35. Hortensia
Demasiados cambios en martes. Quién sabe por qué liberaron hoy a las seis chamacas del edificio G si los del consejo se juntan los miércoles. Según mamá Lupe, las agarraron de chivo expiatorio, se armó un escándalo y las soltaron en chinga.
Así le hacen, se aprovechan de las más calladas. En el hospital General acusaron a dos compañeras de contaminar unas botellas de suero. La verdad, venían mal desde el laboratorio, solo que las farmacéuticas pueden más que todas las enfermeras juntas.
Entre las seis chamacas han de haber dejado un altero de cosas, de seguro ya se repartieron hasta los calzones.
Es difícil conseguir ropa interior; una se las arregla con dos pants , pero ponerse los calzones mojados es una chingadera, y ni madres me los quedo sucios.
Peor cuando toca el periodo, también escasean las toallas íntimas y ahí anda una sufriendo.
Deberían regalarlas con unas tabletas de Encontropina para el cólico. A puro té sin piquete está cabrón.
Estamos de mironas, salivando por salir y ni el olor a barbacoa de la parada Ermita Iztapalapa nos llega.
Para evitar este argüende, entregan las libertades en la noche, a veces a las dos, tres de la madrugada; como si fuera seguro andar a esas horas en la calle.
Les da igual. En cambio estas chamacas se van con sol y aplausos.
Apenas las conocía y me caen mal, me recuerdan que me voy a morir encerrada, aquí o en otro penal.
De perdida me siento en mi ciudad, estaría peor en otro estado.
La esposa de un contador de La Familia Michoacana acabó en el CP2 de Querétaro.
Les valió madres que ella estuviera fuera del negocio y que los hijos vivieran en la capital; dejaron a los chamacos sin papá, sin mamá y sin poder visitarlos.
A mí las visitas me dan igual. La única que he tenido fue la Márgara.
Solo me gusta saber dónde estoy y ubicarme.
Luego llegan noticias, que si abrieron un boquete en un banco sobre Venustiano Carranza, me figuro los puestos de fundas y cargadores, los edificios viejos de dos pisos; que si hay fiesta el día de la enfermera en el General, me figuro el piso blanco, la recepción azul con las letras doradas.
Si aparece un viejo en Guadalajara después de siete años, pues no sé dónde anduvo.
Ya fue demasiado presumirnos a las liberadas.
¡Pueden ir al mar! Me gustaría conocerlo.
El borracho se fue una semana con el compadre que bautizó a Patricia.
Nos dejó a todas, a mi mamá por inútil, a mí por meona y a mis hermanas con el pretexto de la escuela.
Seguro se fue a tomar y de viejas. Desde entonces me imaginé las olas en la playa, los caracoles ermitaños.
Pedí con ganas que al borracho lo picara una mantarraya y le jodiera el viaje.
Regresó asoleado y tan campante a presumirnos unas postales de un barco y otra de una fila de palapas de hojas de palma.
Me dio por entrar al concurso El Niño y la Mar; dibujé los caracoles ermitaños en las palapas, con lentes oscuros, y al borracho enano, pidiendo que no lo pisaran.
Nunca supe nada, alguien más ganó y me dio hueva volver a pintar monitos al otro año.
Soy mala para el dibujo, en cambio mis flores de migajón sí quedan chidas.
Los geranios parecen de verdad y con las macetas que me va a traer la maestra, los voy a vender más caros.
—Bueno, Lupe, se acabó el show , ya vamos.
—Es la primera vez que tienes prisa, Tencha. Se me hace que te agarró envidia o añoranza de la calle.
—¡Las dos! A ti también, ni te hagas la fuerte. Y mira que entre mis defectos no cuento la envidia. Es jodido andar atrás de todo.
—Dicen que de ahí salen los peores males.
— Estaríamos acá por envidiosas. No, no creo.
—¿Tú por qué, Tencha?
—Tus preguntas están peor que las del MP.
—Yo, por cuidar a mis chamacos.
—Yo, por corajuda; me cagan las viejas que se creen víctimas.
—Es bueno saber el porqué; o eso dice la doctora de las pláticas de los viernes. Vente conmigo a la próxima.
—Yo sola ya pienso mucho como para que me den cuerda. Paso. Mejor me cuentas qué aprendes.
Me cansé por quedarme al sol a sentir añoranza de la calle, como dice mamá Lupe. Eso suena horrible. Añoranza… qué palabra… es del conjunto de amor, alma, perdón y todas esas cosas invisibles y muy mentadas, pero escasas.