El Eco de San Petersburgo (Imperios de Ceniza 2) CAPÍTULO 9
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CAPÍTULO 9

La Sombría Lealtad de Kirill

La luz fría de la mañana atravesaba las persianas metálicas del centro de mando de la Bratvá, proyectando líneas sombrías sobre las paredes de hormigón. Sobre la mesa central, varios monitores mostraban imágenes satelitales y esquemas topográficos de San Petersburgo.

Elena se mantenía un paso por detrás de Ares, observando cómo los capitanes de la organización intercambiaban susurros tensos. El ambiente estaba cargado de una electricidad peligrosa; la guerra abierta contra la facción de Viktor era inminente.

—No está en sus residencias habituales —dijo Kirill, con la mirada clavada en los informes de inteligencia—. Los hombres de Viktor movieron a Irina anoche. La tienen retenida en los antiguos depósitos subterráneos bajo el Teatro Imperial.

—¿Irina? —repitió Elena, buscando el nombre en su memoria—. La detective Cruz mencionó ese nombre en los archivos que compartió esta mañana. No sabía que tuvieras una hermana, Kirill.

—Media hermana. —Kirill no apartó la vista del mapa, aunque la tensión en su mandíbula se volvió visible—.

Por parte de mi madre, de antes de que conociera a Konstantin Volkov.

Irina no lleva nuestro apellido, no tiene ni una gota de sangre Volkov en las venas, y precisamente por eso Viktor la ha elegido a ella.

Sabe que si secuestrara a Katia, estaría declarando una guerra dinástica directa que uniría a toda la vieja guardia contra él.

Pero Irina... Irina es solo mi debilidad personal.

Nadie en el consejo mueve un dedo por ella. Solo yo.

Ares observó el mapa de la red de túneles con expresión calculadora.

—Un movimiento inteligente por parte de Viktor —comentó en un siseo frío—.

El teatro es un edificio público concurrido; sabe que no podemos asaltarlo con artillería sin llamar la atención de las autoridades internacionales.

Pretende usar a la hermana de Kirill como escudo en pleno centro de la ciudad.

—¿Entonces cuál es el plan? —preguntó Elena.

—Aprovecharemos la gala benéfica de la próxima semana —respondió Ares—. Viktor estará en el palco de honor presumiendo de su posición. Mientras tú estés en el escenario distrayendo a toda su seguridad con el piano, Kirill y yo entraremos por los viejos pasadizos del subsuelo para sacar a Irina.

—Esa red de pasadizos conecta los antiguos depósitos del río Nevá directamente con el foso de la orquesta —añadió Kirill—. Si Elena mantiene la atención de los hombres de Viktor en la sala principal, tendremos una ventana de quince minutos antes de que noten nuestra presencia abajo.

—Es un riesgo enorme para Elena —advirtió uno de los capitanes al fondo de la sala.

Ares se giró lentamente hacia él, marcando una distancia helada con la mirada.

—Nadie tocará a Elena —afirmó con contundencia—. Ella estará escoltada hasta el último segundo antes de subir al escenario. Viktor cree que estamos acorralados y buscando una confrontación directa en las calles. No esperará que usemos la música como cobertura.

Elena miró el plano del escenario y luego a Kirill, que seguía con los ojos fijos en el punto exacto del mapa donde una cruz roja marcaba los calabozos del teatro.

—La vamos a recuperar, Kirill —dijo Elena, con una firmeza que sorprendió incluso a Ares—. Y cuando esto termine, quiero que le presentes a tu hermana a la mujer que ha estado revisando cada informe de inteligencia sobre este caso con más dedicación que cualquiera de tus capitanes.

Kirill levantó la vista, sorprendido, y por un instante algo parecido a la vergüenza cruzó su rostro.

Ares arqueó una ceja hacia su hermano, pero no dijo nada; se limitó a guardar la observación para más tarde, con la paciencia de quien sabe reconocer en otro exactamente los mismos síntomas que él mismo había padecido no hacía tanto tiempo.

—Lo haré —dijo Elena, dando un paso al frente—. Tocaré el tiempo que haga falta para darles el margen que necesitan.

Ares asintió en silencio, sellando el plan. La estrategia para la gala del Teatro Imperial estaba trazada; solo quedaba preparar el terreno antes de que cayera la noche.