3 Indy
cCN
TRES
INDY
Noah Scotch.
En el segundo en que nuestras miradas chocan, se me olvida cómo respirar.
Recuerdo perfectamente al chico encantador de mandíbula marcada y ojos color chocolate oscuro de mis años de adolescencia.
Por aquel entonces, Noah me parecía tan fuera de mi alcance que era como si ni siquiera viviéramos en la misma galaxia.
La primera vez que lo conocí en casa de mis tíos, me pasé toda la cena sonrojándome y trabándome al hablar.
Noah estaba sentado a mi lado y, cuando alargó la mano para coger el parmesano rallado, su codo rozó todo mi brazo, haciéndome estremecer de pies a cabeza.
Fue el primer chico por el que sentí un flechazo de verdad.
Claro que era algo inocente, inofensivo.
Más adelante, ese mismo año, conocí a Jace y el resto del mundo desapareció mientras me enamoraba de él.
Pero ahora, aquí, con Noah mirándome como si de verdad le interesara escucharme hablar de mi carrera, todos esos recuerdos deliciosos vuelven a la superficie.
—¿Puedo preguntarte una cosa? —dice después de que llevemos hablando tranquilamente unos quince minutos.
A estas alturas, mis primas ya han aparecido y desaparecido varias veces.
Por suerte, Austin ha cedido a las exigencias de Claire y nos ha dejado quedarnos, aunque lleva toda la noche vigilando a mi prima maquiavélica como un halcón mientras ella se pasea riéndose y coqueteando con todos los jugadores de hockey.
—Claro —respondo con cautela.
Se pasa una mano por la mandíbula y sigo el movimiento con la mirada, preguntándome durante una décima de segundo qué se sentiría al notar sus dedos recorriéndome la mejilla… deslizándose después por la columna de mi cuello.
Se aclara la garganta y doy un pequeño respingo, devolviendo la mirada a la suya. Entonces me doy cuenta de que está pensando cómo formular la pregunta.
—Suéltalo ya —le digo con una sonrisa.
Se ríe por lo bajo, nervioso. Avanza medio paso hacia mí e inclina ligeramente la cabeza. Aspiro su olor. Fresco, como piñas y aire de montaña. Se me hace la boca agua.
—¿Cómo consigues equilibrarlo todo? El compromiso con tu carrera, tu vida social, las citas… No sé, me lo pregunto porque yo creía que lo llevaba bastante bien y ahora… —Deja la frase en el aire mientras niega con la cabeza.
Un leve rubor le tiñe las mejillas y captar su vergüenza hace que me enternezca todavía más con él.
Levanto un poco la barbilla para mirarlo a los ojos, sorprendida por su pregunta. No sabía qué iba a preguntarme, pero desde luego no esperaba algo así. Acabamos de pasar de una conversación cómoda y superficial a algo mucho más profundo.
Recuerdo los titulares y las historias en redes sociales sobre Noah este verano. Su prometida, Courtney, le puso los cuernos con un abogado o un ingeniero o algo así.
Doy un paso más hacia él, como si una cuerda invisible tirara de mí. Una impregnada de dolor y vulnerabilidad. Una que busca comprensión y consuelo.
Su sinceridad despierta la mía, aunque admitirlo en voz alta me escueza.
—No lo hago.
Noah frunce el ceño, confundido por mi respuesta.
Me aclaro la garganta.
—No equilibro nada. Toda mi vida gira alrededor del trabajo y de mi investigación. Punto. Claire me ha arrastrado aquí esta noche gracias a su fuerza de voluntad… y a su increíble capacidad para hacerme sentir culpable.
La comisura de su boca se eleva un poco, aunque sus ojos siguen serios, incrédulos.
—Yo igual. Bueno, hasta Courtney, quiero decir… Estaba obsesionado con el hockey.
Doy un trago largo a mi bebida.
—Así es más fácil.
—Más seguro —coincide él mientras hace tintinear el hielo de su vaso.
Nos quedamos mirándonos durante unos segundos eternos, compartiendo algún tipo de entendimiento silencioso.
—Siento lo de Courtney.
Se encoge de hombros y dirige la mirada hacia la multitud.
—Yo no.
Alzo una ceja, sorprendida.
—A ver, no me malinterpretes. Me destroza cómo ocurrió todo. Pero no me arrepiento. Prefiero mil veces haber entendido cuáles eran sus expectativas y que ella se diera cuenta del tipo de vida y de futuro que quería antes de casarnos… y no después, con varios hijos de por medio.
La idea de Noah como padre hace que me duela el pecho.
Dios mío.
Claire tenía razón. Necesito una vida.
Aun así, admiro lo racional que suena y se lo digo.
Él resopla mientras termina su copa.
—Puedo decirlo ahora, seis meses después. Justo al principio… —Hace una pausa y algo oscuro cruza sus ojos—. Digamos que «impresionante» no sería precisamente la palabra que usarías para describirme.
