5 Indy #2
Me humedezco el labio inferior con la lengua y sus párpados caen ligeramente.
—Tú en realidad no sales con nadie —replico.
Mi voz suena más ronca de lo que jamás la he escuchado.
Noah cierra los ojos y apoya la frente contra la mía.
—No puedo hacer esto contigo, Indy. Esta noche no.
Desliza suavemente la frente contra la mía y yo me pego todavía más a él.
—¿Esta noche o nunca? —pregunto, sin importarme lo desesperada que sueno.
Doy gracias al valor líquido corriendo por mi sangre.
Hace demasiado tiempo —quizá toda mi vida— que no siento un deseo así. Espeso. Ardiente. Recorriéndome las venas como melaza caliente.
Pero tengo la mente completamente clara en una cosa: Noah Scotch podría hacerme sentir algo que jamás he sentido.
Sé con absoluta certeza que sus besos dejarían en ridículo a todos los de Chris. Que su tacto borraría cualquier recuerdo de Jace. Que tener su cuerpo sobre el mío sería el mayor éxtasis de mi vida.
Ahora mismo, achispada y necesitada, lo deseo más que al oxígeno.
Levanto apenas la barbilla, alineando nuestras bocas hasta que casi se rozan.
Nuestros alientos son caricias dulces. Nuestros dedos siguen aferrándose el uno al otro, sujetando el último hilo de control que se deshilacha con cada respiración.
—Joder… —maldice Noah justo antes de sujetarme la cara con una mano enorme y apoderarse de mi boca.
Le devuelvo el beso con hambre y sé que lo pillo desprevenido por la forma automática en que inclina mi cabeza entre sus dedos e intensifica el beso.
Sabe a cerveza y menta.
Huele a piñas y a invierno.
Gimo cuando su lengua baila con la mía y siento cómo su mano se desliza alrededor de mi cintura hasta obligarme a arquear el cuerpo contra el suyo. Le rodeo los hombros con los brazos y entrelazo las manos detrás de su cuello.
Me besa con desesperación, como si creyera que jamás volverá a besarme.
El calor se acumula entre mis piernas y los pezones se me endurecen, desesperados por sentir sus manos. De hecho, siento que todo mi cuerpo vibra de necesidad, necesitado de que los dedos expertos de Noah me den un alivio que hace demasiado tiempo que no experimento.
Un pequeño gemido se me escapa y él maldice entre dientes antes de romper el beso tan rápido como empezó y dar un paso atrás.
Me mira con los ojos descontrolados, el pecho subiendo y bajando con fuerza y las manos cerradas en puños.
Me llevo la mano a la boca, volviendo de golpe a la realidad. A la realidad donde me he lanzado desesperadamente a los brazos del rompecorazones de la NHL, Noah Scotch.
La vergüenza me inunda y mis ojos se desvían hacia la puerta principal, detrás de Noah.
Por el amor de Dios.
Ni siquiera hemos pasado del recibidor.
Hago ademán de moverme hacia la salida, pero Noah gruñe y me quedo congelada.
—Esta noche te quedas aquí —dice con firmeza, sin una pizca de duda en la voz—. Pero no podemos hacer esto, preciosa. —Señala el espacio entre nosotros mientras niega con la cabeza.
Me muerdo la comisura del labio y cruzo los brazos sobre el pecho, casi abrazándome a mí misma.
Mierda. La he cagado.
Me he aprovechado de la amabilidad de Noah. Por cómo me ha mirado toda la noche sé que le parezco atractiva, pero eso no significa que quiera acostarse conmigo. No me parezco en nada a las mujeres con las que suele aparecer. Estoy a años luz de su ex prometida.
La mirada de Noah se suaviza mientras me observa.
Da un paso hacia mí, borrando el espacio entre nosotros, y me rodea con los brazos.
—Nunca entenderás cuánto te deseo ahora mismo. —Su voz sale grave, ronca—. Pero tú mereces más, Indiana. Muchísimo más que yo y muchísimo más de lo que soy capaz de darte. Lo único que puedo ofrecerte es esta noche.
Levanto la vista hacia él y veo cómo le sube y le baja la nuez al tragar saliva.
Su voz es sincera. Sé que cree de verdad cada palabra que está diciendo.
El problema es que sus palabras no me molestan.
No son el problema.
Jace me enseñó hace tiempo que no debía atar mi estrella a la de un jugador de hockey. La mía puede brillar sola.
Pero ahora mismo quiero a Noah.
Quiero lo salvaje. Lo despreocupado. La emoción de vivir el momento que me he negado a mí misma durante demasiado tiempo. Tengo suficiente historia con Noah para saber que es un buen hombre… y una experiencia increíble.
Así que abro la boca y digo:
—¿Y si esta noche es todo lo que quiero?
Él maldice otra vez y el fuego que arde en sus ojos me prende también por dentro.
Le agarro la camiseta por delante, tiro de él hacia mí y lo beso con fuerza hasta que sus labios se moldean a los míos y me levanta en brazos para subir conmigo las escaleras hasta su dormitorio.
Me lanza sobre el centro de la cama y yo ya estoy quitándome el vestido mientras él se arranca el jersey por la cabeza a toda velocidad.
Después desaparecen sus pantalones y me echo a reír.
¿Me estoy riendo?
Sí. Porque el momento es divertido, emocionante y rebosa expectativas sexys y absolutamente nada más.
¿Era esto lo que me estaba perdiendo?
Podría darme una bofetada por haber renunciado a noches como esta durante toda la universidad.
Noah cae sobre mí con una sonrisa juguetona.
—¿Estás segura de esto, pequeña Indy?
Me tumbo y engancho los tacones alrededor de su espalda para atraerlo más cerca.
Entre el valor líquido del tequila, la mirada incendiaria de Noah y la dulce promesa de vivir el momento, asiento.
—Preparadísima, Scotch. Dame lo mejor que tengas.
Él se ríe por lo bajo, aunque sus ojos siguen ardiendo.
—Te lo prometo, preciosa.
Entonces inclina la cabeza, me besa con fuerza y me prende fuego como el final de unos fuegos artificiales en el Cuatro de Julio.