EL CAMINO DE LA INCERTIDUMBRE
"Necoclí no era el final del camino. Era la puerta de entrada al infierno llamado la selva del Darién."
Cuando finalmente llegué a Ecuador, todavía estaba amaneciendo. El frío me recibió apenas bajé del vehículo. Después de tantos días soportando el calor del Amazonas, aquel cambio de temperatura volvió a recordarme que cada país tenía paisajes diferentes y una nueva prueba esperándome.
Como había ocurrido en cada etapa de mi viaje, al llegar había un guía esperándome. Sin decir muchas palabras, me llevó directamente a un hotel. Allí permanecí durante tres días.
No podía salir.
Tenía que permanecer escondida para evitar a la policía.
Aquellas cuatro paredes se convirtieron en mi único refugio.
Aunque por primera vez en mucho tiempo pude dormir en una cama, comer con tranquilidad y recuperar un poco las fuerzas, nunca dejé de sentir miedo.
Dormía pensando que, en cualquier momento, alguien podía entrar a robarme, quitarme el dinero o acabar con el poco futuro que todavía llevaba conmigo.
Mi cuerpo necesitaba aquel descanso, aunque sabía que la siguiente etapa sería aún más dif ícil.Al tercer día llegó el momento de continuar.
Me recogieron en un automóvil y viajamos durante horas por carretera. Miraba el paisaje pasar por la ventana mientras intentaba adivinar hacia dónde nos dirigíamos. Ya había aprendido que, en este tipo de viaje, hacer preguntas casi nunca servía de nada.
Al caer la noche llegamos a un lugar completamente oscuro.
Allí me hicieron subir rápidamente a un autobús, siempre a escondidas y sin llamar la atención.Fue entonces cuando comenzó a invadirme una duda que todavía hoy me acompaña.No entendía nada.
Yo ya había estado en Colombia días antes.
Había llegado allí desde Brasil por el río Amazonas y luego me habían llevado hacia Bolivia, Perú y Ecuador.
¿Por qué estaba regresando otra vez a Colombia?
Hasta el día de hoy no conozco la respuesta.
Muchas veces me he preguntado si aquel recorrido era realmente el camino más seguro o si simplemente nos hicieron dar una vuelta más larga para cobrar más dinero. Nunca obtuve una explicación. Tal vez jamás la tendré.
Lo único cierto es que seguí adelante, porque cuando estás en medio de una travesía como esa aprendes que no siempre tienes el privilegio de entender lo que ocurre.
Solo puedes confiar y continuar.Aquel viaje en autobús fue uno de los más largos y agotadores de toda mi vida.
Durante casi treinta horas atravesamos Colombia por carreteras interminables. Pasamos por Bogotá, Cali, Medellín y, finalmente, llegamos a Necoclí.
Fueron casi dos días sin comer y sin siquiera tomar agua. El cansancio era insoportable. Mi cuerpo apenas respondía. Cada kilómetro parecía eterno y el asiento del autobús se había convertido en una prisión de la que no podía escapar.
Cuando por fin llegué a Necoclí, apenas podía mantenerme de pie.Estaba completamente agotada.Sin fuerzas.Con la boca seca.Con el cuerpo temblando por el desgaste.Creo que estaba deshidratada, aunque en ese momento ni siquiera tenía energías para pensar en ello.Solo quería descansar.Pero el destino tenía preparado algo muy diferente.
Sin saberlo, acababa de llegar al lugar donde comenzaría la etapa más dura de toda mi vida.Necoclí no era el final del camino.
Era la puerta de entrada al infierno llamado la selva del Darién.