Capítulo 20 #4
Los ojos del señor Spurnrose se abrieron de par en par, como si la seguridad de ella lo hubiera sorprendido. Dio medio paso adelante, pero retrocedió de inmediato cuando Flit le gruñó a modo de advertencia.
—¿Entonces puede ayudarlo? —preguntó, aún con voz atónita.
Melissa sonrió. —Por supuesto que puedo.
Pensó en su padre y en cómo había intentado durante años y años que la escuchara sobre su propia salud, sobre las úlceras estomacales que fueron empeorando poco a poco hasta que acabó vomitando sangre y bilis, incapaz de retener nada.
Después de cada episodio, él la escuchaba durante unas semanas, solo para recaer en los viejos hábitos.
Luego llegaron los ataques al corazón y acabaron con él.
No podía soportar la idea de que eso le sucediera a alguien tan joven como lord Spurnrose, aunque sospechaba que tardaría años en llegar a ese punto, igual que su padre.
La pérdida de su madre había hecho que los hábitos de él empeoraran con los años; el dolor se había convertido en un consumo excesivo de comida, alcohol e incluso sustancias ilícitas que Melissa no podía aprobar bajo ningún concepto.
—¿Y lo hará? —preguntó el señor Spurnrose, casi como si percibiera su vacilación.
A Melissa se le cortó la respiración y todo su cuerpo volvió a tensarse.
Pensó en decir que no. ¿Cómo podía ayudar a alguien que no era capaz de decirle la verdad?
¿Cómo podía ayudarlo cuando él daba por hecho que iba a morir y aun así se permitía acercarse a ella?
Peor aún, si hubiera tenido consunción, ¡bien podría habérsela contagiado!
Y sin embargo, había algo de lo que estaba segura.
—Señor Spurnrose, soy sanadora. Si no lo intentara, no estaría siendo fiel a mi vocación.
«Se trata de mi reputación profesional, nada más», se dijo con firmeza. Podía ayudar a lord Spurnrose sin que la cosa se volviera personal. Quizá, si lo hacía, los médicos de Londres empezarían a tomarla más en serio. Solo pensarlo la hizo bufar. No podía concederles tanto mérito.
—¿Entonces vendrá conmigo ahora mismo? —sugirió el señor Spurnrose, haciendo además de marcharse.
Ante la sugerencia, Melissa se quedó rígida.
La idea de volver a ver a lord Spurnrose la dejó paralizada.
Si estaba en lo cierto con su diagnóstico, no tenía motivo alguno para verlo de nuevo.
Podía simplemente enviar al señor Spurnrose con las instrucciones adecuadas y las medicinas.
Quizá esa fuera una opción mucho mejor que llevarle todo eso a lord Spurnrose en persona.
Con solo cerrar los ojos un segundo, podía imaginar con demasiada claridad lo que podría suceder si se encontraba a solas con el vizconde de nuevo.
Imaginar el roce de su mano la hizo estremecerse, y el miedo se apoderó de ella al darse cuenta de que no deseaba detenerlo.
Solo pensarlo ya era bastante malo. Temía imaginar cómo se sentiría después si le permitía hacer con ella lo que quisiera.
Por supuesto, probablemente sería maravilloso al principio, pero luego conocería la verdad: que se había permitido acercarse demasiado y con demasiada facilidad, igual que había permitido que su esposo lo hiciera antes, y lo había perdido sin previo aviso.
No, era mejor quedarse en casa, sola, y concentrarse en su investigación y sus estudios, y en todas las formas que se le ocurrieran de marcar la diferencia en su pequeño rincón del mundo.
—Señor Spurnrose, soy una mujer muy ocupada —dijo, negando con la cabeza—. Y tengo a muchísimas personas que ayudar. Su primo no ha sido franco al pedirme ayuda, así que no puedo dar por sentado que siquiera la quiera.
El señor Spurnrose parecía a punto de protestar.
De hecho, parecía bastante enfadado porque ella hubiera rechazado su sugerencia de ir a ver a su primo de inmediato.
Pero antes de que pudiera decir algo hiriente, Melissa añadió: —Aunque con mucho gusto le escribiré una lista de instrucciones y le proporcionaré todas las medicinas que necesitará para tratar usted mismo la dolencia de lord Spurnrose.
—Pero yo... —protestó el señor Spurnrose, pero Melissa ya se había dado la vuelta y se dirigía a su estudio para hacer precisamente eso.
—No me llevará ni cinco minutos escribirlo todo, y creo que ya tengo algo de tónico preparado —dijo por encima del hombro—. Debería empezar a hacer efecto bastante rápido si lord Spurnrose sigue los cambios de hábitos que le sugeriré en mis instrucciones.
Los pasos apresurados tras ella le indicaron a Melissa que el señor Spurnrose la seguía, pero se detuvieron de golpe cuando Flit volvió a gruñir. Una mirada le bastó para ver que el spaniel le había cortado el paso al caballero, y tuvo que contener la risa.
—No tardaré ni un momento, señor Spurnrose —le aseguró, cruzando una mirada con él apenas un segundo antes de desaparecer en el estudio.
Era lo mejor. Tenía que serlo. De lo contrario, podría dejar que lord Spurnrose se acercara demasiado. ¿Y si se equivocaba con el diagnóstico? No podía soportar la idea de perderlo a él también.