Abro la boca para decir algo reconfortante cuando Austin aparece y me rodea los hombros con un brazo. Me arrastra hacia un grupo de hombres cuyos nombres conozco por SportsCenter, aunque nunca los había visto en persona.
—Te mudaste justo cuando terminó la temporada y cada uno se fue por su lado. Déjame presentarte al equipo, Indy.
Levanto una ceja y miro a Austin.
—Solo para que sepan que más les vale no intentar ligar contigo —aclara, dejando claras sus intenciones.
Echo la cabeza hacia atrás y me río. Noah también se ríe, pero la expresión de Austin sigue siendo completamente seria.
Mi primo me conduce hacia los demás, pero antes miro por encima del hombro hacia Noah, que sigue apoyado en la barandilla. Tiene una mano aferrada al metal y gira la cabeza en mi dirección.
Su expresión resulta divertida, con una pequeña sonrisa jugando en sus labios.
Pero sus ojos…
Sus ojos arden con intensidad cuando se clavan en los míos.
Siguen cada uno de mis movimientos con una intensidad para la que no estoy preparada y un escalofrío me recorre la espalda. La mirada de Noah me mantiene cautiva. Es intensa, embriagadora, hambrienta… este Noah me descoloca todavía más que el chico del que que quedé prendida años atrás.
—¡Easton ha vuelto a rehabilitación! —me susurra Claire con urgencia.
Estamos medio escondidas junto a un lateral de la barra mientras los compañeros de Austin socializan y tontean alrededor nuestro.
Bueno, «socializar» es una forma muy elegante de decirlo.
Varios de los jugadores tienen las manos recorriendo las curvas de mujeres espectaculares sin el menor pudor. Tocan libremente, como si nada. Algunas chicas están sentadas sobre sus piernas, con vestidos más ajustados que una segunda piel y maquillajes impecables.
No puedo apartar la vista.
He pasado los últimos años encerrada en bibliotecas, rodeada de chicos con rebecas y chicas con gorras de béisbol para disimular su pelo rebelde. O los días de pelo graso.
Las mujeres que tengo delante parecen incapaces de tener un mal día de ningún tipo. Son hipnóticas.
Los jugadores también lo piensan. Y una sensación extraña me atraviesa el pecho.
No me extraña que lo mío con Jace no funcionara.
Yo jamás podría parecerme a una de estas chicas sin un equipo entero dedicado exclusivamente a mejorar mi aspecto, en plan Sandra Bullock en Miss Agente Especial.
—¡Indy! ¿Me estás escuchando?
Claire me sacude de la mano con los ojos vidriosos. Da un traspié y la sujeto del brazo antes de que se tambalee sobre los tacones.
Hago una mueca al pensar en el mejor amigo de Austin y el crush número uno de Claire.
Easton Scotch pertenece a una categoría aparte.
Salvaje, impulsivo, un auténtico huracán dentro y fuera del hielo.
El chico malo personificado, siempre metido en algún lío.
Ahora reconozco lo que eran todas aquellas conductas adolescentes: un hombre intentando escapar de sus demonios.
Pero años atrás me parecía desesperantemente imprudente e irresponsable.
Aun así, me duele el pecho por él. Y por Noah, sabiendo lo unidos que están como hermanos. Y también por Claire, que sigue preocupándose por East incluso mientras se lanza de cabeza a coquetear con otros hombres.
—Te he oído. Lo siento, Claire —digo mientras observo a mi prima.
Por cada copa que yo me he tomado, ella ha bebido tres.
Frunzo el ceño al darme cuenta de que está bastante borracha.
Las lágrimas le brillan en las comisuras de los ojos mientras niega con la cabeza.
—¿Qué crees que lo desencadenó? ¿Cómo crees que estará?
La empujo suavemente hacia el rincón y miro alrededor para asegurarme de que Austin no nos ha visto. Si descubre que Claire va borracha y casi llorando, nos sacará de Firefly inmediatamente y mañana ella se morirá de vergüenza por partida doble.
—No lo sé, Claire. Pero lo importante es que está intentando recuperarse. La rehabilitación no es algo malo. Es un paso hacia ponerse bien.
Aprieta los ojos con fuerza y la máscara negra empieza a corrérsele por debajo de las pestañas y sobre el hueso de la ceja.
Jesús.
Cojo una servilleta de la barra e intento arreglarle el maquillaje mientras le hago callar.
—Claire, Austin va a sacarnos de aquí arrastrando si no te recompones.
—Oh. Dios. Mío. —Deja caer la cabeza sobre mi hombro, balanceándose—. ¿Crees que Austin lo sabe?
—¿Saber qué? —pregunta Austin apareciendo a nuestro lado con expresión asesina.
