canceló la boda.

—No, no fue así. Se vino conmigo a casa.

—¿Así, de repente?

Suelto una maldición.

—No estoy explicándolo bien. Anoche el equipo quedó para salir. Claire e Indy aparecieron y Claire… —Hago una mueca, sin querer sacar el tema del alcohol pero sin saber tampoco cómo evitarlo—. Bueno, bebió un poco demasiado. Austin se la llevó a casa y me pidió que vigilara a Indy.

—Dudo mucho que quisiera decir “acuéstate con mi prima” —apunta Easton, aunque el tono divertido de su voz hace que continúe hablando.

—Capullo. Torsten se metió por medio…

—Chupitos —deduce Easton.

—En fin, de camino a su casa hubo un accidente y el tráfico estaba imposible, así que la invité a quedarse aquí. Te juro que no pensaba hacer nada, pero entonces…

—Te la follaste.

—Nos acostamos juntos —corrijo—. Ya se había ido cuando me desperté.

—Uf. Pues me has impresionado.

Easton resopla una risa y yo termino riéndome también.

—No me puedo creer que llevemos tanto rato hablando de un simple polvo.

—No, hablamos tanto porque te gusta, tío.

—No va a pasar —repito.

—Sí, sí, claro. —Se ríe por lo bajo—. Oye, ¿qué tal está Claire?

Frunzo el ceño.

—Bien. ¿Ahora vas a preguntar por Austin?

—Nah. A ese feo todavía voy a seguir viéndolo. Me han autorizado visitas, así que vendrá la semana que viene.

—Pues cuenta conmigo.

—¿Sí?

—Claro, East. Quiero apoyarte en esto. Lo que necesites.

Easton se aclara la garganta.

—Gracias, Noah.

—Son solo once semanas. Aguanta hasta el final. Austin y yo iremos la semana que viene. Comemos juntos.

—Sí… vale —suspira mi hermano, y noto la inseguridad escondida en el sonido.

Está luchando.

Por mucho que diga que ya está bien, Easton pelea contra demasiados demonios. Lucha con todo lo que tiene, pero a veces hay demasiados monstruos para que un solo hombre pueda vencerlos todos.

—Resiste —le digo.

—Tú también, Noah. Y, sinceramente, tío… si sientes algo por Indy, dale una oportunidad.

—Ya veremos —respondo evasivamente—. Luego hablamos, East.

—Adiós, hermano.

La llamada se corta.

Termino el café, me levanto del taburete y me estiro. Aclaro la taza en el fregadero y la dejo junto a la de Indy.

Miro el móvil y veo que ya son las diez. Austin ha respondido a mi mensaje.

Austin

555-9317 ¿Todo bien con Indy?

Noah

Sí, tío. Solo quería saber qué tal estaba.

Austin

***

Noah

Había muchísimo tráfico de camino a su casa anoche, así que se quedó aquí. Ya no estaba cuando me desperté y quería asegurarme de que está bien.

Austin

Ah, vale. Gracias por cuidar de ella y vigilarla. Indy no suele salir de fiesta y no quería dejarla sola.

Una oleada de culpa me atraviesa.

Mierda.

Austin cree que estoy cuidando de Indy. Y lo estoy haciendo… pero el elefante en la habitación cada vez es más enorme.

Noah

No te preocupes. Todo bien. ¿Comida la semana que viene con East?

Austin

Tú di el día.

Cambio el peso de un pie al otro, preguntándome si debería llamar a Indy o simplemente dejarlo estar.

Al final, la curiosidad y las palabras de Easton ganan.

Y le doy a enviar.