El Eco de San Petersburgo (Imperios de Ceniza 2) CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

El Contragolpe

El aire denso dentro de la habitación del pánico se impregnó del calor de sus cuerpos y del aroma a pólvora y lluvia que aún emanaba de la chaqueta de Ares.

La desesperación del ataque exterior se disolvió bajo el peso de un deseo implacable, donde cada caricia y cada beso se sentían como una reclamación de propiedad y supervivencia.

Ares la sostuvo contra la mesa metálica central, sus dedos hundiéndose en la cintura de Elena mientras sus labios descendían con urgencia por su cuello.

—No hay marcha atrás, Elena —murmuró él contra su piel, con la voz áspera por la pasión y la adrenalina—. Si nos unimos en esto, destruiremos a Viktor juntos o caeremos juntos.

—Nunca quise una salida de emergencia, Ares —respondió ella, mirándolo directamente a los ojos con una ferocidad que rivalizaba con la de él—. Haz que pague por lo que hizo.

Una hora más tarde, las luces verdes de los sistemas de seguridad se encendieron en el panel principal. La unidad de refuerzos leal a Ares había rodeado la residencia y exterminado a la fuerza de asalto de Viktor.

La puerta de acero se descorrió con un silbido neumático. Ares y Elena salieron juntos a la biblioteca, convertida ahora en una ruina de cristales rotos, casquillos de bala y paredes marcadas por los impactos.

Uno de los capitanes se aproximó, ajustándose el chaleco táctico.

—Señor, los mercenarios supervivientes están bajo custodia en el patio. Viktor no estaba entre ellos; se retiró hacia el complejo de la antigua destilería en el río Nevá cuando vio que los refuerzos bloqueaban la salida.

—Sabe que su jugada fracasó —dijo Elena, colocándose al lado de Ares—. Ahora que cree que estamos atrapados o muertos, intentará liquidar los activos de los calabozos de Nevá y huir a Finlandia.

—No llegará al río —dijo Ares, con los ojos brillando con un cálculo frío—. Irina sale esta noche de esas celdas, y Viktor pagará por cada hora que la mantuvo encerrada.

—Usaremos la misma distracción que él intentó usar —propuso Elena, tomando la laptop militar sobre la mesa destrozada—.

Enviaremos una señal encriptada haciendo parecer que las autoridades suizas han congelado las cuentas de la familia Vance.

Viktor pensará que estás acorralado financieramente y moverá a su guardia personal al centro de transacciones.

—Y cuando concentre a sus hombres en el banco central del puerto —concluyó Ares, con una sonrisa sombría cargada de orgullo—, nosotros entraremos en los calabozos por el canal subterráneo con el equipo de asalto.