—Claire ha bebido un poco de más. Estamos teniendo un momento. —Sonrío, intentando quitarle importancia al estado etílico de mi prima.
Austin masculla algo por lo bajo mientras mira por encima del hombro. Un segundo después aparece Noah.
—Voy a llevarme a las chicas a casa.
Claire niega con fuerza y agarra la tela de mi vestido.
—No. Queremos quedarnos.
—Apenas puedes mantenerte en pie —le espeta Austin.
Ella levanta la vista con los ojos nublados y el maquillaje corrido.
—Deja que Indy se quede. Nunca sale. Se le va a cerrar la vagina si no consigue una buena po—
—Deja de hablar —ordena Austin.
Hostia puta.
Voy a matar a Claire.
Bajo la cabeza de golpe, consciente de que debo de estar roja desde el pecho hasta las puntas de las orejas. No puedo creerme que la Claire borracha me haya dejado en evidencia de esta manera.
Aunque tampoco puedo negarlo.
Siete meses son… siete meses.
La piel vuelve a arderme de vergüenza.
Entre el murmullo de las conversaciones y el latido lejano de la música de la pista, escucho a Noah y Austin intercambiar unas palabras.
Al instante siguiente, Austin le quita a Claire de encima y la sostiene mientras ella se tambalea. Luego me mira.
—¿Quieres quedarte, Indy?
No después de la declaración pública de Claire. Ahora mismo me gustaría que el suelo se abriera y me tragara hasta el núcleo de la Tierra durante los próximos cien años.
Abro la boca para responder cuando Noah dice:
—Me aseguraré de que llegues a casa.
Cierro la boca de golpe.
Miro alrededor del reservado en el que estamos: las mujeres impresionantes, los hombres escandalosamente atractivos y musculados, el lujo exagerado del club.
Estoy completamente fuera de lugar.
Muy, muy fuera de mi zona de confort.
Debería irme. Volver a mi apartamento, a mi sillón de lectura, servirme una copa de vino y perderme en Sapiens: De animales a dioses de Yuval Noah Harari.
Claire me pellizca, recordándome que estoy intentando cambiar. Empezar una nueva etapa.
Ahora.
—Claro —me oigo decir, todavía sorprendida de estar aceptando esto.
Austin le lanza una mirada a Noah.
—Vigílala.
—Por supuesto, tío —responde él, dedicándome una sonrisa—. Te prometo que te lo pasarás bien, Indy.
—Seguro que sí —murmura Claire.
Austin niega con la cabeza mientras se la lleva hacia la salida. Después me señala.
—Llámame si necesitas algo.
—Estaré bien, Aus. —Le hago un gesto para quitarle importancia.
Aunque no crecí pasando muchísimo tiempo con Austin, siempre me ha protegido como si fuera su tercera hermana. Igual que Aiden.
La idea me calienta el pecho, llenando un poquito ese vacío de hija única.
Noah da un paso hacia mí y apoya los dedos en la parte baja de mi espalda. Inclina la cabeza.
—¿Quieres otra copa?
Asiento.
Me guía hacia la parte delantera de la barra.
—Podemos irnos cuando quieras.
—Ah, no tienes por qué quedarte si tienes… —hago una pausa mirando alrededor del reservado— planes.
Noah se ríe entre dientes mientras sigue la dirección de mi mirada.
—No lo decía por eso. Es solo que Austin me ha dicho que este ambiente no va mucho contigo. Así que, cuando quieras dar la noche por terminada, me lo dices.
Resoplo y me aparto un poco para mirarlo.
—¿Qué pasa? ¿Ahora vas a decirme que este tampoco es tu ambiente?
Un gesto avergonzado le cruza la cara mientras hace señas a un camarero.
—No. Últimamente este ambiente es demasiado lo mío.
Me ruborizo al captar el significado escondido tras sus palabras y pido otro vodka con soda.
Noah se apoya contra la barra a mi lado, descansando la parte baja de la espalda sobre ella. Cruza los brazos sobre el pecho y sus bíceps se tensan bajo la camiseta.
¿Cómo consiguen algunos hombres que algo tan casual resulte tan tentador?
Tamborileo con los dedos sobre la barra, estrujándome el cerebro para pensar en algo inteligente que decir mientras Noah me observa.
El camarero deja mi bebida delante de mí.
—Gracias —murmuro, agarrando el vaso, agradecida de tener algo que hacer con las manos.
—Eres la mujer más interesante de todo este sitio, Indy —dice Noah después de unos segundos.
Me echo ligeramente hacia atrás, sorprendida, preguntándome si se está riendo de mí.
Pero cuando levanto la vista hacia él, sus ojos son negros como la medianoche. Intensos. Intimidantes.
Doy un largo trago a mi vodka con soda, necesitando el valor líquido para seguir interactuando con él.
Sobre todo porque me alegro muchísimo de haber decidido quedarme.